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    Hermenéutica Geopolítica (139)
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    En plena pandemia del COVID-19 surgió una inédita 'guerra farmacológica' entre EEUU y China.

    De las 10 principales empresas globales del nuevo Big Pharma —que ostentan ingresos por valor de 573.431,9 dólares— escalaron dos empresas chinas China Resources, (¡primer lugar!), y Sinopharm (cuarto) frente a tres de EEUU: Johnson&Johnson (segunda), Pfizer (quinta) y Merck (octava).

    Hace 11 años cuando abordé el Big Pharma como el poder farmacológico de EEUU en el mundo, no aparecía ninguna empresa china en los óptimos sitiales, frente al apabullante número de trasnacionales farmacéuticas, cuando, de 12 'occidentales', EEUU detentaba un oligopolio de siete, Gran Bretaña dos, Suiza dos, y Francia una.

    En 2009 aduje que "con o sin el brote súbito de infecciones inéditas, el siglo XXI estaba destinado a ser eminentemente biológico, donde la inmunidad, la genética, la bioquímica y la virología jugarán un rol determinante y cuando el armamentario farmacológico será de carácter estratégico, por lo que aquellos países que dispongan de la sapiencia nanobiotecnológica [un feudo de EEUU, guste o disguste] tendrán un gran avance y quizá dispongan hasta del control del género humano voluntaria o involuntariamente".

    Y agregué tristemente: "Aquí resalta la inmensa vulnerabilidad del BRIC [Brasil, Rusia, India y China], ya no se diga de Latinoamérica y el mundo islámico, que han descuidado el rubro farmacológico tan relevante".

    Con un enfoque de "participación de mercado [market share]", en 2018, el "mercado farmacológico global" alcanzó casi un billón de dólares (trillón anglosajón) donde no aparecía ninguna empresa china y que colocaban al Big Pharma, de control prácticamente anglosajón, entre los cinco principales ingresos del planeta, después de los hidrocarburos, los estupefacientes, la venta de armas y la trata de personas.

    Sin el COVID-19 en el horizonte, era evidente la irrupción súbita de las empresas farmacológicas chinas cuando —ahora con la pandemia desatada en EEUU, mientras ha sido yugulada en China—,se ha desencadenado una guerra multidimensional entre las dos superpotencias geoeconómicas cuya relación se ha deteriorado a los más bajos niveles previos al coqueteo a inicios de la década de 1970 de la dupla Nixon y Kissinger para establecer relaciones diplomáticas, en detrimento de la URSS.

    La pandemia, que supuestamente se originó en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei en China, se ha contaminado con el factor electorero en EEUU donde Trump busca su reelección mediante una brutal campaña retórica contra China a quien culpa de todos los males del planeta, incluido al virus letal COVID-19, sin evidencia alguna hasta ahora. 

    Más allá de la consabida sinofobia de Peter Navarro, asesor económico de la Casa Blanca, que después de su libro Muerte por China de hace 9 años, y que ahora culpa explícitamente a China de haber propagado el COVID-19 con fines de dañar a EEUU, Trump —en búsqueda de idóneos chivos expiatorios para su reelección— ha escalado su guerra verbal contra Beijing acusándola de buscar por todos los medios el triunfo de Joe Biden, candidato presidencial del Partido Demócrata.

    La estrategia de Trump y del supremacista Partido Republicano es prístina: golpear por igual a China y a Biden cuyo hijo, Hunter, ha sido expuesto en sus negocios poco asépticos con Beijing.

    Debido a los señalamientos de Trump, Hunter —quien también carga a cuestas sus fétidos negocios con la empresa gasera Burisma de Ucrania—, renunció al consejo de administración de la empresa de manejo de fondos BHR de Shanghái.

    China también se quitó los guantes y ahora con sus órganos oficiales y oficiosos contesta los alegatos del hoy secretario de Estado Mike Pompeo —exdirector de la CIA y zelote 'evangelista sionista' —quien ha llegado hasta a calificar en forma maligna al COVID-19 de 'virus Wuhan'.

    The Global Times arremete contra el "desprecio por la ciencia de parte de EEUU", y pone en evidencia ser el primer país en superar la marca de un millón de infectados por la pandemia debido a que ignoró los consejos de los profesionales y de haber dejado fluir "teorías de la conspiración" que controlan su agenda política, lo cual es inconcebible en un país que, como EEUU, "es altamente avanzado en los campos de la ciencia y la tecnología".

    En el ranking de Fortune 500 Global de 2019, de las 10 primeras farmacéuticas aparece en forma asombrosa en primer lugar la empresa China Resources. 

    De las 10 empresas del Big Pharma global, donde no aparecía ninguna china, hoy han emergido dos, China Resources (primer sitial) y Sinopharm (cuarto lugar), frente a tres de EEUU: Johnson & Johnson (segundo lugar), Pfizer (quinto lugar) y Merck (octavo lugar). 

    Llama la atención que Suiza ostente dos empresas: Roche Group (tercer lugar) y Novartis (sexto lugar).

    Las otras tres 'occidentales' están representadas por Alemania, con Bayer (séptimo lugar), Francia con Sanofi (noveno lugar), y GlaxoSmithKline (décimo sitial) de Gran Bretaña.

    Independientemente del ranking, cabe señalar que las tres empresas farmacológicas de EEUU han decaído varios sitiales, fenómeno similar que sufren Alemania, Francia y Gran Bretaña.

    Suiza ha conservado relativamente sus lugares, mejorándolos un tanto, mientras que las dos empresas chinas se han catapultado en forma espectacular: China Resources con un aumento del 11.9% en sus ingresos y Sinopharm con 15.7%.

    Este "nuevo Big Pharma Global" de 10 empresas ostentan ingresos por una cantidad de 573.431.9 dólares.

    La 'guerra farmacológica' escaló alturas insospechadas debido a la carrera entre EEUU y China para desarrollar una vacuna contra el COVID-19. 

    La hoy vilipendiada OMS por Trump, a quien acusa de ser cómplice de China, publicó el 11 de abril "el paisaje de las vacunas candidatas" y en la que aparecen "más de 70 vacunas en desarrollo, encabezadas por la empresa china CanSino Biologics Inc. y dos empresas biotecnológicas de EEUU: Moderna Inc. e Inovio Pharmaceuticals Inc., apuntalada por el polémico Bill Gates quien afirma que su vacuna tomaría entre 12 y 18 meses".

    Gran parte del pleito doméstico entre Trump y Bill Gates —aliado y socio del megaespeculador George Soros— se debe a que el controvertido multimillonario, que acaba de dejar el Consejo de Administración de Microsoft, no solamente se ha puesto del lado de la OMS, sino que también mantiene óptimas relaciones con el Gobierno chino.

    Al corte de caja de hoy, según Scott Gottlieb, anterior director de la FDA (Food and Drug Administration) no ocultó su angustia de que China se haya adelantado a EEUU con las pruebas clínicas de su vacuna desarrollada por CanSinoBIO, frente a las dos empresas de EEUU, Inovio y Moderna.

    En la carrera por el lanzamiento de la vacuna, que le daría a su inventor un enorme prestigio científico y una gran influencia geopolítica, se han sumado la Universidad de Oxford de Gran Bretaña, que anuncia poder tenerla lista en septiembre, y la empresa india Serum que la tendría en un año.

    Si antes del brote inédito del COVID-19, China y EEUU ya habían iniciado su 'guerra farmacológica' en forma subrepticia, ahora el desarrollo de la vacuna antiviral profundizará todavía más su batalla en forma abierta —en espera del triunfador de la elección presidencial entre Biden y Trump el 3 de noviembre que definirá muchas cosas en el planeta—.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Tema:
    Hermenéutica Geopolítica (139)
    Etiquetas:
    fármaco, pandemia de coronavirus, coronavirus, guerra, China, EEUU
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