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    El confinamiento ha dado lugar a enfrentamientos muy violentos entre vecinos y miembros de la policía en algunos barrios de Francia. El tráfico de estupefacientes está siendo perturbado por la orden de evitar la calle.

    Policías atacados con cócteles Molotov, armas preparadas con fuegos de artificio, bolas de petanca… algunos barrios "difíciles" de ciudades como París, Lyón, Estrasburgo o Le Havre están viviendo escenas de incivilidad provocadas por una minoría que ha tomado a las fuerzas del orden como objeto de su ira.

    En las "banlieues", las ciudades del extrarradio donde habitan los hijos de inmigrantes o los inmigrantes más recientes existen barrios donde la autoridad del Estado hace tiempo que brilla por su ausencia. En algunas zonas, los traficantes de droga y los islamistas radicales hacen oficio de autoridad. Y si a veces se combaten, en la mayoría de los casos llegan a un entendimiento. En ese pacto no tienen cabida servicios públicos como bomberos, médicos de urgencia y, mucho menos, policías.

    La violencia de las últimas semanas se extiende también por barrios habitualmente más tranquilos. Una minoría de jóvenes se dedica a violar la orden de confinamiento decretada por Emmanuel Macron el pasado 17 de marzo. Cada noche, una mayoría de vecinos debe soportar con hastío y con miedo cómo se organizan carreras de motos, barbacoas de los tejados o picnics en las zonas verdes. Pero el problema no es solo el incivismo; los responsables del tráfico de drogas en la zona han visto reducido su negocio desde que el coronavirus llevó al gobierno a obligar a la ciudadanía a quedarse en casa.

    Territorio bajo control de delincuentes

    Conscientes de cómo el confinamiento iba a ser difícil de aplicar en ciertos barrios, el Ministerio del Interior ordenó a la policía "hacer prueba de discernimiento". Un eufemismo para dejar hacer y no aplicar la ley con rigor como en cualquier otra zona de las ciudades concernidas. El Estado acepta así lo que los delincuentes pretenden significar con la violencia nocturna: ese territorio está bajo su control.

    Un fenómeno nada nuevo, pero que en estos días adquiere características algo diferentes. La policía tampoco puede desertar de estos barrios y con mucha precaución intenta hacer cumplir las normas de confinamiento. Para parte de los jóvenes de esos barrios, alentados por los jefes de la delincuencia local, la provocación y loas emboscadas a bomberos y policías es la actividad con la que desafían a las autoridades.

    Los sindicatos de la policía hablan de "una olla a presión a punto de estallar" e indican que las fuerzas del orden no pueden al mismo tiempo gestionar una crisis sanitaria y frenar la violencia en la "banlieue".

    Cualquier chispa puede provocar una explosión, advierten los sindicalistas. El sábado 18 de abril, en la localidad de Villeneuve-La Garenne, un incidente, que se está investigando todavía, fue utilizado para soliviantar a los barrios. Un conocido delincuente que circulaba en moto y sin casco de noche sufrió la rotura del fémur en un golpe con un automóvil de policía camuflado.

    ​La escena posterior, con el herido en el suelo gritando y siendo atendido por los policías se convirtió en "trending topic" en las redes sociales, gracias a los celulares de los jóvenes de la zona, que llamaban a la revuelta asegurando —falsamente— que el joven había perdido una pierna.

    "Muerte a los cerdos" (policías)

    El hastag #MortAuxPorcs (muerte a los cerdos) se convirtió desde entonces en el nuevo grito de guerra contra la policía. Un eslogan ideado y aireado más tarde por grupos ultraizquierdistas que, curiosamente, nunca entran en esos barrios.

    Algunos policías describen la actitud de muchos de los participantes en las revueltas violentas:

    "Son jóvenes, de entre 13 y 25 años, que se creen los gánsteres de un videoclip de rap".

    Los hechos son graves según las autoridades, pero las televisiones no se hacen apenas eco de ellos. Una cierta autocensura que, como en los graves disturbios de 2005 en esos barrios, se justifica arguyendo que ofrecer ese tipo de imágenes alentaría a otros jóvenes a hacer lo mismo en otros lugares.

    Con este argumento, el sufrimiento de la mayoría de los vecinos, que debe soportar en silencio esa la violencia, seguirá silenciado.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    violencia, policía, Francia
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