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    España activa el estado de alarma por el coronavirus (207)
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    España está paralizada por una disrupción de duración indeterminada que se ha generado por la pandemia de COVID-19.

    Esta rotura brusca y repentina de la cotidianidad ha venido agravada por la sobreexposición informativa y por la falta de preparación de las instituciones y los ciudadanos para hacer frente a una amenaza desconocida e invisible pero real y potencialmente mortífera.

    Todos los españoles deben permanecer confinados en sus casas al menos durante 15 días, a partir del 16 de marzo, pero el plazo no terminará, probablemente, en esa quincena y se prolongará otro tanto con el apoyo del Parlamento.

    Las medidas de aislamiento son drásticas pues prohíben los movimientos a aquellas personas que no vayan a trabajar, al hospital de urgencia, a ayudar a personas mayores o dependientes, o a comprar bienes de primera necesidad, entre otros casos muy concretos. Eso es lo que marca un decreto-ley promulgado por el Gobierno de España que decreta el estado de alarma o emergencia en todo el territorio nacional.

    El Ejecutivo central se ha convertido, de hecho, en la autoridad competente en todo el Estado español para atajar la crisis sanitaria desatada por la propagación del virus. El presidente socialista Pedro Sánchez y su equipo ministerial están autorizados a tomar todas las medidas oportunas y necesarias para conseguir ese complicado fin. Ya han desplegado un millar de efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en las principales ciudades del país para que se cumplan las órdenes de confinamiento de decenas de millones de personas y para desinfectar las zonas críticas como las estaciones de ferrocarril o de autobuses.

    Las autoridades hispanas también han intervenido la sanidad privada para ponerla bajo su control. Eso implica utilizar sus instalaciones y personal. Todas las empresas que dispongan en sus almacenes productos sanitarios, como mascarillas, pruebas de diagnóstico del coronavirus, guantes y respiradores o que tengan la capacidad de fabricar esos productos altamente necesarios en estas condiciones deberán notificarlo al Gobierno en el plazo de dos días. En el caso de que no lo hagan serán multados. Ya se han hecho los primeros requisamientos.

    Además, los transportes han sufrido de manera muy sustancial los efectos de este nuevo contexto. Se han limitado o reducido los transportes públicos y privados de personas para priorizar los de mercancías por carretera o por ferrocarril ya que de estos últimos depende mayormente el abastecimiento de productos de primera necesidad como medicinas o alimentos. La frontera con Portugal permanece cerrada hasta nueva orden.       

    Políticos retratados

    El decreto de estado de alarma generó una oleada de reacciones políticas y puso a más de uno en su lugar. El presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, criticó agriamente las medidas, denunciando que "confiscan competencias" políticas y buscan la recentralización del Estado. Los medios de comunicación independentistas catalanes las calificaron de "lamentables" e "irresponsables".

    Torra, que ha dado positivo en el coronavirus, se desmarcó de un comunicado conjunto firmado por Sánchez y los máximos líderes de las 16 comunidades autónomas restantes y las dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla) en el que acordaban "reforzar la acción conjunta" de todas las administraciones territoriales y mantener una comunicación "fluida y eficaz" sobre todos los asuntos que afecten a la pandemia. Entre los firmantes había varios dirigentes que no son socialistas sino nacionalistas vascos o conservadores del Partido Popular, el principal partido de la oposición a nivel estatal. La crisis sanitaria está retratando a toda la clase política.   

    El freno a la libertad de movimientos va a poner a prueba la madurez y resiliencia de la sociedad española durante un periodo de tiempo aún no calibrado. La histeria puede hacer más daño que la infección. Como dijo el presidente Franklin Delano Roosevelt en tiempos de la Gran Depresión, "a lo único que hay que temer es al miedo". 

    ​El confinamiento obligatorio va a pasar factura en muchos hogares, despertando comportamientos tóxicos, fobias, frustraciones, dramas. Por no hablar del gigantesco coste económico en términos macro y micro. Vienen tiempos muy duros. Sombríos.

    Otro tipo de interacciones

    Pero este nuevo ambiente, que ya no es surrealista sino crudamente verídico, también ha empezado a activar otras formas de interacción, reacciones creativas y altruistas. El ser humano tiene una enorme capacidad de adaptación. Es algo genético, consustancial a su evolución biológica. 

    Son agradables y reconfortantes las muestras de afecto y solidaridad que ya se han producido en las primeras horas del encierro colectivo, cuando miles de personas se asomaron a sus ventanas y balcones para aplaudir a los trabajadores de la sanidad pública y privada que sienten el embate de la epidemia en las salas de urgencia. A la noche siguiente, los homenajeados fueron los empleados de los supermercados y tiendas de alimentación, en otras palabras, aquellos que trabajan cara al público y están más expuestos.         

    Tampoco han pasado inadvertidas las reacciones egoístas, insensatas e irresponsables de aquellos ciudadanos que se marcharon de fin de semana, aprovechando la bonanza primaveral, a la sierra de Madrid o a su segunda residencia en las playas mediterráneas como si la advertencia no fuera con ellos o no corrieran peligro. Sus actos inconscientes provocaron la indignación de quienes ya estaban quedándose en casa, pues no en vano la capital de España es la llamada zona cero, es decir, donde se están produciendo más infectados y mayor número de fallecimientos.

    "Con esta crisis se van a rectificar los principales errores de la globalización. No se puede depender de un solo país. La deslocalización salvaje ha sido un error", comenta el veterano periodista económico Mariano Guindal, quien ya ejercía este oficio en 1973, cuando el grupo terrorista vasco ETA asesinó con un coche bomba al almirante Carrero Blanco, heredero de Franco.

    No es extraño que en España se haya disparado, como un cohete, el número de contagios porque la sociabilidad es parte del ADN nacional. Eso lo compartimos los españoles con los latinos.

    "Las normas sociales son más flexibles aquí [en España] y en Perú que en Europa donde las relaciones son más secas. Aquí la gente necesita hablar, necesita verse, necesita hablar. Es parte del acervo cultural. No es mejor ni peor, es diferente", afirma Álvaro, un español casado con una peruana desde 2003 y que ahora está confinado en una pequeña habitación por sospecha de coronavirus.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    aislamiento, pandemia de coronavirus, coronavirus en España, coronavirus, España
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