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    Venezuela abre la semana en plan de defensa multidimensional. La vicepresidenta de la República, Delcy Rodríguez, afina las medidas necesarias para evitar que la enfermedad COVID-19 entre al país.

    Por su parte, el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, y el jefe del Comando Estratégico Operacional, Remigio Ceballos, despliegan la segunda fase de la maniobra Escudo Bolivariano II.

    Por último, el canciller Jorge Arreaza, ante el cuerpo diplomático acreditado en Venezuela, denuncia que los gobiernos de Brasil y Colombia se encuentran reunidos con el Jefe del Comando Sur, Craig Faller, con el fin de avanzar en una nueva escalada de agresión contra la nación bolivariana.

    ​El Gobierno bolivariano ha adelantado contingencias al crear el Cuerpo Nacional contra el Terrorismo y aprobando el Plan Nacional Antiterrorista 2020-2022.

    "Será un cuerpo que asuma con toda la defensa operativa la defensa del país y el desmembramiento de todos los grupos terroristas que pretendan perturbar la paz y la seguridad", señaló el presidente, Nicolás Maduro, en el acto fundacional.

    La ingeniería inversa del análisis estratégico

    Robert McNamara enuncia en el documental Niebla de la Guerra 11 lecciones que le dejó su paso por la Secretaría de Defensa de Estados Unidos, así como por la Presidencia del Banco Mundial y de la Ford Motor Company. Con una candidez que sorprende, este personaje —que murió de causas naturales en su cama en el año 2009— fue el responsable de planificar la escalada de la guerra en Vietnam y de hacer frente a la crisis de los misiles en 1962.

    Estas lecciones, que se constituyen en un obituario de rara sinceridad para un funcionario del rango de McNamara, influyeron mucho en no pocas administraciones estadounidenses. 

    Así que si somos consecuentes con la máxima de conoce a tu enemigo y a ti mismo y saldrás victorioso en cien batallas, haremos algo de ingeniera inversa y revisitaremos las lecciones de McNamara para ver qué tienen para aportarnos ante la amenaza que vuelve a posarse sobre el país de las mayores reservas de petróleo y oro del mundo. Hablaremos, por ahora, de cinco de ellas.

    Las cinco lecciones

    Empatizar con tu enemigo: "Tratar de meternos bajo su piel y mirar a través de sus ojos. Solo para entender sus pensamientos detrás de sus decisiones y actos", recomienda McNamara. ¿Quién es el enemigo de Venezuela? Esta no es una pregunta menor. Los operadores en terreno, Juan Guaidó y Maria Corina Machado, cabezas visibles del ala radical, solo cumplen órdenes de una maquinaria de guerra con un prontuario bastante largo de países destrozados. Ellos, apenas pueden calzarse la etiqueta de instrumentos ciegos de su propia destrucción.

    ​El enemigo es la ambición insaciable de la maquinaria de guerra estadounidense. Empatizar no implica legitimar, sino tener absoluta comprensión del otro. El asedio no va a relajarse y hay que prepararse para un casi seguro segundo período de Donald Trump, donde los altos costos del fracking sigan forzando a Estados Unidos a utilizar cualquier recurso (entiéndase, cualquiera) para mantener los precios del petróleo al alza.

    La racionalidad no nos salvará: "La combinación indefinida de la falibilidad humana y armas nucleares destruirá naciones", explica McNamara. Puede que una de las dificultades más perversas que enfrenta Venezuela la constituya la idea de que un gran porcentaje de quienes se identifican con la oposición considera que una idea genial es implorar por que las bombas de racimo arrasen con el país que quieren salvar.

    El sector político que se identifica con el chavismo debe jugar el juego político, llevando a cuestas esta clase de pensamiento irracional. Hay que tener presente que se lucha contra el único país del mundo que ha lanzado bombas atómicas, por lo que no es posible diseñar planes de seguridad apelando a que se está tratando con agentes que tomarán decisiones racionales.

    Empoderar grupos paramilitares y bandas criminales para jugar a la caotización es quizá lo más difícil de neutralizar. Esto debido a que no obedecen a un plan estructurado y reivindicativo, sino al accionar terrorista como acto comunicativo. Es decir, el objetivo no es el número de víctimas o de daños, sino lograr la mayor atención posible. El miedo juega como instrumento para mantener al público venezolano en malestar permanente y socavar así su confianza en el gobierno nacional.  

    Hay algo más allá de uno mismo: Ciertamente, en ocasiones por la misma dinámica de polarización se tiende a reducir el escenario a dos jugadores en pugna. Sin embargo, a pesar de la campaña de descredito y de minimización del papel de Venezuela en el mundo, este es un territorio que pesa y mucho en cualquier decisión geopolítica.

    En este caso, no hablamos solo de Estados Nación, sino de movimientos sociales y organizaciones de solidaridad internacional, que no pueden ser subestimadas. Rescatar los esfuerzos de establecer redes de cooperación en cada continente, son formas efectivas de no permitir que la agenda mediática monopolice el discurso sobre Venezuela.

    Además, las mismas funcionan como canales de apoyo para entender la naturaleza e identidad de los grupos terroristas que pretenden ser importados, usando las fronteras de Colombia, Brasil y Guyana como canales.

    Maximiza la eficiencia: Puede que una de las mayores fallas que presenta el Gobierno venezolano sea el de la eficiencia. El propio presidente Maduro ha dicho que "no todo es culpa del bloqueo". El mayor error que se puede cometer es enfrentar un asedio con un Estado debilitado.

    El sistema burocrático debe someterse a una profunda revisión, más allá de la perspectiva neoliberal que ubica los debates en si hay que reducir o no el tamaño del Estado. De lo que se trata es que la base de apoyo popular sienta que hay un Gobierno en funciones que está construyendo un proyecto político.

    Uno de los modelos de cambio político explica que "la pérdida de voluntad de poder de la élite" es una señal de desmoronamiento del sistema. Un Estado fuerte no implica policías, tribunales o ejércitos férreos, sino legitimidad popular y para que esto exista el aparato institucional debe funcionar. 

    La proporcionalidad debería fungir como parte de los lineamientos en la guerra: Sin chantaje ni cortapisas. Venezuela enfrenta una agresión que pone en juego su supervivencia como nación. Si la amenaza implica una intervención militar, la respuesta no puede estar por debajo de ello. La declaración de Diosdado Cabello de responder de manera proporcional a quienes colaboren con dicha agresión no solo es correcta, sino justa. ¿Cómo actuaría Estados Unidos o Israel? Leer las palabras de Cabello, pensando que es Trump o Netanyahu quien las pronuncia, sirve de terapia para los dobles raseros:  

    "Todo aquel que hoy está llamando a invasión, a que vengan aviones, que manden satélites, que manden drones sobre nuestro territorio; en caso de ocurrir un hecho de esa naturaleza, debe ser tratado en caso de confrontación, como un enemigo de la patria, darle exactamente el tratamiento que se le da a los enemigos de la patria. ¡El que entendió, entendió, no se lo vamos a explicar!", declaró Cabello. 

    Una última postdata a estas notas la constituye la onceava lección de McNamara: "No puedes cambiar la naturaleza humana".

    Con ello el exsecretario de Defensa estadounidense quiere expresar que, por más buenos deseos, existe una pulsión permanente entre lo que Freud llamaría el instinto creador y destructor de cada individuo. Una tensión que le lleva a ser proclive al conflicto.

    Para alejar al ser humano de dichos instintos hay que generar un contexto social favorable. Como bien lo explican los psicólogos de la conducta, el contexto es "la mano invisible que modela las creencias individuales".

    El último párrafo de un artículo publicado a principios de enero lo resume con mayor énfasis:

    "El terrorismo puede ser derrotado, pero para que ello ocurra las causas que lo potencian y originan deben eliminarse. Incluyendo la guerra psicológica que desea mantener el país en un estado de división y conflicto social permanente. No se trata solo de medidas policiales y militares, se trata de un enfoque multidimensional donde además se pueda atender los complejos problemas económicos e institucionales que sirven de tierra fértil para la promoción del odio y la fragmentación social. Derrotar la amenaza de la violencia pasa por reconstruirnos como nación. Esa es la primera medida contraterrorista".

    Ojalá el Plan Antiterrorista 2020-2022 aprobado por el presidente Maduro contemple dicha perspectiva.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    guerra, Departamento de Defensa de EEUU, agresión, EEUU, Venezuela
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