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    La muerte súbita del general Ahmed Gaid Salah, el auténtico hombre fuerte de Argelia, sume al país en una nueva etapa desconocida. La protesta callejera, que cumple ya diez meses, no frena la presión, pero se abre una pequeña esperanza a la apertura política.

    Ahmed Gaid Salah será recordado por haber puesto fin al reinado de Abdelaziz Buteflika, por haber enviado a prisión a varios empresarios presuntamente corruptos, hasta entonces protegidos por el gobierno, y por imponer unas elecciones que la mayoría de los ciudadanos boicoteó. En cualquier caso, el 12 de diciembre las urnas entregaron la presidencia del país a Abdelmayid Tebún, 74 años, la persona elegida por Salah.

    El general, de 79 años, despertó una cierta esperanza entre los participantes de la Hírak (Movimiento, en árabe), las protestas, hasta que el pasado mes de junio prohibiera a los manifestantes bereberes ondear la enseña de la Cabilia, la región que lucha desde hace décadas por el reconocimiento de su cultura y su lengua.

    La protesta callejera, que se inició el pasado mes de febrero, ha visto cómo la tolerancia del poder ha ido disminuyendo hasta llegar al encarcelamiento de algunas figuras conocidas del oficialismo, de la prensa independiente o de la cultura, además de manifestantes anónimos. El general Salah se convirtió al final, en la bestia negra de los activistas.

    De Vorochilov a Yom Kippur

    Gaid Salah fue remplazado el 23 de diciembre, de forma interina, por el general Said Chengriha, hasta ahora jefe del Ejército de Tierra, un militar poco conocido del público por, según dicen los 'argelinólogos', tratarse de una persona "menos politizada" que su antecesor. Los datos que se conocen de Chengriha son someros: alumno de la Academia militar rusa Vorochilov en los años 70, participó en 1973 en la guerra de Kippur, que enfrentó a una coalición militar árabe con el Ejército israelí. Ha sido jefe de la tercera región militar (frontera oeste con Marruecos).

    El presidente Tebún, designado para el puesto por el fallecido Salah, se ve en teoría con un inmenso poder que le confirma una Constitución hecha a medida por Butefllika. De él depende el nombramiento definitivo de Chengriha o de otro militar al puesto de jefe del Estado Mayor. También en teoría, es él quien debe escoger al nuevo ministro de Defensa, y no es lo mismo si se nombra a un militar, a un civil, o si el propio presidente se lo reserva. Un cambio significativo sería si el responsable del ministerio de Defensa no dependiera directamente del Ejército.

    En esta atmósfera de especulaciones, los contestatarios que ocupan las calles de las principales ciudades desde febrero pasado esperan también saber si con la desaparición de Salah el poder hará un gesto de apaciguamiento y liberará a los detenidos en las protestas. Sería un indicador claro de la nueva etapa que se abre. Algunos analistas consideran que Chengriha no estaba de acuerdo con esas detenciones.

    ​La Hírak, recordemos, no se limitaba a pedir la destitución de Buteflika, sino que exige un cambio de régimen y un proceso de liberación político que cierre el capítulo protagonizado por los herederos de la lucha por la independencia de Francia, hace ahora 57 años. El mismo 24 de diciembre seguían en las calles exigiendo, algunos, la salida de los militares de El Muradía, el palacio presidencial en la capital del país, Argel.

    Hostilidad hacia Marruecos

    El hándicap de las protestas es su falta de acuerdo para encontrar una cabeza visible que represente a todos los sectores que participan en las manifestaciones callejeras, desde la juventud laica universitaria, a los islamistas, pasando por todas las tendencias políticas toleradas, o no, por el poder. En todo caso, en Argelia los manifestantes no se llaman a engaño; el poder reside en el Ejército y será el Estado Mayor quien acordará con Tebún los pasos a seguir a partir de ahora. Aún conscientes de ese postulado, la desaparición política de Buteflika y la muerte de Gaid Salah abre un futuro incierto y no necesariamente negativo.

    En el aspecto de la política exterior, otras fuentes recuerdan que el nuevo jefe interino del Estado Mayor, Chengriha, ha mostrado a menudo gran hostilidad hacia Marruecos. Así, en 2016 calificaba a su vecino como "país enemigo".

    Las diferencias entre los dos países sirven para alimentar el nacionalismo de los dos lados, pero Chengriha ha sido el militar que ha ido más allá en tiempos recientes. Así opina sobre la situación del conflicto saharaui: "El Sáhara marroquí es un territorio injustamente expoliado por la tiranía del ocupante marroquí". 

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    política, elecciones, protestas, Argelia
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