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    Paranoias y faltas de rigor periodísticos

    CC BY 2.0 / Esther Vargas / EL PAIS
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    La fijación de ciertos medios de comunicación europeos por Rusia empieza a ser enfermiza e incluso paranoide. Los contenidos de algunos artículos de prensa son muy poco rigurosos y serios, lo que no solo reduce la credibilidad de las cabeceras afectadas sino que también incomoda a las cancillerías de los países donde se editan.

    El último ejemplo de esta preocupante tendencia nos la acaba de ofrecer el diario El País, referente periodístico en todo el mundo hispano, el periódico español más vendido en formato de papel. Nadie cuestiona su dilatada trayectoria histórica desde que nació allá por abril de 1976, en plena Transición española, ni su contribución a la consolidación de la democracia en España. Sin embargo, durante los últimos cuatro años, estamos asistiendo a su obsesión por los temas rusos desde un prisma únicamente negativo, lo que le ha dejado, en ocasiones, en mala posición y a los pies de los caballos.

    Rusia es el ogro

    El País acaba de publicar una noticia en la que afirma que "España ha renunciado a cooperar con Moscú en la lucha contra la desinformación". Ese es el titular. La periodista que firma la crónica subraya que Madrid ha frenado un proyecto sobre la creación de un grupo de trabajo conjunto para luchar contra las amenazas de ciberseguridad y manipulación informativa firmado en noviembre de 2018 entre el ministro español de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, y su homólogo ruso, Serguéi Lavrov. El País alega que las razones para descartar ese acuerdo de colaboración, esta oferta "envenenada", se basan en el "riesgo de injerencias" de Rusia, en especial, "los indicios de que como mínimo parte de la desinformación que lastra a la Unión Europea —en menor medida a España— se origina en territorio ruso".

    El propio Borrell se mostró muy indignado cuando los chicos de la prensa le preguntaron sobre este asunto en concreto durante un desayuno informativo. El ministro rechazó tajantemente que España haya dejado de colaborar con Rusia en la lucha contra los ataques informáticos y las fake news. Todo es "fruto de una calenturienta imaginación, de inventarse las noticias. Esto es especular sin ningún respeto y en base a consideraciones inventadas; todo lo que se dice sobre Exteriores es una pura patraña", declaró Borrell, francamente malhumorado.

    "Cuando hablamos de 'fake news', a veces nos imaginamos a personas escondidas en una cueva, pero a veces es la prensa a la que consideramos seria la que contribuye al ruido", añadió criticando indudablemente a El País pero sin citarle de forma expresa.

    No es tampoco casual que este alboroto se produzca precisamente ahora cuando el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, se encuentra en una posición bastante comprometida, buscando apoyos parlamentarios para que prospere la moción de su investidura que apruebe un Ejecutivo de coalición, algo inédito en la historia de España desde la época de la Segunda República.

    Miembro del Gobierno socialista desde junio de 2018, Borrell es una persona muy experimentada (fue presidente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2007, además de ministro en la década de los años 90 junto a Felipe González) y sin pelos en la lengua, a quien no se le puede acusar de ser un político prorruso. De hecho, unas declaraciones suyas, llamando a Rusia "amenaza", provocaron que el embajador español en Moscú, Fernando Valderrama, fuera citado por las autoridades rusas para expresarle su sorpresa y decepción ante unas expresiones que consideraron "inamistosas".

    El País en el centro de la tormenta

    La fuerte queja de Borrell, quien ocupará en breve el puesto de vicepresidente de la Comisión Europea y Alto Representante de Política Exterior de la Unión Europea (UE), no es un caso aislado. El País lleva desde 2014 machacando sobre el presunto papel de Rusia en la campaña de injerencias en la actual crisis política que atraviesa Cataluña. El principal autor de los artículos, el entonces director adjunto David Alandete, quien ahora trabaja para el diario Abc como corresponsal en Washington, prestó declaración en diciembre de 2017 ante una comisión del Parlamento del Reino Unido que investigaba si había conexiones o no entre las noticias falsas sobre el Brexit y Cataluña.

    Un vídeo, largamente aireado y comentado en las redes sociales, demostró que Alandete no tenía ninguna prueba documental o fehaciente para sustentar sus graves denuncias. "La única prueba que yo tengo como periodista es que organizaciones de televisión rusas afiliadas al Estado han estado difundiendo abiertamente propaganda que beneficia a aquellos que defienden la independencia en Cataluña", se le escucha decir con claridad en la grabación efectuada en una sala del Palacio de Westminster. ¿Es eso acaso una evidencia? ¿No es más bien una conjetura, una interpretación?

    Dentro de esta paranoia mediática parece que todo lo ruso apestara, que los rusos fueran los malos de la película, sinónimo de diablo, muerte, operaciones encubiertas y arrogancia. El doble rasero que tanto les perjudica alcanza todos los recovecos informativos.

    Hace unos cuantos días, el analista español Pedro Baños, coronel en la reserva, se lamentaba públicamente del uso sesgado de las palabras a la hora de informar de los sucesos que están ocurriendo en Libia. "Cuando los emplea Rusia, los llaman 'mercenarios'. Cuando lo hace EEUU, los llaman 'contratistas'. Pero los que desinforman son otros, ¿verdad?" Para ilustrar su comentario, Baños utilizaba una crónica de… El País.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    Josep Borrell, El País, fake news, España, Rusia
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