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    Jair Bolsonaro, candidato a la presidencia de Brasil

    La repentina devoción de Bolsonaro por China

    © AP Photo / Leo Correa
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    La realidad es un hueso duro de roer para las mentes dogmáticas. Tan duro que al presidente Jair Bolsonaro le llevó un año entero comprender que no le conviene entablar una disputa con China, su principal socio comercial.

    Un año atrás, durante la campaña electoral, Bolsonaro dijo que China pretendía comprar su país y que se comportaba como un predador que quiere dominar sectores cruciales de la economía de Brasil.

    Un hombre vende camisetas de Jair Bolsonaro en Brasil
    © REUTERS / Paulo Whitaker
    Días atrás, en el marco de la cumbre del grupo BRICS realizada en Brasilia, se produjo un completo viraje en su relación con el dragón: "Vamos a tratar cada vez más con mayor respeto y cariño los gestos del Gobierno chino". Su ministro de Economía, Paulo Guedes, anunció conversaciones para crear un "área de libre comercio" con China.

    Para comprender este viraje de la diplomacia brasileña, que comenzó el año estrechando lazos con Washington y lo termina en brazos de Pekín, hay que repasar algunos hechos que impactaron en los dirigentes del Gobierno y en el propio presidente.

    El viraje mencionado no sólo abarca cuestiones diplomáticas, sino que se focaliza en el comercio, que las partes se comprometieron a desarrollar "en pie de igualdad". Por su parte, Xi Jinping destacó la importancia que China otorga a "la influencia de Brasil en América Latina y el Caribe", lo que llevó al presidente chino a proponer una alianza global estratégica entre ambas naciones.

    En el encuentro previo a la cumbre de los BRICS entre Xi y Bolsonaro, este dijo que "China hace cada vez más parte del futuro de Brasil". Agregó: "China es nuestro principal socio comercial y con todo mi equipo y el empresariado brasileño, queremos no sólo ampliar sino diversificar nuestras relaciones comerciales". Ambos mandatarios firmaron nueve acuerdos en áreas como comercio, agricultura y seguridad.

    Bolsonaro visitó China a fines de octubre y enseñó la primera parte de su viraje. Se mostró entusiasmado porque del intercambio comercial de casi 99.000 millones de dólares, en 2018, hay un superávit de casi 30.000 millones para Brasil. Algo que ningún otro país del mundo puede ofrecerle.

    Lo cierto es que luego de su visita, las petroleras chinas CNOOC y CNODC fueron las únicas que participaron en la subasta de los bloques petroleros del campo presal, con los cuales el Gobierno pensaba ingresar fondos frescos para resolver una parte de sus problemas. A mi modo de ver, este es el aspecto central que explica el viraje brasileño.

    A comienzos de noviembre, Brasilia puso a subasta cuatro bloques petroleros, a 800 kilómetros de la costa debajo de una capa de sal, por lo que recibe el nombre presal. A la subasta se inscribieron catorce empresas, incluyendo las más importantes del sector en el mundo, pero las únicas que fueron presentadas el día marcado, fueron las de la estatal Petrobras en consorcio con dos empresas chinas con participación minoritaria.

    La subasta se realizó el 6 de noviembre y fue un fracaso ya que pretendía recaudar 106.000 millones de reales (26.500 millones de dólares ), pero recibió apenas 70.000 millones (17.500 millones de dólares). Dos de las áreas ni siquiera recibieron propuestas y la totalidad de las grandes multinacionales occidentales huyeron de la subasta aunque las reservas comprobadas aseguraban un negocio exitoso.

    Mientras la británica BP, la francesa Total, las estadounidenses Chevron y Exxon Mobil, la malaya Petronas y la anglo-holandesa Shell se abstuvieron, las estatales chinas dieron un paso al frente y mostraron su interés por seguir invirtiendo en Brasil. Algunos analistas estimaron que estas empresas huyeron de lo que denominan "riesgo Bolsonaro", caracterizado por la inestabilidad de su Gobierno y la falta de certeza de que los contratos que firmen se mantengan en el futuro.

    El periodista Josias de Souza, en Folha de Sao Paulo, estima que el Gobierno se vio forzado a dar la espalda a los discursos más ideologizados de su canciller y que ahora "ruega a los chinos que compren las empresas estatales, los aeropuertos, los ferrocarriles, los puertos y toda suerte de emprendimientos de infraestructura".

    De Souza sostiene que hay hasta 200 proyectos sobre la mesa. "Días atrás Brasil mendigaba una pequeña participación de estatales chinas en la subasta de petróleo cuando las grandes petroleras del mundo decidieron abstenerse".

    El 70% de las exportaciones de Brasil a China son soja, mineral de hierro y petróleo, mientras le compra productos manufacturados entre los que destacan plataformas de explotación de petróleo, motores, generadores y circuitos de telefonía.

    Semejante estructura del comercio bilateral es una muestra del tipo de países que mantienen esa alianza: una nación industrializada que ofrece tecnologías avanzadas y una nación desindustrializada que apenas puede vender productos primarios sin valor agregado.

    La segunda cuestión que termina de acercar a Brasil con China es el tema ambiental, ya que Pekín defiende la soberanía de cada país en el tema. Recordemos que países de la Unión Europea como Francia y Alemania, reprocharon a Brasil por los incendios en la Amazonia. Este es un tema muy delicado para los militares brasileños que siempre sospecharon que los países del norte pretenden ocupar la selva para preservarla, en una actitud neocolonial que no están dispuestos a tolerar.

    La declaración final de la cumbre de los BRICS no abordó la delicada situación de la región latinoamericana, pero abordó el tema ambiental desde el lugar preferido por ambos gobiernos.

    Por lo tanto, se hizo hincapié en la importancia de la frase que sigue a la sentencia, dejando claro que otras naciones y organismos internacionales no deben interferir en la política pública interna.

    "La cooperación internacional en este campo debe respetar la soberanía nacional y las regulaciones legales y las disposiciones institucionales y nacionales", dice el comunicado conjunto en referencia al cuidado del medio ambiente.

    Es evidente que el Gobierno de Bolsonaro empieza a sentirse más cómodo con Xi Jinping que con sus pares occidentales. La suma de un comercio exterior exitoso y las coincidencias diplomáticas están generando un clima de entendimiento que un año atrás parecía imposible.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    Jair Bolsonaro, China, Brasil
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