14:30 GMT +313 Diciembre 2019
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    Manifestantes con una imagen de Francisco Franco y bandera de España

    Franco vota desde su tumba

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    Las elecciones generales en España del 10N (89)
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    La exhumación de Francisco Franco se convirtió en un espectáculo de televisión que evidenció el nulo apoyo popular al dictador y la utilización electoral del evento, a dos semanas de los comicios generales.

    Un año y dos meses ha tardado el Gobierno socialista de Pedro Sánchez en cumplir su promesa de trasladar los restos de Franco desde el Valle de los Caídos a un cementerio más discreto en la localidad madrileña de El Pardo.

    Tras su llegada al poder en junio de 2018, Sánchez aseguró que "en agosto" los restos del general serían desplazados. No contaba con la resistencia de la familia, que puso en marcha todas las argucias legales para impedir o demorar la decisión.

    Inevitablemente, tras cuatro citas electorales seguidas, el asunto se iba a convertir en un argumento electoralista más con el que el líder de los socialistas españoles pretendía obtener réditos. La realidad de los sondeos parece demostrar que, si bien la inmensa mayoría de los españoles y de los partidos políticos estaba de acuerdo con esa medida, no todos comparten la utilización del espectáculo. Y, por tanto, la cosecha de votos no parece evidente.

    Desde Pablo Iglesias, responsable máximo de Unidas Podemos, a los partidos de centroderecha (Partido Popular y Ciudadanos), critican —cada uno desde su perspectiva— que el gobierno de Sánchez decidiera el 'Día D' justo en medio de la batalla partidista, a quince días de las elecciones del 10 de noviembre. Por su parte, los dirigentes de Vox denunciaron una "profanación".

    Espectáculo televisivo y electoralista

    El Gobierno había asegurado que la reubicación de los restos del dictador se haría de forma discreta. La realidad fue muy distinta. Las cámaras de televisión —cuya señal controlaba la televisión pública, bajo supervisión del ejecutivo— permitieron que el acontecimiento llamado a ser sobrio y sin estridencias deviniera un "show" más propio de programas de telerrealidad.

    Algunos comentaristas comparaban el evento con una película del cineasta español Luis García Berlanga, especialista en reflejar con humor negro aspectos de la sociedad española. Otros se acordaban de la secuencia del "film" de Federico Fellini, La Dolce Vita, en la que un helicóptero traslada una inmensa estatua de la virgen ante la persecución de los paparazzi".

    Nada muy serio, al fin y al cabo, salvo para la familia Franco y —por otros motivos— para las asociaciones de víctimas del franquismo, que desde hace décadas piden ayuda para recuperar los restos de sus allegados, enterrados tanto en la cripta del Valle de los Caídos como en cientos de caminos de toda España.

    La cobertura mediática tuvo al menos la virtud de reflejar que solo una minoría de simpatizantes salieron a la calle para mostrar su apego al "generalísimo". En el cementerio de Mingorrubio, donde reposan a partir de ahora los restos de Franco, los periodistas eran mucho más numerosos que los fieles al "caudillo".

    Es lo que algunos tienen dificultades en España para admitir. La Constitución del 1978 acabó por cerrar el capítulo del franquismo. Ninguno de los partidos que se decían pro-franquistas obtuvo representación parlamentaria a partir de las elecciones de 1982, ganadas por los socialistas. Pretender ahora que el franquismo quedó enterrado el 25 de octubre pasado es una estupidez.

    Miles de cuerpso esperan su identificación

    Lo que no se debería olvidar con el desentierro de Franco es que miles de cuerpos permanecen todavía bajo tierra y, por lo tanto, sin identificar. Miles de españoles esperan que, 70 años después del final de la guerra civil, los restos de sus familiares sean encontrados y sepultados decentemente.

    En ese punto negro de la historia española deberían haber coincidido todos los partidos democráticos, pero no solo con declaraciones. Nunca se ha estudiado dedicar una partida presupuestaria seria a tal fin. Los socialistas han tenido el poder durante muchos años para insistir más contundentemente en ese empeño.

    No se trata una de una cuestión ideológica, sino de simple humanidad. La mayoría de los ciudadanos apoyaría una medida en ese sentido, si se hace de una forma no partidista ni utilizando políticamente el hecho para reabrir las cicatrices de una guerra entre hermanos.

    El episodio del segundo entierro de Franco podía haber sido un capítulo desprovisto de crispación si se hubiera llevado a cabo después de la convocatoria electoral y fuera de la agenda partidista de los gobernantes. Pero la necesidad propagandística ha primado sobre cualquier otra consideración.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Tema:
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    Etiquetas:
    dictadura, franquismo, PSOE, Pedro Sánchez, elecciones, voto, tumbas, exhumación, España, Francisco Franco
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