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    Elecciones en Polonia

    Polonia: plebiscito para la derecha, bofetada a la UE

    © REUTERS / Kacper Pempel
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    El gobierno conservador de Polonia recibió en las urnas un espectacular apoyo que supone también una bofetada para las élites liberales de la Unión Europea.

    El partido Derecho y Justicia (PiS) de Jaroslav Kaszcinski, que gobierna desde 2015, obtuvo más del 44% de los votos en las elecciones del 13 de septiembre, lo que le otorga una mayoría absoluta en el Parlamento, el Sejm. Se trata de un récord europeo y también en la reciente historia democrática de Polonia, tras la desaparición del régimen comunista, en 1989.

    El PiS se impuso a la Coalición Cívica (KO) centro-liberal, que obtuvo el 27% de los votos; a la izquierda, que vuelve al Parlamento con casi el 12%; y a la coalición del Partido Campesino y los antisistema de derechas, Kukiz15, que llegan al 9%.

    La aplastante victoria del partido que dirige Kasczinski representa un revés para Bruselas; Varsovia se ha convertido en una de las capitales de la UE que se resiste a aplicar las políticas comunitarias en el apartado de reparto de inmigrantes, pero también representa un contrapeso a la política liberal, multiculturalista y profederalista de los órganos rectores del Club de los 27.

    El "macronismo" y una parte de la izquierda europea combaten desde hace años al Gobierno polaco, sin haber podido rebajar, más bien han contribuido a lo contrario, el apoyo popular al gobierno conservador del PiS.

    El presidente francés ha encabezado la cruzada contra Jaroslaw Kaczynski. Tras las reformas judiciales emprendidas por el Gobierno polaco, Emmanuel Macron sentenció que "Polonia no es en absoluto un ejemplo para Europa". El inquilino del Elíseo también arremetió contra Varsovia por su resistencia a las medidas ecológicas que París impulsa en la UE: "La verdad es que, si hay un país que bloquea todo, ese es Polonia".

    Para Macron, el "pueblo polaco merece algo mejor". Pero tanto el mandatario francés, como otros de sus colegas europeos y buena parte de la intelectualidad del Viejo Continente no han sabido ver que la mayoría de ese pueblo polaco al que hacen referencia se siente representado por un gobierno que, guste o no, además de haber cumplido con las promesas sociales, ha tenido en cuenta otros aspectos distintos a los económicos, como los culturales o los religiosos de una nación cuya historia deberían conocer.

    Una economía "de izquierdas"

    Andrewj Nowak, conocido catedrático conservador de la Universidad de Cracovia, afirma que el voto al PiS "es una advertencia a las élites postcomunistas y a su consenso liberal". Según Nowak, los polacos votan por un Estado más social, protector, basado en la identidad nacional, y están hartos de ser tratados como colegiales por París o Bruselas".

    El "milagro polaco" se traduce en una inversión masiva en gasto social que provocaría la envidia de cualquier partido europeo de izquierdas: bajada en la edad de jubilación, sanidad gratis a los mayores de 75 años, renacionalización de algunos bancos, salario mínimo aumentado en un 50% hasta alcanzar los 925 euros al mes de aquí a 2023, ayuda de 100 euros por hijo hasta que cumpla 18 años y eliminación del impuesto sobre la renta a los menores de 26 años.

    Constituye un Estado Providencia mantenido gracias a un crecimiento de un 4% y que presume de una cifra de paro de apenas un 5%, que muchos de sus vecinos querrían al oeste de la línea Oder-Neisse (Frontera polaco-alemana). Por supuesto, parte de ese "milagro" viene de los presupuestos comunitarios, única arma de castigo que la UE puede utilizar contra Varsovia.

    Soldado polaco al lado de las banderas de EEUU, Polonia y la OTAN (archivo)
    © REUTERS / Kacper Pempel
    La experiencia del paso brutal del sistema socialista al capitalismo en los años 90 dejó fuera de juego a muchos polacos que no han olvidado ese periodo, como subraya el ex primer ministro Leszek Miller, antiguo miembro del Partido Obrero Unificado Polaco (POUP, el partido único de la era comunista) y posteriormente jefe de Gobierno reconvertido en socialdemócrata.

    Tres décadas después, un pueblo de "chalecos amarillos" compone el grueso de los votantes del PiS. Como en otros escenarios del continente europeo, las élites liberales se despreocuparon del mundo rural y de los olvidados en el proceso de transición a la modernidad instalada en los principales centros urbanos.

    Identidad y religión

    Jaroslaw Kasczinski ha sabido jugar con ese factor y ha contado además con la ayuda inestimable de la siempre poderosa iglesia católica polaca, principal baluarte de la defensa de los "valores tradicionales", lo que se traduce hoy en el rechazo a lo que en otros países comunitarios se defienden como avances sociales, el matrimonio homosexual encabezando la lista.

    Al PiS se le acusa de controlar los medios de comunicación públicos y en especial la televisión. Algo que, si bien nadie duda, no dista mucho de las críticas que la oposición dirige a sus gobiernos en otros países europeos, como Francia o España, por ejemplo.

    También como en otras latitudes, tratar de "deplorables" a los votantes del PiS, de fascistas o de ultraderechistas, como ha hecho cierta oposición y algunos medios de prensa, no parece el mejor método para hacerles cambiar de opinión.

    Fuera de Polonia, incluso los especialistas en el peligro de desaparición que corren las democracias liberales, como el catedrático de Harvard, Yascha Mounk (autor del libro "El pueblo contra la democracia") no tiene reparo en titular un artículo reciente "La democracia en Polonia está en peligro de muerte". Fue antes de los comicios. Hoy deberíamos, pues, asistir al funeral de la democracia polaca. El grado de participación en las elecciones ha sido del 61%. Otro récord para una democracia presuntamente moribunda.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    conservadores, plebiscito, élite, UE, elecciones, Polonia
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