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    La campaña a favor del impeachment de Donald Trump en Washington, EEUU

    El 'impeachment' a Trump, con pocas probabilidades de éxito

    © AFP 2019 / Andrew Caballero-Reynolds
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    La decisión del Parlamento estadounidense de abrir un proceso de destitución contra Donald Trump ha puesto sobre el tapete varias interesantes preguntas. ¿Tiene probabilidades de prosperar el 'impeachment'? ¿Ha habido otros casos similares en la historia de Estados Unidos? ¿Cómo acabaron?

    La Constitución norteamericana de 1787 es bastante clara al respecto del proceso de destitución, que consta de dos partes: juicio político y destitución.

    Estipula que la Cámara de Representantes (la Cámara baja del Congreso):

    • es la "única facultada" para declarar que es pertinente el juicio político y presentar las acusaciones;
    • otorga al Senado (la Cámara alta) el "derecho exclusivo" de juzgar las acusaciones formuladas contra el presidente y regula que son necesarios los votos "de dos tercios de los miembros presentes" para que prospere la condena;
    • finalmente, dictamina que el presidente será "separado de su puesto", es decir, destituido, tras ser acusado y declarado culpable de "traición, cohecho u otros delitos y faltas graves".

    En la argumentación para que los estados ratificaran la Constitución federal, Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores de EEUU, explicaba en marzo de 1788 (número 65 de la revista The Federalist Papers) que el poder otorgado al Congreso se concretaba en juzgar "aquellas ofensas derivadas de la falta de ética de los hombres públicos, dicho de otra manera, del abuso o la violencia de la confianza del público.

    Son de una naturaleza que, con peculiar propiedad, puede denominarse POLÍTICA, ya que se relacionan principalmente con las lesiones causadas inmediatamente a la sociedad misma. Su enjuiciamiento, por esta razón, rara vez dejará de agitar las pasiones de toda la comunidad y de dividirla en partes más o menos amistosas u hostiles para el acusado".

    Las pruebas de delito

    ¿Cuál es delito cometido? En un documento de nueve páginas que transcribe una conversación telefónica entre Trump y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ocurrida en julio, el jefe de la Casa Blanca parece condicionar la entrega de ayuda militar a Kiev a cambio de la reapertura de una investigación a Hunter Biden, hijo del exvicepresidente Joe Biden, su principal adversario demócrata para la reelección.

    Las palabras de Trump serían la 'pistola humeante', la prueba definitiva de un supuesto abuso de poder, la excusa perfecta para abrir un procedimiento parlamentario que se antoja largo y complejo.

    El documento fue filtrado a la prensa capitalina por un confidente anónimo. El denunciante ha accedido a testificar ante el Parlamento, que le ha garantizado que mantendrá su anonimato. Ahora se encuentra bajo protección federal porque teme por su seguridad.

    La denuncia resulta muy grave porque desvela no sólo el presunto abuso de poder de Trump y la participación de otros aliados suyos, como su abogado, el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, o el fiscal general William Barr. También destapa que empleados y abogados de la Casa Blanca intentaron encubrir el escándalo, colocando la transcripción de la conversación en un sistema informático sólo reservado para información altamente clasificada.

    Trump ya está digiriendo el espinoso asunto. Se hace la víctima ante lo que considera una persecución histórica. Ha sacado su artillería retórica a través de Twitter, alegando que se trata de otra 'fake news'. Sostiene que el impeachment es la "única herramienta" que poseen los demócratas para echarle, sin importarles las consecuencias. Ha empezado a desacreditar al "chivato" que sacó a la luz sus excesos.

    ​Él ya sabe quién es pero no puede revelar su nombre. Su Gobierno ha filtrado que se trata de un hombre, empleado de la CIA, que hasta hace poco trabajaba en el equipo de inteligencia de la propia Casa Blanca. Con esos datos no parece difícil ponerle cara. Algunos ya ofrecen hasta una recompensa económica para conocer su identidad.

    "Como cualquier norteamericano, merezco ver a mi acusador", ha declarado Trump, aunque una ley federal protege al confidente.

    Adam Schiff es otro objetivo de la ira presidencial. Como presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Schiff encabeza la investigación autorizada por Nancy Pelosi, la líder demócrata del brazo legislativo. Trump ha acusado a Schiff de actuar de manera "descarada" y "siniestra" y quiere que sea investigado por "traición" "al más alto nivel", es decir, que se enfrente a la pena capital. Un exceso verbal.

    Adam Schiff, presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes de EEUU
    © REUTERS / Al Drago
    Adam Schiff, presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes de EEUU

    La verborrea trumpista, en opinión de bastantes comentaristas locales, incluso moderados como David Gergen, exasesor de Richard Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan, ha entrado en una fase frenética, emocionalmente desequilibrada y peligrosa que nunca se había visto, o incluso imaginado, en la historia de EEUU. Por ejemplo, Trump difundió por Twitter la idea de que si los demócratas le destituyen, eso "provocará una fractura como la Guerra Civil" de la que la nación "nunca se recuperará".

    ​Suena alarmista.

    Consecuencias

    El impeachment puede tener poco recorrido porque la Cámara alta está controlada por los republicanos (53 escaños) frente a los demócratas e independientes (47). Para destituirle, 20 senadores republicanos tendrían que votar a favor de ello en un proceso que correrá paralelo a la campaña para las presidenciales de noviembre de 2020.

    Parece muy difícil pero no imposible. Mucho dependerá del estado de la opinión pública nacional y, sobre todo, del coste electoral que tenga para el Partido Republicano abandonar o apoyar a Trump. La investigación sacará a la superficie mucha basura oculta bajo las alfombras del poder.

    ¿Qué ocurrirá en los próximos 12 meses? Algunos periodistas norteamericanos ya elucubran con posibles escenarios o "universos". Uno de ellos da mucho miedo pues especula que el presidente, en un intento de desviar la atención del ciudadano, favorecería un conflicto armado en Irán, Corea del Norte, el mar de China Meridional o Venezuela.

    La Historia también le favorece a Trump. Tres presidentes antes de él se vieron en una tesitura parecida: Andrew Johnson (1868), Richard Nixon (1974) y Bill Clinton (1999). Ninguno fue destituido. El primero se salvó por un voto de diferencia. El segundo dimitió un mes después de que presentaran el pliego de acusaciones por el famoso caso Watergate. El tercero y último, implicado en el caso Lewinsky, fue absuelto por el Senado pues sólo 45 senadores de los 100 votaron a favor de su condena.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    Ucrania, Volodímir Zelenski, destitución, impeachment, Donald Trump, EEUU
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