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    Las banderas de Túnez

    Túnez: de la "revolución" al desencanto

    © Sputnik / Natalia Seliverstova
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    Los tunecinos han castigado a los partidos políticos que iniciaron la transición de la dictadura a la democracia, bajo la estela de la "Revolución de jazmín", que dio inicio a las revueltas árabes en 2010-2011.

    Los representantes del sector laico postburguibista y los islamistas de Ennahda, que han gobernado en coalición anti-natura durante los últimos tres años, pagan la impotencia para mejorar la situación social y económica de los tunecinos. Dos candidatos considerados "antisistema" y "populistas" se declaran vencedores en la primera vuelta de las presidenciales.

    La bandera de Túnez
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    Considerar al empresario Nabil Karoui "antisistema" es, sin embargo, un poco osado. Cierto es que no forma parte de la clase política que se ha hecho con el poder tras la caída de Ben Alí, pero tampoco hubiera podido edificar su imperio empresarial y su canal de televisión sin el acuerdo, primero del propio dictador, y después, de una parte del régimen surgido de la transición.

    Karoui, en prisión acusado de presunto fraude fiscal y blanqueo, verá sus cuitas judiciales olvidadas si se impone en la segunda vuelta. En un país que ha perdido más de 100.000 personas desde el estallido de la "revolución", las deficiencias del Estado dejan espacio a "generosos" donantes como Karoui, que se ha ganado el apoyo de los desheredados repartiendo dinero y bienes de primera necesidad. Unos lo llaman caridad, otros, compra de votos. Pero sería ingenuo sorprenderse de esa "política" cuando es la oportunidad que utilizan también en el Magreb y el Machrek no ya solo individuos aislados, sino organizaciones islamistas.

    Karoui no es, sin embargo, el candidato más votado en esta primera vuelta. La sorpresa la personifica Kais Saied, un jurista y conocido comentarista político sin partido, que pone los pelos de punta a la izquierda y a las organizaciones feministas tunecinas por su conservadurismo. Contrario a la legalización de la homosexualidad y a la derogación de la pena de muerte, Saied se opone también a una de las leyes que llevan meses debatiendo los diputados, la equiparación de derechos entre el hombre y la mujer a la hora de heredar. Sus enemigos políticos le consideran un "salafista".

    Para el sector denominado "modernista", representado por el primer ministro desde 2015, Yusef Chahed, ser rebasado por dos "outsiders" es una bofetada que castiga también las divisiones y cuchilladas entre el sector laico que antes unía bajo su paraguas al partido Nida Tunis, del fallecido presidente Beji Caid Essebsi.

    Castigo, también, a los islamistas

    Para los islamistas de Ennahda, el resultado de su candidato a la presidencia, Abdelfatá Muru, es también un castigo compartido con los laicos por su gestión gubernamental en los últimos tres años. Un golpe, también, para sus padrinos qataríes.

    Se habla de Túnez como el único país que ha sabido salvar los avances democráticos que las revueltas árabes inspiraron. Pero las felicitaciones que llegan del exterior no sirven para contentar a los miles de jóvenes tunecinos que con su diploma universitario no encuentran trabajo y rebasan la treintena de años con escasas soluciones a la vista, o engrosar la masa de funcionarios públicos —si tienen padrinos— o la emigración a Europa o Canadá.

    Más de un 15% de los desempleados (23% de jóvenes según cifras oficiales); una inflación del 7% y una actividad económica que oculta a las arcas del Estado el 50% del beneficio obtenido son cifras que reflejan la situación del país tras estos ocho años de transición.

    Túnez no cuenta en su territorio con el petróleo y el gas de su vecino argelino. No tiene tampoco la fuerza de intimidación política que utilizan Marruecos o Argelia con España o Francia. Y todas las promesas de ayuda económica que se le hicieron para acompañar la transición se han reducido a migajas.

    "Corrupción, prebendas, mercado negro"

    La transición política no ha sido acompañada tampoco, de momento, de una renovación del sistema productivo. Algunas de las familias que antes de la dictadura ya controlaban la economía del país, siguen frenando la apertura económica a nuevos actores, lo que para el embajador de la Unión Europea en Túnez supone "abrir la puerta a la corrupción, a las prebendas y al mercado negro".

    La Constitución tunecina aprobada en 2014 otorga al presidente del país el control de las relaciones exteriores, la Defensa y la seguridad nacional, aunque este punto no está del todo definido. Será el nuevo parlamento que se elegirá el próximo 6 de octubre, y el primer ministro que surja de él, el que deberá batallar con el nuevo presidente por el futuro desarrollo de la nación.

    El sistema electoral tunecino, proporcional, no permite mayorías claras, con lo que el jefe de gobierno está obligado a negociar cada paso legislativo con fuerzas más o menos minoritarias, lo que impide la toma de decisiones que haga avanzar el país como la ciudadanía querría.

    La 'Revolución de Jazmín' llevó a Túnez la libertad y la democracia representativa. En ocho años, esa apertura ha sufrido también el ataque del terrorismo yihadista. Las urnas reflejan ahora —tanto en votos, como en abstención— el desencanto con la nueva era democrática que, de momento, no ha servido para paliar la crítica situación económica y social de la inmensa mayoría.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    árabes, democracia, dictadura, transición, revolución, Túnez
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