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    El Ártico, la última frontera de la nueva Guerra Fría

    © Sputnik / Alexander Liskin
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    EEUU ha mostrado un inusitado interés por Groenlandia. Donald Trump ha manifestado que la Casa Blanca está estudiando la posibilidad de comprar a Dinamarca ese territorio de 2,1 millones km2 de extensión. ¿La razón? Sus formidables recursos naturales pero también su estratégico acceso al Ártico, la última frontera de la nueva Guerra Fría.

    No es la primera vez que Washington lanza una oferta de este tipo a las autoridades de Copenhague. Ya lo hizo el presidente Harry S. Truman, en 1946, poco después de concluir la Segunda Guerra Mundial, al ofrecer 100 millones de dólares de los de entonces.

    Groenlandia, que pertenece administrativamente al Reino de Dinamarca, tiene un gobierno y un parlamento propios hace ya cuatro décadas. Desde 2008 goza de un amplio estatus autonómico. Le fueron transferidas todas las competencias excepto la política exterior y financiera, y la seguridad. Aunque la metrópoli es miembro de la Unión Europea desde 1973, los daneses votaron en 1982 en un referéndum que Groenlandia abandonara el club comunitario, circunstancia que se produjo tres años después.

    La isla más grande del planeta tiene un enorme atractivo geoestratégico, que la Administración Trump no ha desdeñado, máxime cuando allí se halla la base aérea de Thule, situada a 1.500 kilómetros del Polo Norte y levantada en 1943 por los estadounidenses, primero como una pequeña estación meteorológica y de radio. La causa de esa inclinación es que las costas septentrionales de Groenlandia están bañadas por las aguas del Océano Glaciar Ártico, donde se libra una lucha hegemónica internacional.

    Washington es bien consciente de la gran desventaja que tiene en esta batalla ante Moscú. La Federación Rusa no sólo posee mucho más territorio ártico que Estados Unidos —el norte de Siberia frente a Alaska— sino que, además, le lleva décadas de gestión, desarrollo e investigación en el Ártico con buques rompehielos militares o civiles que navegan en invierno por esas frías latitudes y se adentran en la desembocadura del río Yeniséi.

    Sólo así se entiende que la Administración de Barack Obama ordenara en 2016 la construcción de seis rompehielos, que empezarán a entrar en servicio dentro de cuatro años, y que, según declaró en 2017 el almirante retirado Paul Zukunft, podrían ir armados con misiles crucero "en caso del peor escenario".

    Zukunft, comandante en jefe del Servicio de Guardacostas de EEUU entre 2014 y 2018, estimaba en 2017 que al Departamento de Defensa le llevará "una generación" alcanzar las capacidades militares de Rusia en esa remota región. "Si miras a este tablero de ajedrez que es el Ártico, nos han dado jaque mate nada más empezar la partida", recalcó el citado almirante. De hecho, Rusia tiene una flota de 40 rompehielos pesados frente a los dos de EEUU (el USCGC Healy y el USCGC Polar Star), de los que sólo uno, el primero de ellos, es capaz de navegar por el Ártico.

    Groenlandia dispone de unas grandes reservas de gas, petróleo y agua dulce, este último un bien imprescindible que escaseará a lo largo de este siglo. Es un "gran negocio inmobiliario", en palabras de Trump. Pero la batalla va más allá de la 'Isla Verde' (eso significa Groenlandia en danés), y se focaliza en el Ártico, en la conquista de un continente que no existe, una vasta zona que engloba los intereses de ocho naciones: Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia y Suecia. Todas ellas tienen soberanía sobre territorios dentro del Círculo Polar Ártico y crearon en 1996 el Consejo Ártico, un foro encargado de promover la cooperación y la coordinación de los Estados miembros, a la que ya se han sumado una docena de Estados observadores.

    Pero, ¿qué hace tan interesante al Ártico?

    En primer lugar, el progresivo deshielo producido por el cambio climático abre la vía a un nuevo corredor de rutas marítimas alternativas a las actuales que permitiría el paso de buques por el nordeste y el noroeste, reduciendo considerablemente los tiempos de travesía y favoreciendo de esa forma los intercambios comerciales entre Europa, América y Asia oriental.

    El segundo factor de atención es particularmente económico. Un estudio del Servicio de Geología de EEUU realizado en 2008 señala que el Ártico podría llegar a albergar el 22% de las reservas mundiales sin descubrir de petróleo y gas. A estas fuentes de riqueza se sumarían importantes puntos de pesca y de metales valiosos, como bauxita, carbón, cobre, diamante, manganeso, molibdeno, níquel, oro, plomo o zinc.

    Como escriben los politólogos franceses François Thual y Richard Labévière, "lo que está en juego en el Ártico es el reparto de las riquezas petrolíferas y minerales" terrestres y submarinas. El experto en política internacional, Pedro Baños, en su libro 'Así se domina el mundo: Desvelando las claves del poder mundial', incide también en este aspecto cuando escribe, citando a los dos anteriores especialistas, que "Estados Unidos persigue en Groenlandia asegurar que la futura exploración de las riquezas naturales y de las sociedades industriales y comerciales sea efectuada por empresas norteamericanas.

    Actualmente el primer empleador groenlandés es la empresa estadounidense Alcoa, una de las mayores productoras de aluminio en bruto, muy activa en sectores clave de la industria, como el armamento, el aeroespacial, la automoción o la construcción".

    El fuerte interés por estas tierras heladas e inhóspitas provocó disputas territoriales entre los países ribereños que a día de hoy todavía no se han resuelto. Así, Dinamarca considera que la Dorsal de Lomonósov —que cruza el océano desde las islas rusas de Nueva Siberia hasta la isla canadiense de Ellesmere— es una extensión de Groenlandia, pero tanto Rusia como Canadá sostienen que es una prolongación de su plataforma continental.

    Los rusos incluso enviaron una expedición científica submarina, que en 2007 plantó su bandera nacional tricolor, hecha de titanio, en el fondo marino del Polo Norte, a 4.200 metros de profundidad. Ese es el contexto en el que se mueve la oferta de compra de Trump.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    Donald Trump, recursos naturales, Rusia, Groenlandia, EEUU, Ártico
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