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    Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, y Pablo Iglesias, líder de Podemos

    España no está madura para un Gobierno de coalición

    © AFP 2019 / Pierre-Philippe Marcou
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    La incertidumbre en torno a la investidura de Pedro Sánchez (59)
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    España ha estado a punto de tener el primer Gobierno de coalición desde febrero de 1936. Pero no pudo ser.

    El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la formación izquierdista Unidas Podemos no alcanzaron un acuerdo para compartir responsabilidades ministeriales, lo que implica la posibilidad de que los españoles tengan que acudir a las urnas el 10 de noviembre. Esa sería la cuarta convocatoria de elecciones parlamentarias en cuatro años.

    ¿Cuáles han sido las razones de este fracaso de las fuerzas de izquierda?

    Los egos: Una parte muy importante de lo sucedido se explica por la pésima relación personal existente entre el presidente del Gobierno en funciones, el socialista Pedro Sánchez, y el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. Son dos machos alfa muy ambiciosos. Pese a una cierta afinidad ideológica, sus continuos desencuentros en el hemiciclo solo han provocado un sentimiento de desconfianza que les ha llevado a la intransigencia e incluso al veto personal. En mitad de las duras negociaciones, el propio Sánchez declaró que Iglesias era uno de los obstáculos que impedían el pacto. Le acusó de no ser lo suficientemente democrático porque suele hablar de "presos políticos" a propósito de la crisis en Cataluña. Iglesias aceptó el órdago y dio un paso a un lado, aunque siguió controlando el proceso a distancia. Su sorprendente decisión puso en graves aprietos a La Moncloa, pues su relato se basaba en culpar a Unidas Podemos de las dificultades.

    El gurú: En toda negociación de este tipo existe un consultor político, un spin doctor, un gurú iluminado. El de esta historia se llama Iván Redondo, y actualmente es nada menos que el jefe de gabinete de Sánchez, aunque era amigo de Iglesias hace tres años. Redondo fue el ideólogo de la moción de censura que echó del poder a Mariano Rajoy. Ahora pareciera interesado en repetir los comicios para que el PSOE arañara más representantes a Podemos y sus aliados. Su gestión se encuentra actualmente en la cuerda floja.

    La aritmética: El PSOE posee el triple de escaños que Unidas Podemos, 123 frente a 42. Los últimos buscaban una vicepresidencia más cinco ministerios muy concretos, pero luego ese número se redujo a tres, siendo la cartera de Trabajo el principal escollo. El apoyo de Unidas Podemos era esencial. El candidato socialista necesitaba más votos positivos que negativos, la mayoría simple que marca la Constitución de 1978. Al final fueron 124 síes, 155 noes y 67 abstenciones, incluidas las 42 de Unidas Podemos.

    Las filtraciones: Los medios de comunicación afines a cada bando publicaron filtraciones interesadas, informaciones que impidieron sobremanera la discreción del esfuerzo de los dos principales negociadores, la vicepresidenta del Gobierno socialista, Carmen Calvo, y el secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique. Fiel a su papel de perseguir el interés público, la prensa reprodujo conversaciones entre ambos y sus respectivos equipos. En una de ellas Calvo le decía a Echenique que a la patronal le "inquietaba" la eventualidad de que Podemos se hiciera cargo del Ministerio de Trabajo. También se desveló que la Vicepresidencia había manipulado un documento de trabajo que les había entregado sus interlocutores, al cambiar en el título la palabra "propuestas" por "exigencias".

    La derecha: En España todavía no existe la suficiente madurez democrática como para que los partidos de derecha —el Partido Popular y Ciudadanos— garanticen la gobernabilidad del país con su abstención. Sus diferencias con el PSOE no son sólo ideológicas sino también coyunturales. Ambas formaciones mantienen un "cordón sanitario" hacia Sánchez porque éste trata de tú a tú con los grupos separatistas vascos y catalanes, aunque estos sean legítimos y legales.

    La falta de tiempo: En Alemania las negociaciones para formar el Ejecutivo duraron casi seis meses. En España se perdieron casi 80 días por falta de altura de Estado. Al final, cuando arrancó el diálogo, sólo quedaban cinco jornadas antes de la investidura. Todo discurrió contrarreloj, lo que desató muchas tensiones y no pocas confusiones.

    ¿Y ahora qué? ¿Cuáles son las consecuencias?

    Volver a empezar. En primer lugar, Sánchez ha puesto el marcador a cero, es decir, ha vuelto al escenario posterior a los comicios del 28 de abril. Ya no se plantea la coalición con Podemos sino la aproximación hacia la derecha para lograr su ansiada abstención. Mientras tanto, han arreciado las descalificaciones y contragolpes sucios. Por ejemplo, Podemos ha recordado la tesis doctoral de Sánchez, presuntamente plagiada.

    División interna. El fracaso ha desatado una fuerte discusión dentro de Unidas Podemos. Uno de sus diputados más reconocibles, Alberto Garzón, líder de Izquierda Unida, la formación que engloba al Partido Comunista de España (PCE), está dispuesto a votar a favor de Sánchez en una nueva votación, incluso sólo a cambio de un acuerdo programático, es decir, sin pedir un puesto en el Consejo de Ministros. También se han escuchado voces autocríticas en el seno del PSOE por la ausencia de visión política o la tardanza negociadora.

    ¿Nuevas elecciones? La investidura fallida del día 25 de julio supone el arranque de la cuenta atrás de dos meses para que Sánchez reciba la confianza del Congreso de los Diputados. El plazo vence el 23 de septiembre. Si no se alcanza un acuerdo antes, entonces Felipe VI se vería obligado a disolver las Cortes Generales. El Rey ha aplazado hasta septiembre la segunda y última ronda de negociaciones con las fuerzas políticas con representación parlamentaria. El objetivo es calmar un tanto los ánimos caldeados. Por tanto, los españoles se van en agosto de vacaciones sin saber si en noviembre habrá o no elecciones.

    El escenario electoral no es nada propicio. Podría darse el caso de que Madrid siguiera en octubre con un Gobierno en funciones —y muy limitado— como hasta ahora, pero además con un Congreso y un Senado no constituidos. Septiembre se presenta muy intenso. Octubre es el mes previsto para la sentencia del Tribunal Supremo contra los políticos independentistas catalanes acusados de rebelión y sedición. Y el 31 de octubre es la fecha límite para la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), con la amenaza de un Brexit salvaje sobre la cabeza de todos.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Tema:
    La incertidumbre en torno a la investidura de Pedro Sánchez (59)
    Etiquetas:
    Pablo Iglesias, Unidas Podemos, PSOE, coalición, Pedro Sánchez, España
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