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    Protestas antigubernamentales en Tirana, Albania

    Albania, nuevo incendio en el patio trasero de Europa

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    Luis Rivas
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    Las cada día más violentas manifestaciones contra el gobierno socialista de Albania, agudizan la crisis política que vive el país desde que la oposición de centroderecha decidiese boicotear el Parlamento y pedir la dimisión del primer ministro, acusado de fraude electoral y colusión con el crimen organizado.

    Edi Rama es el jefe del gobierno albanés desde que su partido ganara las elecciones legislativas de 2013 y 2017. Con 74 diputados de los 140 de la cámara legislativa, disfruta de la mayoría absoluta. Artista y exjugador de baloncesto, Rama tuvo como padrino político a Tony Blair, quien movilizó a su equipo de propagandistas para crear una sucursal de su "tercera vía" en los Balcanes.

    Pero Rama, cuyo partido, ahora socialdemócrata, es el heredero del Partido del Trabajo de los comunistas albaneses, recibe también un apoyo con reservas de la Unión Europea y de Estados Unidos, más interesados en cuestiones estratégicas y de seguridad en el patio trasero de Europa, que en la capacidad del jefe de Gobierno albanés en sacar adelante las reformas que puedan borrar de la opinión internacional la imagen de un país minado por la corrupción y dirigido por el crimen organizado que sufre Albania desde el final del régimen comunista, en 1990.

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    El opositor partido conservador, Partido Democrático (PD), dirigido por Lulzim Basha, es el organizador de las protestas callejeras que salpican todas las semanas la capital del país desde el pasado febrero, al ritmo de cócteles molotov lanzados contra la oficina del primer ministro, y la respuesta en forma de gases lacrimógenos de las fuerzas policiales.

    Basha, cuya formación política está integrada en el Partido Popular Europeo, dice pretender "liberar a Albania del crimen organizado y la corrupción", y amenaza con boicotear las próximas elecciones locales, previstas para el 30 de junio. Argumenta desde hace dos años que la victoria de su rival en las legislativas fue producto de un fraude generalizado. Acusación que, por cierto, fue demostrada en parte por La Voz de América, el medio de propaganda oficial del gobierno norteamericano. Rama considera todas las informaciones en ese sentido como producto de la "basura periodística"

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    Al PD se le reprocha, sin embargo, haberse opuesto en el pasado a la reforma del sistema judicial del país, que desde el exterior y el interior se considera el principal problema de Albania. Para el partido de Basha, las reticencias hacia esa reforma formaban parte de su lucha política contra su rival. Bruselas y Washington critican su llamamiento a la violencia callejera y le instan a participar en los comicios municipales de junio.

    Los opositores ponen en evidencia la incapacidad del gobierno para acabar con las redes de tráfico de estupefacientes que controlan algunas zonas del país, donde las fuerzas del orden no podían entrar hasta hace poco. Albania es el principal productor de cannabis de Europa, una mercancía que supone un tercio del Producto Interno Bruto nacional.

    Edi Rama, que gobernó en coalición desde las legislativas de 2013 hasta su victoria en 2017, se dio diez años para poder llevar adelante las reformas anticorrupción. Un compromiso para intentar calmar las exigencias de la Unión Europea, que otorgó en 2014 el estatuto de candidato a la integración en el club comunitario.

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    El portazo de la UE

    Tanto Rama como el líder de la oposición recurren a Europa para demostrar sus buenas intenciones políticas. En una zona donde la bandera norteamericana es aireada más que la azul con estrellas amarillas, gobierno y oposición aseguran "querer ser como otro país de la UE". En esa batalla es sabido que el partido que gobierne, si la entrada en la UE se hace realidad, será siempre recordado como el que propició el maná de ayudas millonarias provenientes de Bruselas hacia los socios más pobres de la organización. Una garantía de permanencia en el poder y de control de los flujos en euros.

    Pero el sueño comunitario parece estar todavía muy lejos. La crisis de la UE tiene como una de las principales consecuencias la paralización de cualquier proceso de ampliación. Una inmensa mayoría de sus miembros no quiere ni oír hablar de nuevos socios. Así se ha confirmado después de la reunión celebrada por la UE en Sibiu, Rumanía, a principios de mes. Ni una palabra en el comunicado final, ni un minuto dedicado durante las conversaciones a la recepción de nuevos países. Ni una mención hasta que no se celebren las elecciones europeas. Los líderes de la UE saben que la mayoría de los ciudadanos de Europa no quiere aumentar la "familia comunitaria".

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    El jefe de gobierno albanés blande siempre el mismo argumento para hacer presión al Consejo Europeo, el verdadero gobierno de la UE, compuesto por los jefes de gobierno de los 27. La "amenaza rusa" está siempre en palabras de Rama, quien subraya que los Balcanes no pueden convertirse en una "zona gris" que pueda ser aprovechada "por Moscú o el islamismo".

    Una base de EEUU "contra la amenaza rusa"

    Nada mejor, para ese fin, según las autoridades de Tirana, que acoger una base militar norteamericana en su suelo. La ministra de Defensa albanesa, Olta Xhacka, ya en una visita a Washington hace un año declaraba: "Ha llegado el momento para que Estados Unidos establezca una presencia en Albania". Xhacka volvió a airear el argumento favorito de la política exterior albanesa: "Rusia intenta aumentar su influencia y sus acciones desestabilizadoras a través de sus servicios secretos, sus inversiones o su propaganda". Albania es miembro de la OTAN desde 2009.

    Mientras los sueños europeos y atlantistas del gobierno pretenden calmar las protestas callejeras, la decepción de los ciudadanos aumenta y desborda también el marco político delimitado a la oposición. La juventud que no disfruta de los beneficios de las mafias o el clientelismo político se ve obligada a emigrar. Los que no pueden hacerlo denuncian cómo la nueva burguesía local ligada a la corrupción ya vive según los "estándares occidentales", gracias a una política neoliberal que ha hecho de la austeridad el remedio que la mayoría debe pagar para que Albania se convierta en "un país como cualquier otro de la Unión europea".

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    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    crisis política, manifestaciones de protesta, Albania