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    Donald Trump, presidente de EEUU

    Trump, atrapado en sus propias mentiras

    © REUTERS / Kevin Lamarque
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    Francisco Herranz
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    La Cámara de Representantes de Estados Unidos, dominada por la oposición, ha conseguido una indiscutible victoria en su pulso contra Donald Trump, al doblegar la voluntad del histriónico presidente.

    Trump está cada vez más atrapado en sus propias contradicciones, en su propio discurso, una narrativa plagada de mentiras y exabruptos. Y la derrota en esta pelea es consecuencia directa de sus palabras, pues él mismo había dicho que no le importaba el cierre del Gobierno federal si los diputados y senadores demócratas no aceptaban sus exigencias presupuestarias a propósito del muro fronterizo con México.

    Al final, el líder de la Casa Blanca cedió, pero demostró, de nuevo, una desfachatez insultante. Dijo que estaba "muy orgulloso" de haber alcanzado un acuerdo que ponía fin al calvario de 800.000 trabajadores de la Administración federal, pero no admitió su fracaso aunque no recibió nada a cambio.

    "Como todo el mundo sabe, tengo una alternativa muy potente, pero no quise usarla por el momento. Esperemos que sea innecesaria", dijo el 25 de enero delante del Rose Garden de la Casa Blanca. Al mencionar la "alternativa muy potente", Trump se estaba refiriendo, con mucha jactancia, a la prerrogativa constitucional que dispone de decretar el estado de emergencia nacional, lo que le permitiría financiar el muro sin la aprobación del Congreso.

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    El presidente de EEUU alabó a los trabajadores federales, llamándoles "patriotas increíbles" que "han sufrido más que nadie" con el parón administrativo. Pero inmediatamente después, añadió que el cierre podría volver a producirse en tres semanas, esto es, el 15 de febrero, si no fructifican las negociaciones entre el Ejecutivo y el Parlamento.

    Lo cierto es que el cierre de las oficinas gubernamentales o 'shutdown' se ha prolongado por espacio de 35 días, siendo el más largo de la historia del país. Ha afectado a 800.000 trabajadores, especialmente a los empleados del Internal Revenue Service (IRS), la agencia federal encargada de recaudar los impuestos, al personal de seguridad de las fronteras (lo que no deja de ser una paradoja sorprendente), y a los funcionarios de las prisiones federales, tres colectivos laborales que tuvieron que trabajar un mes sin sueldo. Aquellos empleados públicos que viven al día vieron cómo tenían que pedir dinero a amigos y familiares para hacer frente a sus gastos cotidianos.

    Levantar el bloqueo era ya una cuestión de seguridad nacional porque estaba provocando retrasos en importantes aeropuertos por falta de personal especializado. El mismo Trump así lo reconoció.

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    El acuerdo representa, por tanto, una importante victoria para las huestes demócratas, quienes se habían negado de plano a aceptar la propuesta de Trump de financiar con 5.700 millones de dólares la construcción del muro. También significa un golpe al orgullo y a la arrogancia del dirigente norteamericano.

    La presidenta del Congreso, Nancy Pelosi, se ha alzado como la gran vencedora de esta contienda aún inconclusa. La representante del 12 distrito electoral de California (incluido en la ciudad de San Francisco) lleva nada menos que desde 1987 en el Legislativo, órgano que ya presidió en una ocasión. Es un hueso duro de roer, una mujer experimentada en largas negociaciones con otros presidentes.

    Pelosi y Trump se enzarzaron rápido en una confrontación. Ella rescindió la invitación cursada a Trump para que pronunciara el habitual discurso sobre el estado de la Unión que estaba previsto para el 29 de enero, y alegó razones de seguridad motivadas por el 'shutdown'. Él respondió negándole a ella el uso de un avión militar para hacer un viaje a Afganistán y visitar a las tropas estadounidenses allí desplegadas.

    "Nuestra unidad es nuestro poder, y eso quizás es lo que ha subestimado el presidente", respondió radiante Pelosi, tras escuchar las palabras del jefe del Estado.

    Pelosi ha sido muy astuta, ya que rechazó las negociaciones sobre el muro y bloqueó el tema del discurso presidencial hasta que no se abriera el gobierno. Eso resultó una maniobra muy hábil.

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    La batalla dejó cicatrices en Trump y su equipo. Parece que sus ministros no están en contacto con sus ciudadanos y eso quedó claro cuando el secretario de Comercio, Wilbur Ross, se preguntaba en voz alta en una entrevista por qué los trabajadores federales que no recibían los salarios se quedaban sin crédito. Además, la impopularidad del empresario reconvertido en estadista se ha disparado en los últimos meses —ya se encuentra en el 58%—, mientras que la mayoría de sus compatriotas le culpa a él y al Partido Republicano de lo ocurrido. Incluso sus partidarios más acérrimos le han llamado "cobarde" por no cumplir sus promesas.

    ​Trump debería pensarse mucho lo de volver a echar la llave. Su jefe de Gabinete en funciones, Mick Mulvaney, dijo que hablaba en serio en cuanto a repetir el espectáculo del cierre, a pesar de que el coste del 'shutdown', sólo en la economía de la capital, Washington, ha sido cuantificado en 1.600 millones de dólares.

    El inquilino de la Casa Blanca se aferra al manido relato de que la frontera meridional es un coladero de criminales e inmigrantes ilegales, pero los expertos aseguran que no hay pruebas de ello. De hecho, el número de detenciones de inmigrantes ilegales en la frontera fue en 2017 el más bajo desde 1971, y el narcotráfico se realiza mayoritariamente a través de puntos establecidos. La única crisis que vive la zona es la humanitaria, de gente sencilla que busca asilo y huye de la violencia en sus países centroamericanos. Trump exagera. Pero repitiendo el mensaje ha conseguido desdibujar las líneas entre lo real, lo incierto y lo falso.

    El debate sobre el muro ha dejado de ser una cuestión de dinero. Para los republicanos ya representa un símbolo de su política de mano dura hacia el inmigrante ilegal. Para los demócratas, por el contrario, ya es un medio de frustrar los deseos del presidente y ganar apoyos entre la comunidad latina.

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    Si Trump declarara el estado de emergencia nacional a finales de febrero, eso tendrá daños posiblemente irreparables para su carrera de cara a las elecciones de 2020 y para las aspiraciones del partido que le apoya, porque llevaría el enfrentamiento entre poderes a los tribunales de justicia, donde el presidente podría sufrir un revés esta vez definitivo. Repetir la broma cruel del cierre de la administración tampoco le saldría gratis. Veremos lo que hace.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    gobierno, muro, cierre, presupuesto, Donald Trump, Nancy Pelosi, EEUU, México