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    Pablo Iglesias, secretario general de Podemos

    España: la derecha se une; la izquierda se fragmenta

    © REUTERS / Javier Barbancho
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    Alianzas del centro a la derecha. Fragmentación a la izquierda. En una semana el panorama político español ha cambiado sustancialmente y abre la puerta a nuevos movimientos tectónicos en un año electoral.

    El nuevo presidente de Andalucía, Moreno Bonilla, del conservador Partido Popular, toma posesión de su cargo en plena euforia del centro derecha por haber descabalgado del poder al Partido Socialista después de 36 años de mandato. El candidato de la derecha obtiene el puesto gracias al pacto suscrito con los centristas de Ciudadanos y con el apoyo exterior de los diputados de Vox, la derecha populista sin cuyo plácet el pacto no hubiera sido posible.

    En la misma semana, Podemos, el partido que nació hace cinco años para dar una patada en el tablero de la política tradicional y ventilar el panorama anquilosado del bipartidismo, vivía una de sus crisis más graves. Íñigo Errejón, uno de sus fundadores e ideólogos, decidía presentarse como candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid bajo otras siglas, las de 'Más Madrid', de la alcaldesa Manuela Carmena, que, aspirante a renovar su cargo, aceptaba unirse en tándem al joven político.

    Errejón dinamita la estrategia de Podemos y de su líder, Pablo Iglesias, a solo cuatro meses de citas electorales autonómicas, municipales y europeas (y quién sabe si generales). Aunque no abandona el partido oficialmente, Errejón admite que la marca Podemos ya no vende y, peor, espanta a muchos votantes —los menos radicales— que en un principio apoyaron al movimiento como alternativa a la izquierda tradicional representada por socialistas e Izquierda Unida.

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    El 'disidente' señala los resultados de Andalucía como "un aviso" de lo que podría pasar en otras regiones de España y propugna "una apertura a la ciudadanía, superar las siglas y sumar más gente". Es decir, en otras palabras, menos ideología y menos sectarismo.

    Pablo Casado, el presidente del PP
    © AFP 2019 / Pierre Philippe Marcou
    Errejón, que era el último de los líderes que con Pablo Iglesias fundaron Podemos, se borra también de la foto en un desafío personal y político a su (ex) compañero para intentar emprender una carrera desligado de la política de Iglesias, al que no había conseguido derrotar en el interior del partido.

    En cinco años, Podemos ha pasado de soñar con convertirse en el primer partido de España y de la izquierda, a contentarse con una tercera plaza en las elecciones generales y a dirigir, con otras fuerzas, importantes ciudades del país. Es algo espectacular para una formación tan joven, pero quizá no suficiente como para que la dinámica que le impulsara en el nacimiento pueda seguir siendo aplicada a un escenario nacional e internacional que ha cambiado brutalmente en solo un lustro.

    El factor catalán

    Durante ese periodo, la crisis provocada por los independentistas en Cataluña debe ser subrayada como uno de los elementos que más ha perjudicado a Podemos. La ambigüedad mostrada ante el independentismo, el apoyo a una consulta para la autodeterminación, y la vaga idea de una España plurinacional, han hecho perder votos en el resto de España a Podemos, y han dejado heridas en el interior del partido. Carolina Bescansa, apartada de la dirección, fue la primera en criticar el acercamiento al independentismo catalán. Errejón blande la bandera rojigualda sin rubor y habla de España sin complejos. Forma parte de su estrategia diferenciada.

    Pero Cataluña es solo un capítulo en el catálogo de disensiones dentro de Podemos. A Pablo Iglesias le reprochan muchos comentaristas, incluso cercanos, su 'hiperliderazgo', por no atreverse a hablar de autoritarismo. Y aunque el control del partido ha funcionado con el apoyo de las bases, la figura personal del líder quedó también dañada con el capítulo personal de la compra, con su mujer y compañera de partido, de una vivienda espectacular en una zona residencial, que tuvo que ser sometida a juicio interno. Pablo Iglesias es hoy entre los líderes políticos españoles el peor valorado en las encuestas de opinión.

    La iniciativa de Errejón, al que se le tacha de oportunista y desde dentro de Podemos se le invita a dejar su escaño en las Cortes, descoloca también a la formación aliada con su partido, Izquierda Unida, que ya había pactado nombres con Iglesias en la candidatura para la Presidencia de Madrid.

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    También Izquierda Unida ha sufrido un desgarro en los últimos días. El histórico político Gaspar Llamazares ha decidido crear una formación diferente y aliarse con el juez Baltasar Garzón en 'Actúa'. La fragmentación de la izquierda puede ser aún mayor si Podemos pierde el apoyo de sus aliados regionales en Cataluña, Valencia o Galicia.

    Izquierda en pedazos

    El Partido Socialista, apoyado circunstancialmente por Podemos a nivel estatal, dice temer esa desintegración de fuerzas de izquierda a nivel municipal, pero a la larga, y pensando en alianzas futuras para dirigir el gobierno de la nación, podría ser el gran beneficiado a la izquierda.

    A Errejón, los críticos dentro de Podemos siempre le han considerado como mucho más cercano a las tesis socialdemócratas, renovadas con la salsa de la actualidad. Ahora interpretan su estampida como la construcción de una pasarela hacia el Partido Socialista. Recordemos que Pablo Iglesias se opuso a investir a Pedro Sánchez como jefe de Gobierno en el primer intento del ahora primer dirigente español.

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    La marca Podemos se diluye cuando aparece la marca Vox. La irrupción en el Parlamento andaluz de 12 diputados impulsados por más de 400.000 votos fue respondida por Iglesias con una llamada de alerta al fascismo. Para Errejón, esos votantes andaluces no son fascistas: "Vox es un síntoma; nuestro combate debe ser contra las causas, como la desigualdad, la incertidumbre, el desempleo y la precariedad". Cualquier ocasión es buena para mostrar la diferencia.

    El fenómeno Vox puede extenderse por España y todos los dirigentes políticos lo tienen en cuenta. El Partido Popular y Ciudadanos gobiernan en alianza en Andalucía gracias a Vox y lo harían, si tuvieran la oportunidad, en otras comunidades autonómicas. Pero Ciudadanos también puede ligarse con los socialistas si entre las dos formaciones llegan a tener la opción. Es el deseo de muchos dirigentes del PSOE, hartos de concesiones al independentismo y deseosos de liberarse del apoyo táctico de Podemos. Ese pacto sí que sería un 'cordón sanitario' natural y sin estridencias frente a Vox.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK    

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    derecha, izquierda, Podemos, VOX, Pablo Iglesias, España
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