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    Julian Assange, fundador de WikiLeaks

    El futuro de Assange, ligado a la libertad de prensa

    © AP Photo / Kirsty Wigglesworth
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    Francisco Herranz
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    Julian Assange va camino de pasar sus sextas Navidades encerrado dentro del número 3 de la calle Hans Crescent de Londres. Este australiano de 47 años buscó refugio en la Embajada de Ecuador en Londres allá por junio de 2012, cuando se enfrentaba en Suecia a una acusación por presuntos abusos sexuales.

    En realidad lo que entonces estaba buscando este experto informático era protección diplomática para escapar de la agobiante persecución que sufría a manos de las autoridades estadounidenses, quienes no le perdonan haber difundido escandalosos y avergonzantes secretos de Estado.

    La causa sueca fue archivada en mayo de 2017, y se suspendió la orden de arresto, pero la amenaza continúa bien viva. El fundador de WikiLeaks teme, con mucha razón, que, si abandona la legación diplomática, será detenido por las autoridades británicas, quienes le requieren por no haberse presentado ante el juez que le iba a extraditar a Suecia. Assange considera que el Reino Unido le enviará a Estados Unidos para que responda por la revelación de documentos y vídeos clasificados. Allí afrontaría la pena de muerte. La agencia de noticias Associated Press y otros medios de información desvelaron que Assange se enfrenta en Estados Unidos a cargos no especificados, presentados en secreto por el Departamento de Justicia.

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    Hasta el año pasado, mientras Rafael Correa gobernó Ecuador, Assange residió sin demasiados contratiempos en el elegante barrio londinense de Knightbridge. Sin embargo, la ascensión al poder de Lenín Moreno —quien fuera el vicepresidente constitucional de Correa— ha trastocado el panorama por completo. A finales de 2017, el máximo mandatario ecuatoriano exigió a Assange que firmara un documento donde se comprometía a no hacer declaraciones sobre asuntos de política interna de otros países. Ante su incumplimiento, Moreno decidió incomunicar al activista y negarle el acceso a Internet. Según las autoridades ecuatorianas, la estancia de Assange en la legación ecuatoriana le ha costado al país unos seis millones de dólares, una cifra que parece exagerada.

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    En octubre de este año a Assange le aplicaron un protocolo de comportamiento muy estricto, considerado "autoritario" y "unilateral" por su equipo de abogados, entre quienes destaca el exjuez español Baltasar Garzón. El documento establece que desde diciembre, por recortes presupuestarios, Assange deberá cubrir sus propios gastos de alimentación, cuidados médicos, lavandería u otros relacionados con su estancia en la Embajada, al igual que las facturas de alquiler, electricidad, agua potable, calefacción y el servicio de comunicaciones por wifi. Además, el refugiado tendrá que hacerse cargo del bienestar, alimentación, aseo y cuidado adecuado de su gato, pues en caso contrario deberá ser entregado a otra persona o a un refugio de animales fuera de la misión diplomática.

    Y esta actitud poco amistosa se ha agravado recientemente. El nuevo embajador ecuatoriano en Reino Unido, Jaime Marchán, ha llegado a declarar que la presencia de Assange es un "daño incuantificable" para las relaciones bilaterales. "La Embajada no es un campamento de asilo, sino una misión diplomática que tiene una gestión diaria que cumplir", dijo Marchán. Para el Gobierno de Quito, Assange es un "huésped incómodo". Dentro de esta permanente campaña de presión, el propio presidente Moreno manifestó recientemente que "está hecho el camino para que el señor Assange tome la decisión de salir a una casi libertad" y afirmó que Londres le había garantizado que el australiano no sería extraditado a un país donde su vida corra peligro, es decir, a EEUU. La defensa del famoso asilado rechazó el trato. Lenín Moreno pretende complacer a Washington y parece dispuesto a sacrificar la libertad y la integridad de su invitado a cambio de que los norteamericanos les perdonen su parte de la deuda externa.

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    "La sugerencia de que mientras la pena de muerte esté fuera de la mesa, Assange no debe temer la persecución es obviamente errónea", dijo Barry Pollack, otro de los letrados que han impugnado el citado protocolo ante la justicia ecuatoriana por violación de derechos humanos. "Nadie debería tener que enfrentarse a cargos penales por publicar información veraz", añadió Pollack. Ese es, precisamente, el quid de la cuestión. Assange está perseguido por haber difundido, a través de WikiLeaks, datos altamente sensibles para Estados Unidos como documentos muy importantes escritos y audiovisuales, militares y diplomáticos, incluidos crímenes de guerra perpetrados en Irak y en Afganistán.

    Fundada en 2006 por Assange, WikiLeaks se ha convertido en el caballo de Troya de muchos gobiernos occidentales.

    No era la primera vez que Ecuador ideaba alternativas para resolver el asunto. A finales de 2017, concedió al australiano la nacionalidad ecuatoriana, pese a que no cumplía todos los requisitos de la legislación nacional, para que pudiera acceder a un salvoconducto diplomático y, con ello, trasladarse a la Embajada en Rusia. Reino Unido no lo aceptó. También se intentó darle un nombramiento diplomático para que pudiera concluir su encierro. No funcionó.

    Diputados alemanes y del Parlamento Europeo han pedido en una carta remitida al secretario general de la ONU, el portugués António Guterres, que se le permita a Assange abandonar la Embajada de Ecuador y partir hacia un país seguro. "La continua y arbitraria amenaza por parte de Reino Unido y Estados Unidos, su privación de libertad durante años, la continua separación de su familia y amigos, la falta de una atención médica adecuada y el reciente aislamiento del señor Assange desde marzo de este año, son graves e indignantes violaciones de los derechos humanos en el centro de Europa", reza la misiva.

    Es lógico que estos parlamentarios europeos se inquieten por el caso ya que tiene graves implicaciones para la libertad de expresión no sólo en EEUU sino también en todo el mundo. El futuro de Assange está ligado a la libertad de prensa. Abre la vía a la muerte del mensajero; abre el debate sobre la magnitud de las cloacas de los Estados.

    Lo lamentable es que, como publica el director de Le Monde Diplomatique, Serge Halimi, "el ensañamiento de las autoridades estadounidenses con Assange se ve alentado por la cobardía de los periodistas que lo abandonan a su suerte, o incluso que se deleitan con su infortunio. Así, en el canal MSNBC, el presentador estrella Christopher Matthews, excacique del Partido Demócrata, se atrevió a sugerir que los servicios secretos estadounidenses deberían "actuar al estilo israelí y secuestrar a Assange". 


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    asilo político, asilo, WikiLeaks, Julian Assange, Reino Unido