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    La industria del cine en Venezuela, ¿una alternativa al petróleo?

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    José Negrón Valera
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    "La guerra se libra por la mente de la humanidad" nos advierte el intelectual venezolano Luis Britto García, en su libro 'El imperio contracultural'. Sin embargo, no es una guerra de cualquier tipo, tiene como campo de batalla la cultura.

    En esta guerra rige la imposición "de la voluntad al enemigo extraterritorial o de clase" a través del establecimiento de una cierta forma de pensar, de valorar el mundo y su papel dentro de él. Estados Unidos, como máximo y más eficiente actor dentro de esta clase de guerra, solo decide bombardear cuando sus proyectiles ideológicos fallan.

    Desde que los hermanos Lumière, hace más de cien años, dieran los primeros pasos para fundar las bases del cine, este se ha convertido junto a la televisión en la más potente maquinaria para la persuasión de los individuos. Estilos de vida, valores, creencias. El modelaje ha sido masiva y milimétricamente dirigido, a través de un universo imaginacional del cual parece que nadie está completamente a salvo.

    En esta lucha verdaderamente asimétrica, quisimos explorar las posibilidades de que en Venezuela pudiese surgir una verdadera industria cinematográfica que contribuya a que el imaginario de venezolanos y suramericanos, no solo se nutra de las imágenes, sueños, expectativas y metáforas 'made in USA'; sino que además, pueda contribuir al desarrollo socioeconómico del país.

    El punto de vista del director

    Para José Antonio Varela, cineasta y expresidente de la Villa del Cine, es posible pensar de manera positiva. "El cine venezolano tiene 60 años haciéndose inventándose, adaptándose a situaciones. Estamos en una coyuntura muy complicada que nos ha cambiado por completo la forma de aproximación y la forma en que quizá podemos hacer películas, pero los cineastas que estamos aquí buscamos opciones" afirma. A juicio de Varela, lo importante es insertar el cine "dentro de un proyecto de recuperación del país completo, y no aislarlo en una burbuja".

    Varela resalta la importantísima política que en el sector cinematográfico impulsó la Revolución Bolivariana. Enfatiza que de una o dos películas que se hacían al año en la década de los noventa, se pasó a más de treinta películas por año luego de la llegada del presidente Chávez. "Cada vez que ibas al cine en esos años, existía una oferta de unas cuatro películas hechas en el país. Gracias a eso, fue posible que la película más taquillera en la historia del cine en Venezuela, fuese una venezolana" apunta.

    ​Según Varela "se puede ofrecer a Venezuela como un lugar de alto perfil para que sirva como plataforma para hacer películas, para atraer inversión para la producción nacional e internacional. Pero eso requiere grandes niveles de organización y planificación. En el caso del cine, los involucrados en dichos proyectos cinematográficos, están acostumbrados a que hacerlos realidad lleve de cinco a siete años. Una política que no tenga estudios, soportes, que no tenga proyecciones, no va a convencer a un productor cinematográfico. La improvisación no es una opción".

    Sin embargo, no todo es optimismo. Existen una serie de obstáculos a vencer, para superar la coyuntura difícil que vive el sector cinematográfico en el país.

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    "Todos los mecanismos con los que se hicieron la mayor cantidad de películas se han debilitado o desaparecido. Un ejemplo es el programa de Ibermedia, que es un programa internacional, del cual Venezuela es uno de los fundadores. Ese programa con el que se hicieron grandes películas y donde se promueve la coproduccion internacional en estos momentos está abandonado, tenemos tres años sin pagarlo, las películas que han ganado ese beneficio y que han estado en ese espacio no han cobrado ese dinero, no lo pueden cobrar, estamos suspendidos del programa, el CNAC está dando unos montos de aporte que son irrisorios con lo que no se paga el honorario de una persona una semana, esa es la realidad. La Villa del Cine sigue apoyando algunas películas pero está muy mermada".

    Ante la pregunta sobre qué debemos hacer para lograr un resurgir de la industria cinematográfica. Varela tiene bastante claras las respuestas:

    "Contamos con un personal técnico de muy alto nivel formado en Venezuela y que se mantiene en el país. Hay un proyecto que no ha logrado consolidarse, y que es algo que hacen la mayoría de los países, y es conformar lo que se denomina Comisión Fílmica (Film Comission) que se encargue de promover los servicios de cine en cada país destacando la infraestructura, la calidad de los espacios, de los técnicos. En estas ferias como las de Fitven (Feria Internacional de Turismo de Venezuela) debería haber un estand de dicha Comisión para atraer y concertar negocios. Por último, justamente ahora en Venezuela, hay una solicitud de los gremios cinematográficos para que se corrija un tema del reglamento de la ley de cine y se pueda recibir aportes de privados. Si una empresa privada apoyase una película, y eso pudiese traducirse en una rebaja del impuesto que paga al fisco, sería un incentivo para que se apoye al sector".

    El punto de vista del productor

    G.A. Mercado es un consultor empresarial y productor de cine, cuya pragmática visión acerca del mundo cinematográfico viene legada por su trabajo como gerente de negocios de una importante transnacional en Estados Unidos. Contrario a lo que se puede pensar, considera que la sobreexposición que se le ha dado a Venezuela en los medios de difusión internacionales, es una rendija para promover los contenidos que se producen en el país.

    "Ya no somos un país invisible. Venezuela ha estado en la narrativa noticiosa mundial por los últimos 20 años, por lo que cualquier narrativa audiovisual nacional de óptima calidad ya tiene el camino allanado para captar audiencias durante su estreno. Los que quedamos y sabemos hacer en esta industria, valoramos nuestra identidad y estamos entregados a impulsar la diversificación económica en esta tardía y única oportunidad histórica" afirma.

    ¿Cómo seríamos más competitivos en términos de producción cinematográfica?

    —No hay industria de cine sin buenas historias bien contadas. La única manera para hacer que nuestra oferta cultural sea exportable, en otras palabras, competitiva, es desarrollando nuestras capacidades narrativas audiovisuales. Esto no se puede lograr con talleres ni cursos ni carreras de "cine" ni con los tradicionales "guionistas" venezolanos que no han generado industria hasta la fecha. El camino para desarrollar guionistas que estén a la altura de las exigencias narrativas y expectativas audiovisuales de las audiencias mundiales es a través de un programa de desarrollo de narrativa similar al programa Feature Film Program del Sundance Institute liderado por un visionario competente y acompañado por aquellos profesionales latinoamericanos con comprobada trayectoria en la industria del cine mundial como los señores Guillermo del Toro, Guillermo Arriaga, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, entre otros de su altura.

    ¿Quiénes piensa que son los llamados a impulsar el fortalecimiento de esta industria cinematográfica?

    —Solo los países verdaderamente soberanos promueven y desarrollan sus industrias culturales. Por lo que el Estado deberá ser el promotor principal, ajustando las leyes bancarias a las particularidades de esta industria, estableciendo carteras de crédito en la banca pública y la banca privada para los productores de cine, en divisas o en petros, y velando por el fiel cumplimiento de las metas anuales de estas carteras de crédito. Sin dolientes ni responsables, no hay industria.

    El desarrollo de la industria del cine exige no solo de una constante renovación tecnológica, sino también de la aplicación metódica y disciplinada de todo un proceso industrial bastante claro que comienza con la concepción del proyecto hasta la recolección de la taquilla, y esto toma su tiempo considerable, es complejo y depende de mucho capital financiero. Para producir una película de "bajo presupuesto", asumiendo que un país X tenga talento "altamente calificado y competitivo", los estándares y las exigencias de la industria para que un producto audiovisual pueda participar, competir y ser aceptado visualmente por una audiencia, más allá de la calidad del guión, no baja de cuatro millones de dólares estadounidenses o su equivalente en otras divisas fiat, en cualquier parte del mundo.

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    Adicionalmente, la Villa del Cine pudiera atraer a productores/producciones internacionales y así captar divisas, solo si transforma su actual personalidad jurídica de fundación sin fines de lucro, e imposibilitada para el comercio internacional, a compañía o sociedad anónima, de capital/participación mixto o consignada en comodato a un productor, legal y penalmente responsable, con auditoria externa e independiente (firma privada internacional china o rusa), y con una distribución al Estado anual y equitativa de las utilidades.

    ¿Cuáles son las "buenas prácticas" que hay que apuntalar para el establecimiento de una industria de cine y televisión en Venezuela, y cuáles serían las "malas prácticas a erradicar"?

    —Buenas prácticas: 1.Toda industria se desarrolla cuando los participantes generan soluciones reales y competitivas para satisfacer las necesidades y/o expectativas de una audiencia específica o insatisfecha. Las audiencias quieren y buscan recrearse. 2. Entender que los productores con probadas habilidades en desarrollo empresarial son quienes conciben, desarrollan, producen, distribuyen, comercializan y colectan la taquilla. Ellos son los únicos líderes y únicos responsables del éxito, o fracaso, de la industria del cine.

    ​Malas prácticas: 1.Creer que el fin último de la industria del cine es la expresión artística de sus creadores o la obtención de premios nacionales o internacionales. 2. Pretender desarrollar una industria de cine con quienes han tenido acceso a recursos nunca antes dispensados por ningún Estado en ninguna otra parte del mundo, y no han podido distribuir una película en los mercados internacionales para generar una utilidad neta o retorno por encima de la inversión inicial.

    ¿Cómo podría una industria cinematográfica fuerte y pujante contribuir al desarrollo socioproductivo del país?

    — Con mucha disciplina y sobriedad, una industria cinematográfica genera tributos en divisas para la nación, beneficia directamente la industria turística, mantiene una constante actividad económica para guionistas, actores, músicos, artistas de las artes plásticas y textiles, técnicos y desarrolla servicios como la hostelería, el transporte, la alimentación, los servicios de seguridad, confección textil, carpintería, comercio, etc.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    cultura, cine, Venezuela