03:44 GMT +313 Diciembre 2018
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    Presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping

    G20: Europa teme las consecuencias de la guerra EEUU-China

    © REUTERS / Carlos Barria
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    Luis Rivas
    El mundo se prepara para la cumbre del G20 en Argentina (129)
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    El encuentro de Donald Trump y Xi Jinping en el G20 ha levantado más expectación que una final de Copa Libertadores. Buenos Aires acoge una nueva confrontación entre proteccionismo y apertura de mercados, pero también una serie de citas bilaterales con mucho picante.

    Con Estados Unidos como animador del encuentro y China en el papel de rival designado, la Europa desunida teme convertirse en la víctima del foro.

    No se le puede negar al presidente norteamericano su papel de agitador de reuniones internacionales. Tradicionalmente, una reunión del G20 atraía la atención de especialistas que después se encargaban de traducir al público las consecuencias de lo decidido. Donald Trump no ama el consenso y se presentó como un candidato que defendería por encima de todo los intereses de su país, pasando, si es preciso, por la derogación de normas y acuerdos internacionales. Y así lo cumple.

    ​Trump ha diseñado, horas antes del inicio del G20 argentino, el menú del programa. Y los papeles estelares se los otorga a su país y a China. Washington amenazó con aplicar una nueva ola de tasas a las importaciones chinas por un nuevo monto de 200.000 millones de dólares, que reducirían el déficit comercial desfavorable con Pekín, estimado en 350.000 millones. Es decir, aumentar los derechos aduaneros del 10% actual, a un 25%. Antes de su llegada a Buenos Aires, sus portavoces calmaron el juego señalando que se podría llegar a acuerdos "si China se presenta con nuevas ideas, una nueva actitud y la voluntad de cooperar".

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    Estados Unidos exige a su rival asiático reciprocidad en la apertura de su mercado interno, el respeto a la propiedad intelectual y el cese del intervencionismo estatal y el fin de la exigencia de transferir tecnología a su territorio. La Unión Europea coincide con Washington en estos puntos, pero no se atreve a decirlo tan alto y claro como su aliado del otro lado del Atlántico.

    Europa viaja en ambulancia

    Europa llega a la cita bonaerense herida y desmembrada física e ideológicamente. Europa no llega en avión, sino en ambulancia. Y esa debilidad es aprovechada tanto por Estados Unidos como por China. El presidente francés se atrevió a denunciar tímidamente la expansión comercial de Pekín alegando que no se puede vivir según "la ley de la selva". Pero hasta ahí llegó la osadía y difícil será oír las mismas palabras en el G20.

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    Europa se presenta como árbitro y, al tiempo socio comercial de China, para hace frente a posibles medidas norteamericanas similares a las que Trump blande contra Pekín. Y en ese sentido, quien hace tiempo se echó a temblar es la Canciller alemana, Angela Merkel, que teme que los Mercedes, BMW o Porsche se agolpen en el muro aduanero con el que Trump amenaza a la industria alemana del automóvil. El dueño de la Casa Blanca, además, no se privará en su cara a cara con Merkel de volver a reprocharle el gasoducto Nordstream 2, que vehiculará el gas ruso hacia Europa pasando por Alemania.

    ​En horas bajas dentro de su país y en el interior de su partido, Merkel no tendrá demasiada ayuda en el colíder europeo, Emmanuel Macron. El presidente francés, que habita en los abismos de los sondeos de opinión y hace frente a una revuelta popular en su país, quiso convertirse en el interlocutor jefe europeo con el nuevo presidente norteamericano. Pero la "diplomacia del abrazo y caricias" aplicada por el francés certificó su final en las ceremonias por el Armisticio de la Segunda Guerra Mundial, cuando Macron defendió un ejército europeo para protegerse no solo de China y Rusia sino de Estados Unidos.

    Macron ya había recibido del "amigo americano" otra sonora bofetada que será amplificada en Buenos Aires. Trump se retiró del proyecto estrella de Francia, el acuerdo de preservación del medioambiente Cop21, firmado en París con toda la pompa de la que es capaz el Elíseo.

    El negociador jefe de la UE sobre el Brexit, Michel Barnier, y el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, sostienen el borrador del acuerdo del Brexit
    © REUTERS / Francois Lenoir
    Europa sale de viaje por primera vez después de su acuerdo con Londres para pactar el Brexit. Pero a Trump la historia de las "relaciones especiales" entre su país y Gran Bretaña le suenan a eso, a historia pasada, y considera que el pacto de Theresa May con la UE es demasiado positivo para la Unión Europea. El presidente norteamericano vierte agua en el champán de la premier británica, que contaba con Estados Unidos como socio comercial prioritario tras su divorcio con el club de los, ahora, 27.

    El Brexit suramericano

    Trump, por otra parte, no necesita esforzarse mucho en torpedear las pretensiones del mercado común euro-suramericano, el Mercosur. Otro Brexit se avecina desde Brasilia, sugerido por los asesores económicos del nuevo presidente electo, Jair Bolsonaro, que pretende convertirse en el mejor socio de Trump al sur del Pecos. Como prueba de esa intención, Bolsonaro ha decidido anular candidatura de su país para presidir la conferencia medioambiental COP25 que debe celebrarse en 2019.

    ​​En su afán de apertura comercial, Europa mira asustada a Washington y observa por el retrovisor cómo China avanza en su territorio. La Europa Central, integrada o no en la UE, es territorio fértil para las inversiones chinas. En Europa Central y Oriental, el proteccionismo es ideológico y no comercial. Se niegan a globalizar su historia, sus raíces y sus creencias. Y ante la impotencia de Bruselas, infraestructuras vitales, desde vías férreas a puertos, visten ya el color rojo de la bandera china. Portugal se perfila como la última etapa de la nueva ruta de la seda ("Belt and Road Inititive"). De Sanghai al Atlántico, pasando por los Urales.

    Los buques ucranianos Berdiansk y Yani Kapu, detenidos por los guardacostas rusos
    © Sputnik / Oficina de Prensa del FSB de Rusia en Crimea
    Europa volverá a enfrentar en Buenos Aires su incoherencia diplomática. El incidente en el mar Negro le ofrece nuevos argumentos "morales" para seguir manteniendo las sanciones comerciales a Rusia. Pero ese "partido moral" europeo se convierte en "partido pragmático" cuando se hacen oídos sordos al denunciado "dumping social chino", se venden armas a Arabia Saudí o se pagan cantidades exorbitantes para que Turquía haga de policía fronterizo de la UE.

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    En Buenos Aires quizá no se llegue a firmar acuerdo comercial alguno, pero una cita de los principales dirigentes mundiales con asuntos candentes como Siria, Yemen, el 'affaire Kashoggi', el acuerdo nuclear con Irán y los cambios de gobierno en América Latina atrae obligatoriamente la atención, incluyendo la disposición de los asistentes en la foto oficial.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    El mundo se prepara para la cumbre del G20 en Argentina (129)
    Etiquetas:
    guerra comercial, relaciones internacionales, política exterior, Donald Trump, Xi Jinping, Argentina, China, EEUU