03:16 GMT +313 Diciembre 2018
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    Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno de España

    España: tambores de guerra electoral

    © AFP 2018 / Cristina Quicler
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    Luis Rivas
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    Nada mejor para agitar el sentimiento nacionalista que apelar a victorias diplomáticas sobre la 'Pérfida Albión' en el histórico conflicto sobre Gibraltar. Pero para Pedro Sánchez, reclamar éxitos en el exterior es tan complicado como reivindicar avances en su política de alianza con Podemos y las fuerzas independentistas vascas y catalanas.

    El Brexit obligaba a España a actuar con contundencia y finura a la vez en para defender una postura favorable con respecto a Gibraltar, la colonia británica que Londres mantiene en el sur de la península ibérica desde 1713. Pedro Sánchez asegura que ha llegado a un acuerdo con Londres favorable a los intereses españoles. Desde la oposición, y apoyados en informes de diplomáticos que ocultan su nombre, se dice todo lo contrario.

    Pero ninguna de las dos partes perderá mucho tiempo en defender su postura. Gibraltar es un problema menor para un país que parece abocado a elecciones generales. Si el debate sobre el Peñón atrae la atención es porque forma parte de la campaña para otros comicios, los andaluces del 2 de diciembre.

    Para el Gobierno socialista de Sánchez, las elecciones andaluzas son una primera prueba en las urnas después de su llegada al poder gracias a una moción de censura al ejecutivo de Mariano Rajoy, en junio pasado. Pero Andalucía no es un reflejo de España y si los socialistas andaluces tienen todas las posibilidades de obtener un nuevo triunfo, su posible éxito —aunque será evidentemente utilizado por Pedro Sánchez— no presupone una garantía de repetición a nivel nacional.

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    Si la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, prefirió adelantar los comicios en su región fue precisamente para alejarse de las dificultades que el PSOE encuentra en el resto del Estado. Díaz ha estado gobernando los últimos años en coalición con los centristas de Ciudadanos, mientras Sánchez pervive gracias a su acuerdo parlamentario con Podemos y nacionalistas. La presidenta andaluza no oculta sus diferencias con Sánchez en la política de acercamiento a los independentistas y a sus acuerdos con Podemos, y ha preferido desligarse de la campaña electoral para las elecciones generales que su jefe de partido deberá convocar tarde o, previsiblemente, temprano.

    Andalucía, como test

    En Andalucía será interesante conocer con qué partidos los socialistas se coaligarán si se confirma que obtienen una victoria sin mayoría absoluta. Repetir acuerdo con Ciudadanos sería lo más lógico, aunque por obligaciones de campaña electoral ambos partidos se lancen cuchilladas. Si los socialistas alcanzan, sin embargo, un acuerdo de gobierno con Adelante Andalucía (la marca con que se presentan Podemos e Izquierda Unida) será con muchas más dificultades ideológicas para Susana Díaz, alejada de los postulados más radicales de la líder más a su izquierda, Teresa Rodríguez.

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    Si se diera la sorpresa y Ciudadanos encabezara los resultados, será también interesante comprobar si estos optan por gobernar con el Partido Popular en una coalición de centroderecha, que según los sondeos sería la favorita para los andaluces, o si repiten con los socialistas. Como nuevo elemento, Andalucía será también el primer test del partido a la derecha del PP, Vox, tras su "renacimiento". En cualquier caso, el resultado electoral andaluz marcará, al menos, la estrategia de los partidos que concurran a las urnas a nivel estatal.

    Pablo Casado, el presidente del PP
    © AFP 2018 / Pierre Philippe Marcou
    Y Pedro Sánchez, a pesar de sus esfuerzos por finalizar su mandato en 2020, parece convencido ya de que no podrá seguir gobernando hasta entonces. En primer lugar, los presupuestos acordados con Podemos, que para ambos grupos representan un esfuerzo de cara a las clases más humildes y la clase media, están bloqueados por la actitud de los partidos independentistas catalanes que sostienen al Gobierno Sánchez. Tanto Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), como el Partit Democrata de Catalunya (PDeCAT) se oponen a aprobar los presupuestos si Sánchez no accede a sus peticiones, especialmente sobre los políticos que permanecen en prisión tras el referéndum ilegal del 1 de Octubre de 2017, y a la exigencia de un referéndum sobre la autodeterminación.

    Los planes económicos de Sánchez y su aliado Pablo Iglesias han recibido, por otra parte, las críticas de la Unión Europea, el FMI y la OCDE, y Pedro Sánchez no está por la labor de desafiar a sus socios de la UE, como el Gobierno italiano está haciendo con sus planes económicos.

    Seguir gobernando con los presupuestos de Mariano Rajoy —que, por cierto, los socialistas aprobaron en la oposición— parece imposible en el nuevo escenario político. Pablo Iglesias así lo ha manifestado también y prepara ya a su organización para una campaña electoral anticipada.

    Rehenes del independentismo catalán

    Pedro Sánchez ha sido acusado de hacer concesiones de todo tipo a los partidos independentistas catalanes para obtener su apoyo a los presupuestos. En especial, se le achacan medidas en el apartado de la Justicia, tratando de allanar el camino para obtener una sentencia benigna a los políticos presos catalanes, apartando a magistrados y fiscales y haciendo presión con declaraciones favorables incluso a indultar a los inculpados.

    El problema para el PSOE es que antes de llamar a elecciones debe buscar la garantía de poder repetir una coalición parlamentaria como la actual. Sus devaneos con los independentistas le podrían costar caro a nivel nacional.

    Solo la debilidad del Partido Popular es una buena noticia para los socialistas. El PP, que estrenará líder, Pablo Casado, en los próximos comicios, se recupera apenas de golpe recibido en las Cortes tras la moción de censura a Rajoy. Los sondeos le sitúan por debajo de Ciudadanos, que no podrían intentar un gobierno de centroderecha precisamente por la debilidad del PP.

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    Portavoces del PSOE lanzaron el globo sonda de un posible "superdomingo" electoral en mayo que englobara elecciones nacionales, europeas y autonómicas. Los barones regionales del partido empezaron a temblar. Muchos de los responsables socialistas en diferentes comunidades autonómicas preferirían —como ha hecho Susana Díaz— desligar su suerte a la de su jefe Pedro Sánchez, temerosos de que la política nacional de su partido les reste posibilidades a nivel regional.

    Que Pedro Sánchez es rehén del independentismo catalán para poder seguir gobernando es una realidad y no una opinión. Si los "presupuestos sociales" no salen adelante, tampoco a Podemos le interesaría seguir de la mano de su actual aliado y, al tiempo, primer enemigo político electoral en la izquierda. Pablo Iglesias y la dirección de su partido trabajan ya, según diferentes fuentes, en la probabilidad de un adelanto electoral al mes de marzo, y así se lo trasladó al Consejo Ciudadano estatal —máximo órgano de dirección entre asambleas— convocado de forma extraordinaria para ir sentando las bases de la estrategia electoral. Iglesias lo dijo claramente, "es inviable gobernar por decreto ley con las cuentas de Mariano Rajoy".

    La irrupción de Vox

    Pedro Sánchez comenzó su mandato recurriendo al pasado y a la historia, con una medida que pensaba no generaría polémica: sacar del Valle de los Caídos los restos del general Franco. La operación se ha complicado y podría ser peor para su partido si la familia del dictador consigue que su cadáver repose en la Catedral de la Almudena, en pleno centro del Madrid turístico. Franco y ahora Gibraltar. Dos bazas del pasado que siguen pesando en el presente político como añagaza electoral.

    Pero en ese juego con la historia quien puede salir más beneficiado es el partido Vox, que podría hacer su entrada en el parlamento andaluz por primera vez, en un aperitivo de lo que sueña para el parlamento estatal. El PP teme que Vox le robe votos a su derecha. Y no se equivoca.

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    La izquierda está respondiendo a Vox con desprecio y con calificativos de "extrema derecha". Como si el vocabulario fuera un freno para los electores que se están refugiando en ese partido. Salvando las distancias, más les convendría estudiar el caso francés con el antiguo Frente Nacional. La izquierda francesa dejó asuntos como la delincuencia, la inmigración —antes—; la política social y la identidad —hoy— en manos de la "extrema derecha". Años más tarde, el nacionalpopulismo defendido por Marine Le Pen es hoy la primera opción electoral de los franceses.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    elecciones, Brexit, PSOE, Podemos, UE, Pedro Sánchez, Mariano Rajoy, Gibraltar, Andalucía, Cataluña, España