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    John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca

    John Bolton, la mano negra de la Administración Trump

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    Francisco Herranz
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    La agresiva política exterior estadounidense tiene nombre y apellidos: John Robert Bolton. El actual consejero de Seguridad Nacional de EEUU es la mano negra, el Leviatán del equipo de Donald Trump.

    Si por él fuera, ya habrían atacado preventivamente a Corea del Norte e Irán. Ha aplaudido el anuncio de retirada de Washington del tratado de desarme de misiles nucleares de corto y medio alcance. Y ahora está moviendo desde la sombra los hilos para formar una coalición latinoamericana con la intención de invadir Venezuela.

    Experto en Derecho Internacional, licenciado por la reconocida Universidad de Yale, ha trabajado para las administraciones republicanas desde los años de Ronald Reagan. George Bush hijo le nombró subsecretario (viceministro) de Estado para Control de Armas y Seguridad Internacional, puesto que ocupó desde 2001 hasta 2005. Posteriormente fue designado embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, responsabilidad que desempeñó hasta el último día de 2006. Tras trabajar como asesor, abogado y hasta como comentarista de televisión, el presidente le fichó en abril de 2018 para ser su asesor en materia de Seguridad Nacional, un puesto de alta responsabilidad en la Casa Blanca que ya han cumplido los tenientes generales Michael Flynn y Herbert Raymond McCaster desde que Trump llegó al poder.

    Bolton es un halcón intransigente, un unilateralista furibundo, un neocon convencido. Su unilateralismo a ultranza fortalece el conocido lema electoral de Trump: "América primero" y ataca cualquier esfuerzo multilateral que se precie como, por ejemplo, el tratado nuclear con Irán, el acuerdo sobre cambio climático de París. Desprecia el G-7, la OTAN y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Bolton ha sido el embajador estadounidense ante la ONU más controvertido de la Historia pues no ha dudado en poner en cuestión la misma existencia de esa organización internacional creada tras la Segunda Guerra Mundial.

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    Algunas de las frases pronunciadas por Trump en su reciente discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas reflejaban los escritos y observaciones que ha hecho Bolton en los últimos años.

    Así, cuando el presidente norteamericano declaró que nunca entregarán "la soberanía de Estados Unidos a una burocracia global no elegida e irresponsable", no solo estaba recogiendo la dura crítica de su asesor hacia la Corte Penal Internacional (CPI), emitida a principios de septiembre, sino que también repetía sus palabras de hace más de una década. Bolton ha rechazado siempre, de plano, la legitimidad de las elites "globalistas" de las instituciones internacionales como la CPI o la ONU, argumentando que no deberían influir en la libertad de acción de Washington porque la Constitución de EEUU no les otorga ningún papel.

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    Cuando Trump enfatizó que su Gobierno rechaza la ideología del globalismo y abraza "la doctrina del patriotismo", también parafraseaba a Bolton, quien en 2000 escribió que el globalismo "representa una especie de cartelización mundial de gobiernos y grupos de interés" que desemboca inevitablemente en el "gobierno global". Para él, los costes del globalismo "son demasiado altos".

    Uno de los proyectos cumplidos por Bolton fue la retirada de EEUU del Comité de Derechos Humanos de la ONU en junio de 2018. Ya lo buscaba cuando era embajador y entonces no dudó en alinearse con quien fuera para conseguir su meta. Finalmente trabajó con su sucesora, Nikki Haley, para que se produjera ese abandono.

    Abrasivo pero eficaz, Bolton ha logrado que su jefe anuncie que se retiran del Tratado de Fuerzas Nucleares Intermedias (INF, según sus siglas en inglés), un documento firmado por Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en 1987, que permitió la destrucción de cientos de misiles balísticos terrestres y de crucero con un radio de acción de hasta 5.500 kilómetros, y prohibió también su fabricación.

    ​Este arriesgado paso unilateral reactivará la carrera nuclear al romper el control sobre el armamento más letal. El propio Trump lo ha verbalizado en plan amenazador. Moscú ha considerado que se trata de una decisión "muy peligrosa" que afectará a la seguridad de todo el planeta. Rusos y americanos llevan varios años acusándose mutuamente de violar el acuerdo INF, uno de los pilares que acabó con la Guerra Fría. La controvertida decisión oculta, en realidad, el interés de la Casa Blanca y el Pentágono por contrarrestar la creciente influencia política y militar de China en el Pacífico.

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    Partidario de rechazar cualquier tipo de compromiso con norcoreanos o iraníes, Bolton llegó a sabotear en 2003 las negociaciones con el líder libio Muamar Gadafi, dispuesto a entregar sus armas de destrucción masiva a cambio de mantenerse al timón.

    El veterano asesor presidencial "está viviendo su sueño", sostiene Michael Hirsh, analista de la revista de relaciones internacionales Foreign Policy, porque sus puntos de vista se han hecho oficiales, puede hablar sin tapujos y ha podido purgar de globalistas y enemigos el departamento que dirige.

    Como dice un exdiplomático estadounidense citado por Hirsh, "Bolton proporciona estructura intelectual a los impulsos viscerales del presidente, pero las cualidades erráticas de Trump le van a decepcionar".

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    Nuestro astuto personaje, reconocible por su profuso bigote cano, es seguramente una de las cabezas pensantes detrás de los oscuros movimientos que se están produciendo desde hace meses para justificar una intervención armada en Venezuela. Descartado el golpe de Estado y el magnicidio, ahora toma cuerpo la opción de conformar una "coalición internacional" regional para invadir militarmente el territorio venezolano y deponer así al presidente Nicolás Maduro. Ahí están los ejemplos de intervención en Centroamérica: Granada (1983) o Panamá (1989). Ciertos sectores de la oposición venezolana, como el exalcalde mayor de Caracas, Antonio Ledezma, exiliado en España, ya están aireando ese escenario que tendría, sin duda alguna, consecuencias insospechadas para toda Latinoamérica. La excusa que arguyen Ledezma y otros políticos dentro y fuera de Venezuela, incluido el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro, con el apoyo de Bolton, es la necesidad de proteger al país de una "catástrofe humanitaria" provocada por la falta de acceso a alimentos y medicinas. Ya ha habido una conspiración militar en mayo y un ataque con drones a Maduro en agosto. El "plan de transición" de Bolton puede terminar tan mal como la invasión de Irak de 2003. 


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    globalización, influencia, política exterior, Tratado INF, John Bolton, EEUU