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    Banderas de Brasil durante elecciones presidenciales

    Steve Bannon, el 'oráculo' que llevó al poder a Trump, visita Brasil

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    Vicky Peláez
    Elecciones presidenciales en Brasil (2018) (174)
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    Nadie en Brasil hubiera pensado hace 10 años, cuando gobernaba el carismático Luis Inacio Lula da Silva, que algún día los brasileños darían su voto de confianza a un excapitán del Ejército que promete en su campaña electoral "poner punto final a todos los activismos de Brasil".

    Si tuviera que elegir entre justicia y desorden, por un lado, e injusticia y orden, por el otro, siempre elegiría lo último

    (Henry Kissinger, parafraseando a Fausto, de Goethe, en su disertación de doctorado en Harvard, 1954)

    Jair Bolsonaro rindió homenaje en el Congreso al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, quien, durante la sangrienta dictadura militar, era el mejor alumno del 'maestro' torturador norteamericano Dan Anthony Mitrione, creador de la 'silla eléctrica del dragón'.

    No obstante, así sucedió el pasado 7 de octubre, cuando el candidato de la ultraderecha, Jair Bolsonaro, logró el 46% de votos (49 millones de votantes), pero sin alcanzar el 50% más uno requerido para evitar la segunda vuelta.

    Su rival del Partido de los Trabajadores (PT), el filósofo Fernando Haddad, quedó segundo, con el 29% de votos (30 millones de sufragios). El próximo 28 de octubre, los brasileños determinarán el destino de su país para los próximos cuatro años. Por el momento se proyecta como ganador Bolsonaro, pero todo puede suceder, pues la opinión del pueblo es frecuentemente impredecible.

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    Para asegurar la victoria de Bolsonaro, Estados Unidos ya mandó a Brasil al exestratega y exjefe de asesores de Donald Trump, Steve Bannon, quien profesa un pensamiento económico nacionalista —el populismo de derecha— y promueve ideas paleoconservadoras.

    El despacho oval durante la conversación telefónica con Vladímir Putin. De izquierda a derecha: Donald Trump, presidente de EEUU; Reince Priebus, exjefe de Gabinete de la Casa Blanca; el vicepresidente Mike Pence; Steve Bannon (al fondo), estratega jefe de la Casa Blanca y consejero presidencial; Sean Spicer, exsecretario de prensa de la Casa Blanca y director de Comunicaciones de Donald Trump; Michael Flynn, exdirector del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU.
    © REUTERS / Jonathan Ernst
    Para la última campaña electoral estadounidense, Bannon mandó filmar un documental para resaltar la necesidad de un candidato nuevo, que posteriormente sería Donald Trump, como un líder que llega en un tiempo preciso para hacer a 'América Grande de Nuevo'. En el documental, 'The Hope and the Change' ('La Esperanza y el cambio'), Bannon copió la técnica de la directora de cine alemán Leni Riefenstahl, quien produjo películas de propaganda por encargo del mismo Adolf Hitler.

    Ahora este personaje ha arribado a Brasil para 'estrechar la mano' de Bolsonaro, cuya misión, de acuerdo con el estratega de EEUU, va a ser "más ardua que la tarea de hacer triunfar a Donald Trump en EEUU".

    ​Steve Bannon declaró que no vino a Brasil por intereses financieros, sino porque ha sido un seguidor de Bolsonaro y expresó su deseo de "darle apoyo de cómo usar mejor internet, el análisis, interpretar los datos y cosas por el estilo", utilizando su experiencia como asesor de Donald Trump y de varios movimientos de derecha en Europa.

    Steve Bannon, exestratega jefe de la Casa Blanca
    © AP Photo / Andrew Harnik
    Steve Bannon, exestratega jefe de la Casa Blanca
    Para tener en cuenta los 'logros' de Bannon en EEUU hay que mencionar 'el muro de Trump' en la frontera con México, la 'Prohibición Musulmana' como parte de su agenda económica nacionalista, que promueve los intereses de la población blanca para preservar su mayoría en el país.

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    Banderas de Brasil y EEUU
    © AP Photo / Julio Cortez
    Pero la 'presencia y participación' estadounidense en los recientes comicios en Brasil no es nada nuevo. El sociólogo brasileño y especialista en relaciones internacionales Marcelo Zero escribió un artículo, 'Tem dedo da CIA nas eleiçoes do Brasil' ('Hay un dedo de la CIA en las elecciones en Brasil'), donde explica que la CIA, desde 2013, estaba utilizando en Brasil, sobre la base de la experiencia de la 'Primavera Árabe' y el 'Maidan en Ucrania', el 'rol de las emociones' para condicionar la toma de decisiones de los electores.

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    Este concepto fue elaborado por Drew Westen, profesor de la Universidad de Emory, en Atlanta, en su libro 'Cerebro político'. Según este especialista en psicología política y psicólogo clínico y de personalidad, las elecciones se ganan en el 'mercado de las emociones' y no en el de la razón y, cuando la emoción y la razón combaten, indudablemente gana la emoción".

    Entonces, para resaltar las emociones, la CIA instruyó a los medios locales de comunicación, que en un 98% están en manos privadas, sobre cómo manipular las emociones de los electores para provocar rabia, frustración, miedo, usando 'trucos sucios' para "destruir, negar, degradar y entrampar a los enemigos".

    Así, se usó la información falsa en internet contra el principal contrincante de Jair Bolsoinaro, el petista Fernando Haddad y su candidata a la vicepresidencia, Manuela d'Ávila, mediante la manipulación de fotos, vídeos y declaraciones absolutamente falsos para producir fuertes reacciones emocionales en la opinión pública brasileña.

    Este truco consiste en tener siempre en cuenta que el cerebro político es un cerebro emocional y no una máquina de cálculo desapasionado que busca objetivamente los hechos y cifras adecuadas para tomar una decisión razonada.

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    Así, como escribió Leonardo Boff, la premisa de Bolsonaro de que "debe imperar el orden a cualquier precio incluso con la militarización del Gobierno" le pareció bien a casi la mayoría de la población de Brasil, sin prestar atención a los procedimientos jurídicos y a los de justicia social (Centro Martin Luther King, 'Brasil. Democracia o Nazifascismo').

    También a casi 50 millones de brasileños que dieron su voto al excapitán les gustó su afirmación de que "hay que cambiar la política de derechos humanos, para humanos derechos y no para vagabundos y marginales que viven a costa del Gobierno".

    Estos votantes creyeron en el discurso de Bolsonaro que repetía día a día que con el petista Haddad les esperaría a los brasileños el destino de los cubanos y venezolanos, mientras que con su Gobierno vivirían en paz, armonía, seguridad y prosperidad.

    El nuevo Gobierno, según Bolsonaro, terminaría con la violencia usando la 'mano dura' y facilitaría la adquisición y porte de armas para la población para que pueda defenderse de los criminales. En su mensaje, Jair Bolsonaro siempre enfatizó los logros de la dictadura militar (1964-1985) para pacificar y hacer crecer al país económicamente.

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    Resulta, según las encuestas oficiales, que millones de brasileños "añoran aquella época dictatorial" y les parece bien que Bolsonaro rinda un homenaje al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, exjefe del Servicio de Inteligencia Militar DOI/CODI quien, fiel a la enseñanza de su 'maestro' norteamericano Dan Mitrione, dirigió y participó en la aplicación de unos 30 métodos de tortura a cientos de presos políticos durante la dictadura, produciéndoles "dolor preciso, en el momento preciso, en la cantidad precisa, para el efecto deseado" (Esquinademocrática.com, 'A Ditadura Militar e a Tortura').

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    Resulta que a las élites brasileñas, los oligarcas, a los taxistas de Uber, a los empleados de restaurantes, a los empleados de bancos, a los militares, médicos, juristas, gerentes, empresarios, los profesionales de la clase media, a la burguesía que no quiere compartir más sus ganancias con la población, a los evangélicos y católicos, a todos ellos les gusta el carisma machista de Bolsonaro, su cristianismo conservador, su rechazo a la homosexualidad y su apego tradicional a la familia.

    En 2011, en una de las entrevistas el excapitán, declaró que "nunca podría querer a un hijo gay y preferiría su muerte en un accidente". Los partidarios de Bolsonaro lo comparan con un supuesto líder antisistema, Donald Trump, quien está desafiando al establishment nacional.

    ​El hijo de Bolsonaro, Eduardo, publicó en agosto de este año una foto suya con Steve Bannon con un autógrafo del estratega que reza: "Vamos a tratar de juntar nuestras fuerzas para luchar contra el 'marxismo cultural'", definido por Bannon como "valores universales destinados a destruir todo lo nacional y en especial su industria".

    ​Y allí surge el problema, pues el programa del gurú económico elegido por Bolsonaro, Paulo Guedes, con formación económica en la Universidad de Chicago, propone la privatización de todas las compañías estatales recaudando en cuatro años dos billones de reales (538.640 millones de dólares) permitiendo el ingreso de capital extranjero. ¿Entonces, dónde queda el nacionalismo económico?

    Bolsonaro piensa empequeñecer drásticamente al Estado, reduciendo especialmente los programas sociales como educación, salud y jubilaciones, promover la flexibilización laboral, recorte de aguinaldo y vacaciones para trabajadores, contener aumentos salariales. A la vez, planifica reducción de costos para el sector empresarial privado y la creación de condiciones favorables para los inversionistas extranjeros.

    En política internacional, el 'Trump brasileño' se orientará hacia Washington y ya en su campaña electoral prometió a Donald Trump autorizar la instalación de una base militar norteamericana en el estratégico nordeste brasileño, en Alcántara, que representa un importante lugar geoestratégico como el punto más cercano entre América Latina y África.

    ​El Gobierno de Trump espera que Jair Bolsonaro ayude a EEUU a contener la expansión geoeconómica de Rusia y China en América Latina y sea un aliado en la lucha contra la Venezuela bolivariana.

    Lo curioso y, al mismo tiempo paradójico, fueron las palabras del candidato de Bolsonaro para la vicepresidencia, el general Hamilton Mourao, que habló de la necesidad del "blanqueamiento de la raza" en el país donde un 67% de la población es de origen amerindio y africano.

    Las tribus nativas, para el aspirante a ser inquilino del Palacio Planalto (palacio presidencial), están compuestas por hombres "que no hacen nada ni sirven para procrear… pero debajo de la tierra indígena, hay riqueza y tenemos que cambiar eso".

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    Para vencer a este aspirante a 'Trump brasileño', el Partido de los Trabajadores y su candidato, Fernando Haddad, a pesar de estar identificados con la defensa de los derechos humanos y protección de los derechos sociales de la mayoría de los brasileños, tienen que hacer un milagro para enfrentarse y desafiar el poder de la 'máquina de emociones' que ha convertido casi a la mitad de la población de Brasil "en unos zombis con el cerebro completamente adormecido".

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    ¿Logrará despertarse este pueblo de su adormecimiento político el próximo 28 de octubre? Nadie lo puede predecir. Lo único que se puede hacer es recurrir a lo que dijo sobre el pueblo uno de los poetas ingleses más famosos del siglo XVIII, Alexander Pope: "El pueblo es una fiera de múltiples cabezas".


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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