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    Emmanuel Macron, presidente de Francia, abraza a Kylian Mbappe, delantero de la selección francesa de fútbol, durante la ceremonia de premiación del Mundial de Rusia 2018

    Francia, el fútbol y la raza

    © REUTERS / Damir Sagolj
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    Luis Rivas
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    Tres días antes de la victoria del equipo de fútbol de Francia en el Mundial de Rusia los legisladores franceses acordaron eliminar la palabra "raza" del artículo primero de la Constitución. Tras la consecución del título mundial, ese mismo concepto acaparaba ya los debates sobre la composición "multicultural" del equipo vencedor.

    Pero si en el pasado era la extrema derecha la que insistía en los orígenes diversos de los jugadores franceses, esta año es una parte de la izquierda la que, encaramándose en una supuesta defensa del antirracismo, juega con los mismos elementos que la primera.

    Algunos medios de comunicación que dicen representar valores de la izquierda no han podido dejar escapar la ocasión para politizar a su manera el evento deportivo. Así, Liberation concluía que, sin diversidad, Francia no hubiera ganado. Lo que podría traducirse como si un equipo solo formado por blancos hubiera sido más débil. Es decir, una afirmación que podría ser considerada racista si el color de la piel de los afectados se invirtiera.

    El diario digital Mediapart aprovechó la ocasión para hacer paralelismos entre los jugadores franceses de origen africano y los emigrantes de ese continente que se ahogan en el Mediterráneo intentando llegar a las costas europeas. Pero ni Kante, ni Pogba, ni Matuidi, por solo mencionar a algunos miembros de la selección francesa, han nacido en África. Es más, cada vez que los afectados eran interrogados por la prensa, insistían en el hecho de sentirse franceses y orgullosos de haberse educado en Francia. Comparar a los campeones del mundo de fútbol con aspirantes al asilo solo por el color de la piel es 'racismo buenista', se disfrace como se disfrace.

    La obsesión de una cierta izquierda francesa con las cuestiones de raza o de diversidad cultural es preocupante, aunque quizá comprensible, dado que sus antiguos caladeros de votantes se han hartado de esperar y prefieren ahora poner sus esperanzas en el partido de Marine Le Pen.

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    Que este asunto hace perder la cabeza y algo más en Francia puede demostrarse en un tuit de la mismísima Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo (LICRA), que horas antes de la final en el estadio Luzhniki afirmaba: "un equipo multicultural y multiétnico se enfrenta hoy a una selección croata dramáticamente uniforme".

    Para el nuevo antirracismo, la nueva ideología dominante en Francia, no se trataría ya de evitar la discriminación entre las personas, sino que debería generalizarse el multiculturalismo y la mezcla étnica como medida necesaria, al menos para ganar campeonatos mundiales de fútbol.

    Que los llamados aquí "racialistas", los que celebran reuniones prohibidas a los blancos, entre otros eventos, aprovechen la ocasión para hacerse ver puede ser inevitable. Que los que cada día se ufanan en demostrar que no son racistas se sumen a la fiesta es absolutamente triste, además de ridículo.

    El filósofo Raphael Enthoven, muy activo en los medios de comunicación y especialmente en en las redes sociales lo describe a su manera: "Un saludo a los racialistas blancos desesperados y a los antirracistas profesionales que, viviendo del odio, no saben qué hacer en un país que hace la paz consigo mismo y aprecia el talento de sus jugadores, en vez de preocuparse del color de su piel. Los que viven del racismo tienen razón en quejarse; el odio está en baja".

    En la misma línea, se ha recordado una cita del escritor negro norteamericano James Baldwin: "Imagino que una de las razones por las que la gente se agarra a su odio tan obstinadamente es porque saben que, una vez que el odio desaparezca, estarán obligados a hacer frente a sus propios sufrimientos".

    Otro medio de comunicación "progresista", la emisora de radio pública "France Inter", se preguntaba si el éxito de la selección de fútbol era una victoria de la banlieue (los guetos donde viven extranjeros o ciudadanos franceses de origen africano y árabe (o ambos) y donde los blancos o son minoría o han desaparecido).

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    Es la misma obsesión de cierta izquierda que considera a los habitantes de estos barrios como especialmente capacitados solo para el deporte o el hip-hop. Se les aplaude y se les homenajea cuando ganan. Se les ignora cuando pierden. En todos los casos, se les recuerdan sus orígenes. Son una "riqueza" cuando obtienen medallas y copas. No son del todo franceses si fracasan.

    La Francia que ganó el Mundial de 1998 dio pie a la manoseada expresión de un país "Black, Blanc-Beur" (de negros, de blancos y de magrebíes), que ya el líder ultraderechista Jean Marie Le Pen veía "poco blanco. El desastre deportivo y de comportamiento de los jugadores en la cita de Sudáfrica de 2010 hizo olvidar ese concepto publicitario.

    En Rusia 2018, la selección francesa ha cuidado más los detalles. Si hace poco algunos jugadores nacidos en Francia preferían lucir en público banderas de los países de sus padres, ahora cada jugador francés exhibió en la celebración una enseña azul, blanca y roja. Sus jugadores se habían aprendido bien la lección, a la espera de las interpretaciones que iban a producirse. Todos dijeron sentirse orgullosos de ser franceses.

    Algunos "osaron" incluso decir que les gustaría que todos los jóvenes franceses entonaran un "Viva la República". Con la carga de valores que ese concepto implica en ese país. En la Constitución la palabra raza se ha borrado. Y es discutible. En la vida real, a muchos el negocio se les complica.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    xenofobia, racismo, Francia
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