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    Emmanuel Macron, presidente de Francia

    Las oscuras cuentas del presidente Macron

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    Luis Rivas
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    Durante la campaña que le llevó al Elíseo, el candidato a la Presidencia de Francia, Emmanuel Macron, tuvo un trato de favor económico. Su partido se benefició de descuentos espectaculares prohibidos por la ley. La prensa revela un escándalo que la Comisión de cuentas electorales quiere enterrar.

    Macron quiso marcar el inicio de su mandato con la aprobación exprés de su 'Ley para la moralización de la vida pública'. El nuevo presidente pretendía marcar así las distancias con unos predecesores que arrastraban, sin excepción, escándalos más o menos vergonzantes y con una 'clase' política que el nuevo dirigente consideraba marcada por los 'affaires'.

    Pocos días después de anunciar su primer gabinete, cuatro de sus ministros debieron dimitir, afectados por asuntos incompatibles con las promesas de moralización. Error de casting, de acuerdo. En estos días, su mano derecha, el secretario general del Elíseo, Alexis Kholer, es objeto de investigación por sus relaciones con la segunda empresa naviera mundial, en la que trabajaba antes de convertirse en el 'Macron boy' número uno.

    Las investigaciones periodísticas sobre los gastos de la campaña electoral del candidato Macron han jalonado los últimos meses de la acción presidencial, pero su efecto era frenado por la coraza protectora que confiere el rodillo parlamentario y la avalancha de reformas que el gobierno está implementando.

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    El escándalo de las cuentas de la campaña presidencial ha vuelto a surgir el jueves [7 de junio] de forma brutal. Tras las primeras investigaciones publicadas hace semanas por Le Monde y la digital Mediapart, ahora la radio pública, France Info, clavaba el rejón más profundo en la supuesta virginidad moral del Jefe del Estado. El equipo de investigación de la emisora ha desvelado los precios de amigo, las rebajas y las componendas que el equipo de campaña del ganador en las urnas obtuvo de empresas organizadoras de eventos, dueños de salas de espectáculos, maquilladores o entrenadores de voz.

    Una operación de cientos de miles de euros que podrían ser considerados como financiación oculta a un partido político según la ley, pero que el organismo encargado de velar por la limpieza del juego electoral, la Comisión Nacional de Cuentas de Campaña y Financiación Política (CNCCFP), certificó como válida.

    "Escándalo de Estado"

    "Un escándalo de Estado", claman los portavoces de La Francia Insumisa, de Jean-Luc Melenchon. El más feroz opositor a la izquierda del presidente denuncia el diferente trato hacia las cuentas de Macron y las suyas. Melenchon tuvo que devolver 450.000 euros que la Comisión de Cuentas no le aceptó como gastos, y es objeto de investigación por la Fiscalía financiera.

    Al otro lado del escenario político, en el partido Reagrupación Nacional, de Marine Le Pen, se afirma que se puede hablar de "affaire Macron". En Francia, "affaire" se traduce como escándalo de corrupción. La formación lepenista ha sido castigada con el rechazo de más de 800.000 euros de sus cuentas electorales y algunos de sus miembros han sido o son investigados judicialmente por financiación oculta.

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    La diferencia en la respuesta judicial era ya motivo de protesta, pero las informaciones reveladas por France Info sobre la diferencia de precio que aplicaban ciertas empresas y ciertos profesionales al futuro partido del primer mandatario, las extrañas y someras facturas y los acuerdos que el 'macronleaks' destapó ya hace meses, evidencian hechos que, como mínimo, pueden ser catalogados como trato de favor hacia uno de los aspirantes en liza.

    Esa conducta favorable ha tenido premio posteriormente con la obtención de puestos de trabajo. Es el caso del escenógrafo Arnaud Jolens, que fue fichado por el Elíseo y cuyas cuentas por su labor en la campaña también levantan sospechas. Facturó 75.000 euros en tres meses, cuando había firmado un contrato por 6.000 al mes.

    Emmanuel Macron se ha negado a responder a 38 preguntas enviadas por los periodistas de France Info. El escándalo lo vive de lejos, reunido en la cumbre del G7 de Canadá. EL portavoz del gobierno, Benjamin Grivaux, prefiere atacar a la prensa, y en especial a la radio pública que revela el escándalo: "Si ustedes dedican un día entero a informar sobre la cantidad que la Comisión de Cuentas nos ha rechazado, deberían pasar dos días hablando de las cuentas de La Francia Insumisa y una semana de las de Marine Le Pen", señaló a la emisora privada Europe1. Una coz verbal precisamente en el día que France Info, que también tiene un canal de TV, pone en marcha una propuesta sugerida con ardor por Macron: la creación de una célula para detectar y denunciar las noticias falsas. De momento, la información sobre las cuentas del movimiento político que aupó a Macron al liderazgo del Estado no es ni 'fake news' ni 'bullshit', los nuevos anglicismos que Francia acoge con los pantalones de la francofonía bajados.

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    El Gobierno dice que no tiene nada que añadir y envía a los periodistas a preguntar a la Comisión de cuentas. La Comisión dice que los datos son válidos. Y salta otra bomba informativa. El presidente de la Comisión de cuentas de campaña ha visto su salario aumentado en un 57%, —de 4.574 euros al mes, a 7.182, con un plus de 9.500 anual, con efecto retroactivo a enero—. No hacen falta más datos para que la oposición hable de premio a los "servicios prestados".

    Dinero público para el asalto al poder

    Macron, al que le encanta dar lecciones, y no solo de moral, es el protagonista también de un libro/bomba escrito por el que fuera Secretario de Estado de Presupuesto en el gobierno de Hollande, cuando el actual presidente era ministro de Economía.

    Christian Ecker, socialista, describe en 'Un ministro no debería decir eso', cómo, según él, Macron utilizó los fondos del Ministerio que encabezaba para su propio beneficio político. Cenas nada frugales con empresarios, representantes de la cultura, del espectáculo… Todo ello con la ayuda de su inseparable esposa, Brigitte, que ni entonces ni ahora tiene un rol político oficial. Recepciones a las que los ministros tienen derecho, pero siempre, según Ecker, si tienen relación con el Ministerio al que se representa.

    El 'macrongate' no invalida, por supuesto, la elección democrática de Emmanuel Macron. Tampoco una eventual denuncia afectaría a un presidente que goza de inmunidad. Emmanuel Macron llegó al poder con la promesa de moralizar la política francesa. Un año después de su llegada al Elíseo, las investigaciones de la prensa ponen en entredicho su compromiso ético y le devuelven la imagen que más puede odiar, la de ser un político como los demás.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    fiscalía, cuentas, gastos, campaña electoral, corrupción, Emmanuel Macron, Francia