07:57 GMT +324 Octubre 2018
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    El presidente de Argentina, Mauricio Macri, junto a la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde

    Macri abraza al FMI y se la juega cara o cruz

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    Francisco Herranz
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    El presidente de Argentina, Mauricio Macri, no está haciendo bien los deberes. Hostigado por los mercados cambiarios y por quienes dudan de su compromiso con la estabilidad, el jefe del Estado tuvo que pedir ayuda financiera de urgencia al mismísimo Fondo Monetario Internacional (FMI), la bestia negra de la mayoría de los argentinos.

    Tras hablar por teléfono con la directora general del FMI, la francesa Christine Lagarde, Macri se dirigió a sus conciudadanos en un mensaje televisado de casi tres minutos de duración donde anunció la perentoria necesidad de aplicar esa decisión antipopular y arriesgada para fortalecer el crecimiento y evitar el colapso económico.

    Sin citarlo expresamente, Macri culpó al anterior Gobierno de Cristina Kirchner por haber generado el "desastre" de las cuentas públicas. Responsabilizó al nuevo escenario global, a la subida del precio del petróleo, de los tipos de interés del dólar (el tipo a 10 años ha superado el 3%), factores que indudablemente no controla Buenos Aires. No hubo ningún atisbo de autocrítica. El presidente argentino declaró que sigue apostando por el llamado gradualismo, una especial forma suya de hacer política económica en la que se aplican ajustes paulatinos y se mantiene el gasto social; en palabras del propio Macri, se trata de equilibrar el crecimiento económico y cuidar de los sectores públicos más vulnerables. Pero el gradualismo está siendo insuficiente.

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    También se han dirigido Macri y su equipo a otras instituciones bancarias internacionales como el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). Así mismo negocian con bancos para obtener créditos con garantía de bonos del Estado. La meta es recibir préstamos por valor de 30.000 millones de dólares. Una cantidad muy importante. Estamos hablando, en definitiva, de un rescate económico en toda regla que podría hipotecar el futuro y la soberanía del país.

    El FMI impondrá a Argentina unos severos objetivos fiscales que acelerarán los recortes sociales y pueden provocar enfrentamientos más que dialécticos con los sindicatos y con los representantes del peronismo opositor. El tipo de ayuda que se gestionará con el Fondo será probablemente de la clase Acuerdo de Derecho de Giro o Stand-by. ¿Qué quiere decir eso? Una línea dura de crédito. Los "hombres de negro" de Lagarde exigirán un plan concreto de medidas que acelere la reducción del déficit público (actualmente el 3,9% del Producto Interno Bruto). En este tipo de acuerdos, el dinero del préstamo se va entregando a medida que se alcanzan los objetivos/exigencias pactadas.

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    Macri intentaba atraer a ciertos sectores opositores en la creación de un frente más amplio, repitiendo los mensajes de calma y convicción para apaciguar así a los mercados cambiarios. No estaba teniendo demasiado éxito. El dólar estadounidense se ha encarecido más de un 20% en lo que va de año. A principios de abril estaba en las 20 unidades. Ahora cotiza a 24 pesos. Cuando el billete verde coge fuerza, todas las clases sociales argentinas, desde los más pudientes a los más necesitados, se echan a temblar.

    Para frenar la fuerte devaluación del peso, el Banco Central ha estado ofertando dólares en el mercado de divisas y ha situado los tipos de interés en el ¡40%!, toda una barbaridad.

    Macri está atrapado en un círculo vicioso: necesita divisas para financiar el importante gasto público que defiende, pero esos dólares mantienen alto el precio del peso. Esa variable encarece la economía argentina, le resta competitividad y frena el crecimiento económico. Pero si deja caer el valor de la moneda nacional, la devaluación aumenta la inflación, que ya está desbocada de por sí por el ingreso extraordinario de dólares del endeudamiento externo necesario para cubrir el déficit y mantener, al mismo tiempo, alto el valor del peso. La contención de la inflación, que para 2018 está previsto que escale hasta el 18%, representa otra prioridad.

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    La decisión de abrazar ahora al Fondo no ha gustado a nadie, ni siquiera a los más neoliberales, porque consideran que Macri ha jugado precipitadamente esta última baza pero que no ha conseguido una línea de crédito más flexible que sea capaz de resolver la falta de liquidez transitoria.

    Para los argentinos, mentar al FMI es como hablar de la soga en la casa del ahorcado. Esas tres siglas se asocian indefectiblemente a desastre, pobreza y desempleo. La pesadilla del pasado no ha abandonado sus mentes. Todos recuerdan aquel infausto mes de diciembre de 2001 cuando la fuga de capitales era incontrolable, el Fondo cerró el grifo del dinero y el presidente Fernando de la Rúa prohibió a sus conciudadanos la libre disposición del dinero depositado en los bancos. La inmovilización bancaria, bautizada como el "corralito", se prolongó todo un año, paralizó el comercio y el crédito, y a la postre se convirtió en la antesala del default o impago de la deuda pública de Argentina, la mayor suspensión de pagos de un Estado en toda la historia.

    "El FMI tiene por supuesto una terrible historia en Argentina, en particular su papel a la hora de profundizar y prolongar la depresión de 1998-2001", admite Mark Weisbrot, co-director del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR, según sus siglas en inglés).

    Aunque bien es cierto que actualmente no se dan las premisas macroeconómicas que confluyeron entonces —profunda recesión económica y cambio fijo del dólar con respecto al peso—, el miedo es libre e irracional. Muchas familias perdieron todos sus ahorros. El país entró en una fase de crisis no sólo económica sino también social y política de la que tardó varios años en salir, ya de la mano de Néstor Kirchner. De ahí que muy pocos apoyen la petición de rescate.

    Ahora vuelve la tormenta y trae granizo. Macri, en el poder desde 2015, se la está jugando. A cara o cruz. El remedio puede ser peor que la enfermedad. Por el bien de Latinoamérica, todos esperamos que no tenga que salir de la Casa Rosada como se vio obligado a hacerlo su predecesor, Fernando de la Rúa, desde la azotea del edificio gubernamental y en un helicóptero militar, para escapar así de las furibundas protestas ciudadanas que se producían en las calles vecinas.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    peso argentino, ayuda financiera, economía, Fondo Monetario Internacional (FMI), Mauricio Macri, Argentina