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    El difícil arte de predecir un colapso político

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    José Negrón Valera
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    En 1978, el entonces presidente estadounidense, Jimmy Carter, mostraba preocupación por las protestas violentas en Irán. No obstante, la CIA le aseguró que no había nada que temer.

    El aliado estratégico de EEUU en la región, Mohamed Reza, el sha de Persia, gozaba de popularidad, altos ingresos petroleros y un firme control sobre el Ejército. Un año después, contra todo pronóstico, el sha era derrocado. La mayor agencia de inteligencia del mundo se había equivocado… y no sería la única vez.

    Predecir los cambios: el santo grial de la ciencia política

    El pronóstico errado de la CIA en Irán fue investigado por el Senado de Estados Unidos y por distintos analistas a nivel mundial. En ambos casos, la conclusión fue la misma: la enorme dificultad para vislumbrar el desenlace de los escenarios políticos.

    Mauricio Blanco, consultor en gobierno y gestión pública entrevistado para Sputnik Mundo, considera que cualquier análisis sociopolítico debe partir de diferenciar muy bien entre los conceptos de 'predicción' y 'probabilidad'.

    Apoyado en su experiencia profesional, Blanco acota que, cuando se habla de las dinámicas sociales, siempre existen márgenes de error al vislumbrar el curso de una determinada tendencia.

    "Se pueden predecir hechos más objetivos como el clima, pero en el caso de la política estamos en terreno movedizo, donde todo es contingente", afirma.

    El consultor considera que, a grandes rasgos, los factores que pueden darnos pistas sobre el cambio, la decandencia y transformación de un sistema político están relacionados con "la capacidad de respuesta a las demandas sociales y a la gobernabilidad que tiene un determinado grupo político".

    Además, enfatiza que en la ciencia política no solo interesan las transformaciones sociales sino también las estabilidades.

    Pone como ejemplo los países nórdicos, donde existe "una certeza estructural", es decir, la idea de que a lo largo del tiempo continuarán su proceso político sin muchos sobresaltos y cambios. Una circunstancia que no es ni por asomo comparable a muchos países del mundo árabe, o a la propia Venezuela, donde los contextos socioeconómicos son mucho más volátiles e impredecibles.

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    No obstante, existen algunos científicos sociales y analistas que no renuncian a la posibilidad de predicción.

    Algoritmos y supercomputadoras: el salto de la inteligencia predictiva

    En el 2015, la CIA anunció la creación de la primera nueva dirección desde 1963. Se trataría de una dependencia para la 'Innovación Digital', cuyo objetivo sería "convertir la gran cantidad de datos que recopila la agencia en información útil para analistas, agentes y para la nación".

    Andrew Hallman, designado para dicha responsabilidad, recalcaba que su principal motivación consistía en "proporcionar a los analistas una capacidad real para pronosticar", apoyándose en el concepto de "probabilidades múltiples". Dichas probabilidades surgen a partir del manejo de una cantidad masiva de datos provenientes de fuentes abiertas.

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    El referente de Hallman es un programa que data de 2011, patrocinado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Inteligencia (IARPA), llamado Indicadores de Código Abierto u OSI. La materia prima del programa era el volumen de datos que recorren internet, con lo cual era posible anticiparse a acontecimientos sociales trascendentes como las crisis políticas y humanitarias, la violencia masiva, los disturbios, epidemias, inestabilidad económica, e incluso posibles desastres naturales.

    "En algunos casos, hemos podido mejorar nuestra previsión hasta el punto de poder anticipar el desarrollo del malestar y la inestabilidad social, creo que hasta dentro de tres o cinco días", apuntaba Hallman.

    Sin embargo, la revista Wired no fue tan optimista al respecto de las expectativas de Hallman. Argumentaba que el Pentágono, a pesar de haberse gastado "125 millones de dólares" en computadoras y programas para la detección del futuro, fue completamente ineficaz para prever la aparición de los disturbios políticos, como en el caso de Egipto en 2011.

    El aparato de investigación de tecnologías de defensa de EEUU, conocido como DARPA, también destinó después de 2010 una suma cercana a los 90 millones de dólares para reclutar a científicos sociales, ingenieros de software y modeladores informáticos que pudiesen desarrollar programas predictivos con al menos un 90% de efectividad, que es en opinión de Sean O'Brien, jefe del proyecto, un rango bastante aceptable.

    Tres enfoques para enfrentar la predicción

    Dentro del complejo militar estadounidense surgen dos nombres claves en los proyectos de inteligencia predictiva, especialmente cuando se habla del Sistema Integrado de Alerta Temprana de Crisis (ICEWS, por sus singlas en inglés): Mark Abdollahian y Bruce Bueno de Mesquita. 

    Abdollahian es un politólogo y CEO de Sentia Group, una empresa tecnológica encargada de producir software predictivo para agencias militares. Uno de sus mayores méritos consistió en pronosticar con acierto que la persona elegida por el entonces presidente Bush para dirigir el Consejo de Gobierno iraquí, Ahmed Chalabi, causaría grandes problemas de gobernabilidad en el país árabe.

    Abdollahian argumentaba, a pesar del éxito de su predicción, que la realidad social siempre era inasible y que todos los modelos de predicción eran malos, aunque algunos eran "más malos que otros".

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    Por su parte, el analista Bruce Bueno de Mesquita inició sus labores de prospectiva en los años 80. Entonces tuvo un enorme acierto al predecir al sucesor del ayatolá Jomeini "cinco años antes de los previsto".

    Ambos personajes desarrollan sus actividades a través de una metodología de clara orientación social, que funciona para brindarle soporte valioso a las costosísimas máquinas encargadas de combinar los datos obtenidos millones de veces, hasta conseguir un patrón que clarifique el futuro.

    El primer enfoque consistiría en hacerse con una cantidad considerable de expertos que puedan arrojar luz sobre los "jugadores clave" a tener en cuenta en una determinada situación de conflicto. Luego, desarrollar múltiples escenarios de comportamiento para dichos actores, apoyándose en la capacidad de cálculo de las computadoras.

    Hay un segundo enfoque, conocido como 'macroestructural' y que linda con los análisis sociológicos y economicistas. Se busca fundamentalmente valorar con precisión la región de estudio y "observar las grandes fuerzas sociales, económicas y demográficas que allí operan".

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    Por ejemplo, un estudio de la misma revista Wired afirmaba que gran parte de la inestabilidad de los países árabes que vivieron revueltas sociales se debió a la creciente penetración de internet y de los teléfonos celulares entre los jóvenes de dichos países, lo cual —según el estudio— facilitó la organización y transmisión de mensajes que promovían la "transición política".

    El tercer enfoque, consistiría en "leer las noticias". Eso nada tiene que ver con la imagen del analista de inteligencia de antaño, sentado en su escritorio repasando los distintos periódicos, marcadores y bloc de notas en mano.

    En este caso, son las máquinas y sus algoritmos quienes cumplen la tarea de 'lectura' a través de empresas como Recorded Future, una compañía financiada por Google y la CIA cuya misión es encontrar "los vínculos invisibles" entre personas, eventos y datos digitales a través de un escaneo masivo de "decenas de miles de sitios web, blogs y cuentas de Twitter".

    Factor humano: la bestia indomable dentro del arte de la predicción

    En su libro 'El sueño que falló', el historiador Walter Laqueur comenta que ninguno de los análisis de inteligencia elaborados durante toda la Guerra Fría previó lo que iba a suceder entre 1989 y 1990 en la Unión Soviética, no al menos en la forma que se produjo.

    A su juicio, la Unión Soviética lucía en 1987 "infinitamente más poderosa que la Rusia zarista de 1916 o el imperio otomano en 1918". Sin embargo, todo se derrumbó en un tiempo relativamente corto. Para el historiador, la explicación debe buscarse no en las variables macroeconómicas o geopolíticas, sino en el factor humano:

    "La crisis [soviética] fue una crisis de autoconfianza o, para usar el término con frecuencia utilizado en Rusia, una 'crisis espiritual'. En los años 80, Rusia podía ser comparada con un atleta bien entrenado y de perfectos músculos, pero con el corazón débil".

    Para Laqueur, la elite política rusa perdió su "voluntad de poder" cuando se agotó su fe en el proyecto político inaugurado por Lenin en 1917. Este fenómeno interno del aparato estatal ruso fue el que posibilitó el ascenso de un líder prooccidental como Gorbachov, así como la implantación de la 'perestroika'.

    Otro caso emblemático donde el factor humano determinó los acontecimientos políticos fue la vuelta al poder del expresidente venezolano, Hugo Chávez, en el año 2002.

    A pesar de ser depuesto por un golpe militar auspiciado por Washington, una rápida e inesperada movilización de las fuerzas populares junto con sectores leales al entonces presidente dieron como resultado la restitución del hilo constitucional en menos de 72 horas. Una respuesta que, de seguro, no tenían en sus cálculos las supercomputadoras del Pentágono.

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    A pesar de que existen investigadores que siguen confiando en que 'las ecuaciones diferenciales', las supercomputadoras y la Big Data nos revelen el porvenir, la historia está repleta de anécdotas que nos demuestran la existencia de rincones del alma humana inmunes a cualquier pronóstico.

    Zonas nebulosas dominadas por el azar, lo indomable e impredecible y que son, en definitivas cuentas, quienes siempre tendrán la última palabra en cuanto al futuro que deberemos transitar.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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