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    Facebook, atrapado en su propia tormenta

    © REUTERS / Dado Ruvic
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    Francisco Herranz
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    Facebook ha dejado su reputación y credibilidad por los suelos al servir a los intereses de una consultora que en 2014 obtuvo engañosamente los datos de 50 millones de usuarios de esta red social y los utilizó para fines políticos.

    Mientras el valor de la compañía fundada en 2004 se desplomaba en el mercado de valores de Wall Street —pérdidas de miles de millones de dólares—, su fundador Mark Zuckerberg reconocía, después de varios días de silencio, que habían cometido "errores" y que iban a reforzar las medidas de control para evitar nuevos "abusos". ¿Demasiado tarde?

    Mark Zuckerberg, fundador y presidente de Facebook
    © AP Photo / Marcio José Sánchez
    La admisión de esos "errores" es consecuencia directa de una denuncia periodística que ha sacado a la superficie la falta de transparencia y las miserias de la empresa, desencadenando un escándalo a escala mundial con tintes orwellianos.

    El pasado sábado 17 de marzo, The New York Times y The Observer —la edición dominical del rotativo inglés, The Guardian— publicaron la impactante noticia de que una consultora llamada Cambridge Analytica, vinculada a la extrema derecha estadounidense, había utilizado los perfiles de 50 millones de usuarios, a través de la aplicación de un tercero, para influir en sus preferencias políticas y beneficiar a Donald Trump en la campaña presidencial de 2016.

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    La ola de descontento se ha extendido a las dos orillas del Atlántico. El Parlamento británico ha llamado a declarar a Zuckerberg para que explique en Londres cómo su negocio adquiere y retiene los datos de sus usuarios, y qué medidas preventivas adopta para evitar que esa información pueda ser utilizada por terceros, como ahora ha ocurrido. El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, también ha pedido que ofrezca explicaciones.

    Facebook va a ser investigada por las fiscalías de Nueva York y Massachusetts, y por el Gobierno de EEUU, específicamente por la Comisión Federal del Comercio, por presunta violación de la intimidad de los ciudadanos. En otras palabras, el señor Zuckerberg tiene buenas razones para estar muy alarmado.

    La aplicación que recopilaba los datos se llamaba "thisisyourdigitallife", obra del profesor de Psicología de la Universidad de Cambridge, Aleksandr Kogan. La empresa de Kogan, Global Science Research (GSR), y Cambridge Analytica pagaron a 270.000 usuarios de Facebook para que hicieran unas pruebas de personalidad y así obtener sus datos para uso académico. Sin embargo, también recopilaron información de los amigos de los sujetos del estudio, con lo que lograron, gratis y sin permiso, millones de datos privados.

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    Con la lista de los perfiles brutos, Cambridge Analytica desarrolló fichas de votantes, a quienes envió publicidad política dirigida. Estaba poniendo en marcha una especie de "alquimia electoral" basada en técnicas "psicográficas" de dudosa ética.

    Cambridge Analytica, que contribuyó con sus análisis a la campaña presidencial de Trump, es una rama de SCL Group, un grupo contratista gubernamental y militar que asegura trabajar en sectores tan diversos como la investigación de seguridad alimentaria, la lucha contra los narcóticos o las campañas políticas. SCL se fundó hace más de 25 años, según reza su sitio web.

    Cambridge Analytica se creó en 2013 e inicialmente se centró en los comicios estadounidenses, gracias a la inyección inversora de 15 millones de dólares del multimillonario donante republicano Robert Mercer. El nombre de la consultora fue elegido por el que sería asesor de Trump, luego defenestrado, Steve Bannon.

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    La compañía de marras, que posee oficinas en Nueva York, Washington, Londres, Sao Paulo y Kota Damansara (Malasia), se vende a sí misma como proveedora de análisis de consumo, publicidad dirigida y otros servicios relacionados con datos tanto para clientes políticos como corporativos. No da detalles de quiénes son esas corporaciones, pero en su página de internet incluye un "prestigioso" periódico diario que quería saber más sobre sus suscriptores, una marca de ropa de mujer que buscaba información sobre sus clientes y una aseguradora de automóviles de EEUU interesada en el marketing. Todo bastante inocuo. Aparentemente.

    Después de que Trump llegara a la Casa Blanca, el presidente de Cambridge Analytica, Alexander Nix, un personaje con bastantes pocos escrúpulos, acudió a más clientes para presentar sus servicios, ante quienes se jactaba de que podía desarrollar perfiles psicológicos de consumidores y votantes, diciendo que poseía una "salsa secreta" que solía influirles más eficazmente de lo que podría hacer la publicidad tradicional. La "salsa secreta" eran, por supuesto, los datos extraídos de la red social.

    Cambridge Analytica dijo que inicialmente no sabía que Kogan había violado los términos de Facebook, y que borró los datos una vez que se enteró en 2015. Sin embargo, los datos no se eliminaron, según los dos periódicos citados. Cambridge Analytica respondió que esa acusación no era cierta. Kogan, por su lado, explicó que él no pensaba que estuviera haciendo nada malo con el estudio académico y que le habían convertido en cabeza de turco. Facebook informó de que estaba presionando a Cambridge Analytica para obtener respuestas, después de haber recibido garantías de la firma en 2015 de que había borrado todos los datos.

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    En cualquier caso, la gente de Zuckerberg no ha protegido lo suficiente a sus usuarios y clientes, porque sus ejecutivos, aun conociendo las vulnerabilidades que padecía su red social, no se volcaron en encontrar las soluciones a esos problemas.

    Según el exempleado Sandy Parakilas, Facebook temía que, si se investigaba una sospecha de incumplimiento de las normas y se descubría que se habían roto las políticas, la empresa podría ser responsable de lo ocurrido. Su idea era no revelar las infracciones y luego escudarse en que ellos son una plataforma y por tanto, no son culpables.

    Este escándalo era previsible. La burbuja tenía que explotar por algún lado. Facebook ha estado trabajando sin descanso en reunir la mayor cantidad posible de datos de sus usuarios, beneficiándose de ello, ganando mucho dinero con ello, a través de anuncios patrocinados y una ingente actividad comercial. Es verdad que han ido mejorando las condiciones de uso, pero no han modificado su esencia del negocio, basada en "compartir experiencias" y hacer caja, vulnerando la privacidad de las personas.

    Al final, ha terminado atrapado en su propia tormenta.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    robo de datos, abuso, campaña electoral, redes sociales, elecciones, datos personales, Cambridge Analytica, Facebook, Donald Trump, Mark Zuckerberg, Reino Unido, EEUU
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