14:12 GMT +311 Diciembre 2018
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    Donald Trump, presidente de EEUU

    La audaz apuesta de Trump: visitar Corea del Norte

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    Alfredo Jalife-Rahme
    Hermenéutica Geopolítica (38)
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    El polémico presidente estadunidense Trump sorprendió a tirios y troyanos al aceptar de forma asombrosa la invitación que le fue girada por el mandatario Kim Jong-un de visitar Cora del Norte a finales de mayo.

    La decisión de Trump agarró incluso desprevenido a Rex Tillerson, secretario de Estado, durante su gira por África.

    Aún en los más optimistas escenarios de una negociación directa entre EEUU y Corea del Norte, no aparecía en el radar la espectacular aceptación de Trump.

    Lo clásico en un juego diplomático normal hubiera sido que los antagonistas dos mandatarios de EEUU y Corea del Norte —que profirieron los peores insultos antidiplomáticos— se hubieran reunido en una localidad neutral.

    Nos encontramos ante mandatarios atípicos, para decir lo menos, cuando la impensable invitación de Kim Jong-un a Trump para que visitase Corea del Norte generó una aceptación todavía más impensable de Trump.

    El 'sí' del presidente estadunidense es todavía más asombroso debido a que, en medio del deshielo de las tensiones entre las dos Coreas en el marco de los Juegos Olímpicos de Invierno en Corea del Sur, el vicepresidente Mike Pence había exhibido dos flagrantes descortesías para mostrar su repudio al acercamiento de los dos países hermanos: la llegada tardía al coctel de bienvenida a los asistentes —entre quienes se encontraba Kim Yo-jong, hermana del mandatario norcoreano quien cautivó a la opinión pública del vecino del sur—, y su desaire al quedarse sentado con su esposa Karen al paso del equipo común de las dos Coreas durante el desfile.

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    El acercamiento de las dos Coreas fue más profundo de lo esperado y la 'princesa norcoreana' Kim Yo-jong jugó un papel relevante, así como la enorme disposición del presidente surcoreano, Moon Jae-in, quien operó como gran estadista y pudo persuadir a EEUU, en vísperas de ejercicios militares conjuntos, de entablar negociaciones directas con Pyongyang.

    La capital surcoreana muy bien pudo haber sido la sede de las negociaciones pero Trump, prototípico jugador de casinos de los que fue propietario en Atlantic City, fue más lejos al aceptar visitar Pyongyang —la capital de Corea del Norte—.

    El presidente surcoreano, quien siempre favoreció la unificación de la península, sufrió el máximo de embates de EEUU y llegó a ser acusado por el mismo Trump de "apaciguamiento", mientras que el presidente estadunidense amenazaba con aniquilar a Corea del Norte con "el fuego y la furia" de la colosal panoplia nuclear de EEUU.

    No se puede soslayar que Chung Eui-yong, consejero de Seguridad Nacional surcoreano, fue quien transmitió la invitación a Trump.

    En su cuenta de Twitter Trump manifestó que había aceptado la invitación debido a la intención de "desnuclearización" de Corea del Norte, además del "congelamiento" de las pruebas nucleares por parte de Pyongyang. Pese al "enorme progreso", Trump expresó que las "sanciones serían mantenidas hasta llegar a un acuerdo".

    Desde mayo del año pasado aludí que la asunción de la Presidencia de Corea del Sur por parte de Moon Jae-in presagiaba "malas noticias para Trump: el nuevo presidente surcoreano puede hacer la paz con Corea del Norte".

    Reseñé que el presidente surcoreano, quien desde ahora es fuerte candidato para ser galardonado con el premio Nobel de la Paz, "es un convencido de la reunificación y sueña regresar con su madre de 90 años de edad a su ciudad natal de Corea del Norte donde, en caso de la anhelada reunificación, se podría retirar como abogado".

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    Moon Jae-in no provocó a Trump y alabó hábilmente su consabida infatuación: "el liderazgo del presidente Trump quien de todo corazón [sic.] aceptó la invitación del mandatario Kim será saludado por la población de las dos Coreas y todos los amantes de la paz en el mundo".

    Se trata de un juego de tres que entiende perfectamente el mandatario surcoreano, quien mantiene óptimas relaciones simultáneas con China y Rusia.

    Cuando se sienten frente a frente a negociar los mandatarios de EEUU y de Corea del Norte, Kim Jong-un tendrá muchas cartas a su favor: el apuntalamiento de la mayoría de la población de la península, el apoyo de su homólogo de Corea del Sur —que medirá la distancia necesaria para no indisponer a Trump, que es de mecha corta— y, por encima de todo, el tácito apoyo de China y Rusia cuando Japón, con su renovado belicismo, se autoexcluyó al apuntalar las bravatas de Mike Pence —quien resultó ser un fracaso diplomático—.

    Después del exitoso despliegue diplomático durante los JJOO de Invierno celebrados en Corea del Sur, el presidente Moon Jae-in envió una importante delegación a Pyongyang encabezada por Chung Eui-yong, consejero de Seguridad Nacional, quien consiguió una cumbre entre los mandatarios de las dos Coreas en abril, lo cual conllevó una serie de concesiones mutuas que subsumen en forma parcial porque EEUU y Corea del Sur sí realizarán ejercicios militares conjuntos.

    La fórmula seguida es la de 'congelamiento por congelamiento', que había sido avanzada por China y Rusia: Kim Jong-un cesa las pruebas de armas nucleares y de lanzamientos misilísticos el tiempo que duran las negociaciones.

    Peter Baker, del rotativo The New York Times —muy anti-Trump—, expone que la "decisión de Trump de hacer lo que ningún otro presidente en la silla ha hecho y reunirse en persona con un líder de Corea del Norte refleja un abordaje audaz [sic.] y supremo de autoconfianza en las relaciones internacionales", a diferencia de sus antecesores, que carecen de la "fuerza de su personalidad".

    The New York Times cita a James Jay Carafano, académico de Seguridad Nacional de la ultraconservadora Fundación Heritage, quien advirtió no esperar grandes logros durante las charlas de Trump y Kim.

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    Las conversaciones por lo menos desvían lo que parecía un camino inevitable hacia la Tercera Guerra Mundial. ¡Nada más!

    Otro como Colin Khal, anterior funcionario de Seguridad Nacional con Obama, duda de las artes de Trump como "maestro de las negociaciones" cuando lo que se requiere es un cronograma diplomático para avanzar a paso firme y seguro.

    Una cosa es una reunión entre dos mandatarios que, por lo menos, distienden sus incandescentes relaciones y trazan un horizonte a seguir para el futuro, y otra cosa son las negociaciones cerradas por venir.

    Un editorial del rotativo chino Global Times aplaude el "avance espectacular entre EEUU y Corea del Norte" y exhorta a dejar de lado el pensamiento de que "China ha sido marginada", cuando el mayor interés de Pekín es la "desnuclearización y la paz".

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    El rotativo chino sentencia que "China es incomparable con EEUU", que "se encuentra lejos de la península coreana y posee amplio margen de maniobra", el texto prosigue con la idea de que Washington "es un aliado de Corea del Sur y mantiene su habilidad de ejercer influencia sobre ella", mientras que la "inmensa influencia de China sobre Corea del Norte ha cesado".

    El rotativo chino juzga que "la tendencia de la situación de la península va en la dirección en la que China ha empujado", en particular, el "congelamiento por el congelamiento", por lo que "es innecesario que China, una superpotencia, se preocupe de que Corea del Norte se ha volteado a EEUU".

    Global Times considera que "existe mucha incertidumbre por delante" ante los cambios dramáticos de la península mientras que con "el desarrollo de la tecnología moderna y el giro de las relaciones internacionales, el sentido de Corea del Norte como amortiguador geopolítico ha sido reducido sustancialmente".

    EEUU se encuentra ahora en una dinámica de confrontación e hipermilitarismo y los superhalcones han salido a relucir como el pugnaz senador del Partido Republicano Lindsey Graham —quien acaba de amenazar con una guerra de Israel contra el Líbano—, que advirtió al mandatario de Corea del Norte con "no jugar con el presidente Trump" porque en ese caso será su fin y el de su régimen".

    ¿Por qué EEUU no sabe vivir en paz?


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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