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    Trump despliega todo en las elecciones colombianas

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    Vicky Peláez
    Elecciones presidenciales en Colombia (2018) (104)
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    Los últimos 70 años de la historia de Colombia han sido dominados por las polarizaciones violentas, guerras ideológicas y políticas, paramilitares, narcoparamilitares, narcoguerrilleros y simplemente narcotraficantes que han dejado a los colombianos en un estado de estrés postraumático.

    En Colombia no hay partidos. El pueblo es uno solo, pero la oligarquía lo ha dividido en dos bandas irreconciliables para sacar provecho y beneficio.

    (Jorge Eliécer Gaitán, 1903-1948)

    En vísperas de las elecciones legislativas que se celebrarán el próximo 11 de marzo, los síntomas de este trastorno colectivo se han agudizado aún más debido al susto que está sembrando la derecha al fantasma 'castrochavista' personificada por el candidato progresista, Gustavo Petro. A la vez, la izquierda ha estado advirtiendo sobre el peligro de retorno de una derecha 'paraca' (paramilitar), representada por el candidato uribista, Iván Duque que terminará con la paz y atentará contra la democracia.

    Los norteamericanos no se han quedado atrás porque en el actual juego geopolítico que están haciendo en América Latina, enfocado principalmente a 'poner de rodillas' a Venezuela, han designado a Colombia como el brazo derecho de Washington. El resultado de las elecciones legislativas de esta semana y las presidenciales que tendrán lugar el próximo 27 de mayo, son de interés vital para la Casa Blanca. El secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson recalcó durante su reciente visita a Bogotá que "Colombia es clave para restaurar la democracia en Venezuela". Esto significa que EEUU hará todo lo posible para no permitir que ni una sombra del supuesto 'castrochavismo' o 'correismo' se asome sobre Colombia.

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    Para asegurar que el país siga siendo uno de los 'principales aliados' de EEUU en el hemisferio, Washington designó a su mejor especialista estadounidense en América Latina y el Caribe, el subsecretario de Estado para Asuntos Políticos, Thomas Shanon y al consejero adjunto de Seguridad Nacional, general Ricky Waddell, como sus emisarios en el VII Diálogo de Alto Nivel entre Colombia y Estados Unidos. Los representantes estadounidenses enfocaron durante las conversaciones en la Casa de Nariño principalmente los temas de seguridad, defensa, narcotráfico y estrategia para hacer retornar a Venezuela a la 'democracia a la norteamericana' y asegurarse de que no habrá 'sorpresas' en las próximas elecciones en el país.

    Donald Trump inclusive mandó un mensaje especial al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos y a todos los asistentes a la reunión asegurándolos que "EEUU está de la mano de Colombia. No tiene el país mejor amigo y aliado que EEUU. Está de la mano de Colombia porque la prosperidad de ambos países está ligada. Nuestros intereses, nuestros valores son los mismos".

    Si lo de la coincidencia de los 'valores' colombianos y norteamericanos es verdad, entonces no es de extrañar lo que escribió el periodista argentino radicado en México en el periódico La Jornada: "Sin guerras de invasión que lo justifique, las oligarquías colombianas han causado en el pasado medio siglo la muerte violenta de 200.000 personas aproximadamente" (14-09-2006).

    Casi dos décadas después de aquel artículo, la violencia sigue siendo la fuerza dominante en el país. Según el Informe de 2018 de la Defensoría del Pueblo, 282 líderes sociales fueron asesinados en Colombia desde 2017. Los herederos del paramilitarismo siguen amenazando las vidas de estos hombres y mujeres en Cauca, Antioquia, Norte de Santander, Nariño, Valle del Cauca y Chocó que son departamentos con más casos registrados. El Informe Anual 2017, 'Sistema de Información sobre Agresiones contra Defensores y Defensoras de Derechos Humanos en Colombia' denunció 106 asesinatos en 2017 que supone un incremento de un 32,5% en comparación con 2016. Esto significa que en 2017, "en promedio cada tres días fue asesinado un defensor o defensora de derechos humanos en Colombia", concluye el informe.

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    También más de 20 exguerrilleros de las FARC y sus familiares han sido ajusticiados por los paramilitares. Los están matando los mismos que mataron y masacraron la Unión Patriótica (UP). Para entender lo que está sucediendo en Colombia, vale la pena refrescar la memoria histórica del país que registró en los años 80 y 90 la exterminación física de entre 3.000 a 5.000 militantes de la UP por grupos paramilitares, miembros de las fuerzas de seguridad del Estado y narcotraficantes de acuerdo al plan elaborado por la oligarquía nacional para impedir el ascenso de movimientos de izquierda en la política colombiana. El Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) de Colombia tiene un registro de 82.998 personas desaparecidas en Colombia entre 1958 y 2017.

    Tomando en cuenta toda esta historia de violencia en Colombia, no es de extrañar que un candidato a la presidencia como Gustavo Petro con un programa muy ambiguo y que tiene algo de progresista sea presentado inmediatamente por las élites nacionales como un 'castrochavista' que hará peligrar el bienestar de la mayoría del pueblo. Lo único que propone Petro es salir de la monoexportación de petróleo y carbón y transitar hacia un modelo que convierta a Colombia en potencia agraria y ambiental y permita el desarrollo de la industria. Respecto a la política exterior es crítico del alineamiento excesivo con EEUU, de la 'guerra contra las drogas', de la crisis diplomática con los vecinos, de la política de la militarización de la política internacional y del manejo clientelista del servicio exterior.

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    En realidad, no ofrece nada concreto o algo radical, inclusive es crítico de la herencia de Hugo Chávez. Pero en la Colombia actual basta mencionar algo del progresismo para que los medios de comunicación en manos privadas se pongan en actitud de guerra.

    Los analistas económicos y políticos como Andrés Moreno, consultor en Gestión y Riesgos están anunciando que si Petro gana las elecciones presidenciales 2018, "a los ciudadanos colombianos le quedan dos opciones: 1. Vende todo y se va del país. 2. Se queda al lado del Gobierno para enriquecerse en corto plazo antes de que el país quiebre".

    Mientras los políticos y economistas emiten estos consejos que no implican necesariamente la violencia, los paramilitares van directamente al grano. Hace unos días con absoluta impunidad, Jhon Jairo Velásquez, el sangriento gatillero del narcotraficante Pablo Escobar, les envió a sus 59.000 seguidores en Twitter el mensaje de que habría que asesinar a Petro, tal como lo hizo en su momento el paramilitar Carlos Castaño con el líder del M-19, Carlos Pizarro.

    Parece que no ha cambiado nada en la historia de Colombia desde que asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán en 1948 en la Operación Pantomima de la CIA, a Luis Carlos Galán en 1989, a Carlos Pizarro en 1990 y a Bernardo Jaramillo en 1990, todos eran candidatos presidenciales.

    Durante estos últimos 70 años la matanza política siguió su curso hasta que la gente se acostumbró a ella y empezó a restar importancia a los asesinatos o a las agresiones a los líderes sociales que hacían denuncias clamando la paz. Hasta ahora las diferencias entre los contrincantes políticos en el país se resuelven con violencia en vez del uso de debates y argumentos, y con balas en vez de votos. Por eso no es de extrañar que el candidato a la presidencia Gustavo Petro de la Colombia Humana fuera víctima el pasado 2 de marzo de un atentado criminal en Cúcuta perpetrado por mafias criminales con el consentimiento implícito de la clase dirigente colombiana. En Antioquia, la aspirante al Senado Aida Avella en la Lista de la Decencia fue agredida por un extremista del urbismo.

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    En el ambiente de la polarización política que está viviendo ahora Colombia, se perfilan dos partidos o grupos políticos antagónicos de mayor votación en el Congreso. El Centro Democrático que es uribista está tratando de catapultar a Iván Duque a la futura presidencia y a Colombia Humana progresista, encabezada por Gustavo Petro. Al momento de escribir este artículo, las encuestas de El Tiempo y La W Radio, arrojan un empate en la intención de voto de ambos candidatos (23,6% para Duque y 23,1% para Petro). Sin embargo, el Centro Democrático ya está considerado por los medios globales de comunicación como la primera fuerza del próximo Congreso.

    Su líder, el expresidente Álvaro Uribe, el siniestro polarizador de Colombia, se proyecta como el senador por el Centro Democrático de mayor votación en la historia a pesar de distintos procesos que cursan en su contra en la Corte Suprema de Justicia y en la Comisión de Acusación en la Cámara de Representantes. Estas acusaciones abarcan el caso de interceptaciones telefónicas, uso de testigos falsos y participación en el surgimiento del paramilitarismo. El expediente 4954 abierto en 2014 se basa en la presunta conducta omisiva de Uribe mientras era gobernador de Antioquia cuando durante dos ataques paramilitares contra la población de Ituango hubo 17 muertos y 24 campesinos desaparecieron. En total existen 280 demandas judiciales contra Álvaro Uribe y no hay ninguna sentencia.

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    Precisamente con esta Colombia que ocupa, según el Banco Mundial, el cuarto lugar entre los países más desiguales del mundo después de Sudáfrica, Haití y Honduras y donde de cada 100 niños que se matriculan en primero de primaria, solo 39 terminan el bachillerato, se siente "estar de mano" Donald Trump. Pues esta Colombia, que entregó su soberanía a EEUU a cambio de su 'amistad' y 'protección' no se sabe de quién, es su principal aliado de momento en la lucha contra el chavismo y su proveedor de mercenarios para la guerra en Irak, Libia y Yemen. De allí viene la conclusión de Donald Trump de que los intereses y valores de ambos países son "los mismos".


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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