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    Macron no quiere un modelo catalán para Córcega

    © AFP 2018 / Pascal Pochard-Casabianca
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    Luis Rivas
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    El futuro de Córcega permanecerá anclado en el de la República. Así se expresó el Presidente francés, Emmanuel Macron, en su primera visita a la isla, donde le esperaban reivindicaciones nacionalistas espoleadas por la crisis de Cataluña.

    Independentistas y autonomistas tienen mayoría en la Asamblea local corsa tras las elecciones de diciembre. El 55,5% obtenido, con un 47,5% de abstención, concedía a los nacionalistas cierta fuerza para exigir, desde su punto de vista, concesiones mayores al Jefe del Estado, incluso si esos comicios no reflejan el número de ciudadanos corsos partidarios de la independencia.

    Cataluña es para los corsos un ejemplo, o mejor un sueño, como podría ser también el grado de autonomía de cualquier región española. El Presidente de la Asamblea corsa, el pro independentista Jean-Guy Talamoni, bautizado por el diario Le Monde como "el Puigdemont corso", celebró y "reconoció" en octubre pasado el "nacimiento de la nueva República catalana".

    Los independentistas o autonomistas corsos saben muy bien que la diferencia entre las dos entidades se refleja sobre todo en la participación en el Producto Interior Bruto (PIB) del país al que pertenecen. Córcega es una de las regiones más pobres de Francia y contribuye con un 0,5% al PIB nacional, por casi un 20% de Cataluña con respecto a España. París subvenciona al año con 3.600 millones de euros a la isla.

    Aún así, los nacionalistas aseguran que en dos lustros pueden empezar a soñar con iniciar el camino hacia la independencia y, para ello, exigían y exigen a Emmanuel Macron una serie de medidas que cimenten la base política de su plan: autonomía política y reconocimiento de estatus diferencial de la isla con respecto a otras regiones de Francia; la cooficialidad de la lengua corsa; acercamiento de los presos corsos; amnistía para los "prisioneros políticos" y la creación de un "estatuto de residente", para impedir a los franceses del continente comprar propiedades en la isla.

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    Macron no podía partir sin hacer alguna concesión. Pero el mandatario puso enseguida los límites: no habrá amnistía para los implicados en asesinatos terroristas; la lengua corsa no tendrá el mismo rango que la francesa y el estaеuto especial de residente no es una solución. Sobre el acercamiento de los presos, ni una palabra.

    "La identidad singular no debe llevar a la división"

    Macron accedió sin embargo a una de los peticiones: la inclusión en la Constitución francesa de una mención a la singularidad de Córcega. Ello obligará a una reforma de la Constitución, prevista para la próxima primavera y que deberá ser aprobada por tres quintos del Congreso (Asamblea y Senadores reunidos). Es decir, deberá ser aprobada también por la derecha. Nada seguro. La medida es sobre todo simbólica y no implica ni autonomía política, ni económica, ni fiscal comparable a la que disfrutan las comunidades autónomas españolas o los lander alemanes. Esa identidad reconocida en la Carta Magna no debe ser, según Macron, una fuente de división.

    No se trata tampoco de una sorpresa. En su primera vista a Córcega, durante la campaña electoral para la Presidencia en abril del años pasado, el entonces aspirante al Elíseo manifestó: "El lugar de Córcega está dentro de la República, y la República es lo suficientemente fuerte como para admitir particularidades en su seno". Algo resumible como, "Dentro de la República, todo; contra la República, nada".

    El primer dirigente francés recalcó durante su estancia en la isla su rechazo a la secesión, su negativa a que las diferencias culturales deban implicar salirse ni un milímetro del seno de la República.

    En su rechazo a la cooficialidad de la lengua subrayó que el bilingüismo es ya un hecho en Córcega, apoyado y subvencionado por el Estado. Ninguna otra lengua regional en Francia recibe el sostén económico que disfruta la lengua corsa. El 80% de los colegiales corsos estudian la lengua local. Macrón advirtió de que el reconocimiento de la lengua no puede implicar que aquellos que no la hablen no puedan optar a un empleo en la isla. Es decir, hablar corso no será una exigencia para trabajar en Córcega, como lo es en comunidades autónomas de sus vecinos españoles.

    Condena del terrorismo

    El viaje coincidió con el vigésimo aniversario del asesinato del Prefecto de la isla, Claude Erignac, tiroteado en plena calle cuando se dirigía sin escolta a un cine. El asesinato del primer representante del Estado en ese territorio fue un mazazo psicológico para toda Francia. Cuatro años después del atentado, el nacionalista Yvan Colonna fue arrestado. En 2012, después de tres juicios, fue condenado a cadena perpetua como autor material del asesinato.

    Emmanuel Macron, el presidente de Francia
    © REUTERS / Christophe Petit Tesson
    Macron inauguró un monumento en memoria de Erignac al que no asistió el "presidente corso". Jean-Guy Talamoni no ha condenado nunca el terrorismo, o lo que él llama "la lucha armada", causante de cientos de muertes durante los últimas cuatro décadas. En junio de 2014, el principal grupo terrorista local, el Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC), anunció su "desmilitarización" y el abandono de la clandestinidad. Para el histórico dirigente independentista Edmond Simeoni, padre del actual jefe del gobierno local, Gilles Simeoni, "el terrorismo es contraproducente a la causa independentista". Edmon Talamoni estuvo implicado en 1975 en la ocupación armada de un dominio vitícola que se terminó con la muerte de dos gendarmes y un militante nacionalista.

    Delante de los familiares del Prefecto asesinado, Macron fue durísimo con el terrorismo corso y con el atentado a la máxima figura del Estado en la isla. Fue en ese momento cuando afirmó rotundamente que no habrá amnistía para los autores del crimen.

    El último prefecto asesinado en Francia antes de Erignac fue el líder de la Resistencia, Jean Moulin, torturado y eliminado en julio de 1943. En su discurso, Macron no hizo un paralelismo con ese hecho sino que comparó el atentado de 1998 con los realizados por islamistas radicales en Francia desde 2015.

    Tolerancia cero con el crimen organizado

    Emmanuel Macron es el primer presidente francés que ha querido también hablar claro a los corsos, nacionalistas o no, sin las ataduras políticas que sus antecesores estaban obligados a mantener con sus redes locales. Para el Jefe del Estado, el primer problema de Córcega no es el grado de autonomía política ni el anhelo independentista, sino la seguridad, la sanidad, la vivienda y el paro juvenil. Las preocupaciones que también reflejan los sondeos de opinión en la isla.

    El presidente anunció que la lucha contra el crimen organizado, la delincuencia y el tráfico de drogas será una de sus prioridades. "Tolerancia cero, insistió". Para ello, se reforzará el número de gendarmes y agentes judiciales.

    Córcega arrastra desde hace décadas una imagen de reducto de clanes mafiosos que operan fuera del control del Estado o, incluso, con la anuencia de ciertos agentes estatales que prefieren hacer la vista gorda ante el reparto de beneficios entre grupos delincuentes que, amparados por el miedo y el silencio de sus vecinos, hacen y deshacen tanto económica como políticamente en el territorio.

    Los nacionalistas habían marcado la agenda de la visita desviando la atención hacia el hecho diferencial y la independencia. El Presidente Macron, sin embargo, pretende liberar a Córcega de cierta rigidez administrativa, impuesta por el jacobinismo imperante, para desarrollar su economía. Pero alejando cualquier posibilidad de independencia. Dirigiéndose especialmente a los jóvenes corsos cerró su visita afirmando que para afrontar los problemas del presente y los desafíos del futuro, "más vale hacerlo dentro de la quinta potencia mundial".

    Los nacionalistas no lo ven así y, decepcionados y "encolerizados", han asegurado que van a continuar con "la movilización del pueblo corso".


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    nacionalismo, Emmanuel Macron, Francia, Córcega