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    Donald Trump, presidente de EEUU (archivo)

    EEUU da una imagen de descrédito al cerrar su gobierno

    © REUTERS / Jonathan Ernst
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    Francisco Herranz
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    MOSCÚ (Sputnik) — La falta crónica de entendimiento entre republicanos y demócratas a propósito de los presupuestos ha dejado paralizadas por tres días a las instituciones federales de Estados Unidos, lo que ha llevado a una situación lamentable y hasta patética, pues no es la primera vez que ocurre.

    El cierre de la Administración federal, el llamado 'shutdown', es un producto tóxico para la clase política estadounidense. En primer lugar, para Donald Trump, pues evidencia que no tiene actualmente suficiente capacidad para el diálogo. Pero también es un varapalo para los demócratas, ahora en la oposición, pues han actuado precisamente de la misma forma agresiva y prepotente como lo hicieron los republicanos ante Barack Obama en 2013, cuando se aplicó por última vez esta medida extraordinaria.

    ¿Cómo se ha llegado a esta increíble coyuntura? El Congreso estaba negociando los presupuestos generales del Estado, y las posiciones bipartidistas se encontraban tan enfrentadas que no se vislumbraban avances. Como siempre. De hecho, la profunda división política reinante ha provocado que la mayor potencia del mundo lleve años sin aprobar una partida de gasto cerrada. El presupuesto de 2017 expiró el 30 de septiembre, el último día del año fiscal. Desde entonces los legisladores estadounidenses tuvieron que aprobar hasta tres prórrogas de un mes cada una para que el Gobierno federal pudiera seguir funcionando con entera normalidad. Los demócratas, cuyos votos son indispensables en el Senado para aprobar un presupuesto, condicionaron hace ya meses su respaldo a que se aprobara una solución legislativa para los 'dreamers'  o soñadores.

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    Por 'dreamers' se entiende a los 800.000 jóvenes llegados a Estados Unidos cuando eran niños con sus familias sin que sus padres tuvieran papeles para residir legalmente en el país, y que ahora están amenazados con ser expulsados a consecuencia de la política de inmigración de Trump. En septiembre de 2017, el presidente canceló el programa con el que Obama los había protegido de la deportación, otorgándoles permisos temporales de trabajo.

    El viernes 19 de enero los demócratas dieron un golpe en la mesa y se produjo el cierre indeseado. Es relevante subrayar que al ‘no’ se habían sumado seis senadores republicanos ‘rebeldes’, lo que también pone de manifiesto las grietas internas del partido que apoya a la Casa Blanca.

    El bloqueo acabó el lunes 22 de enero después de que los demócratas accedieran a las demandas del Partido Republicano. El Congreso —primero el Senado y luego la Cámara de Representantes— aprobó una ley que permite financiar las operaciones normales del Estado, pero solo hasta el 8 de febrero. En otras palabras, la solución es temporal y podría volver a producirse.

    El breve pero intenso apagón administrativo coincidió con el primer aniversario de Trump al frente de la Casa Blanca. Una celebración muy poco feliz.

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    El panorama generado desató declaraciones viscerales; algunas de ellas muy jugosas. Por ejemplo, el senador republicano por Luisiana, John Kennedy, se desahogó con las siguientes palabras: "Nuestro país fue fundado por genios, pero está dirigido por idiotas". Otro colega de Kennedy, el senador republicano por Utah, Orrin Hatch, hizo comentarios similares al manifestar que el Senado tiene "algunas personas realmente estúpidas".

    "Este es el país más grande del mundo, pero tenemos algunas personas realmente estúpidas que lo representan de vez en cuando, y con eso, probablemente he ido demasiado lejos al decir eso, pero es verdad y es decepcionante para mí", declaró Hatch.

    Viniendo de sectores republicanos, ambas reacciones resultan muy curiosas, porque los republicanos son los expertos en provocar esta clase de callejón sin salida, al emplear la amenaza del 'shutdown' como arma negociadora. Así lo han hecho en los últimos 25 años.

    ¿Qué ocurrió durante estos tres días? Pues que el Gobierno de Washington no pudo afrontar el pago de los sueldos de sus funcionarios. La mayoría de los empleados tuvieron que quedarse en sus casas hasta que amainara la tormenta. Los trabajadores de la administración federal que se consideran esenciales siguieron trabajando, aunque sin cobrar por ello (luego se les abonará los retrasos). Son los que ocupan puestos necesarios para la seguridad nacional como los militares y los agentes de fronteras. Cerca de la mitad de los aproximadamente 800.000 trabajadores civiles del Pentágono dejaron de trabajar el 22 de enero.

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    Sí acudieron a su puesto los trabajadores con salarios que no iban a cuenta del presupuesto anual, entre ellos los de los servicios postales. Los tribunales de justicia también siguieron operativos. Los parques nacionales no echaron el cierre porque se empeñó en ello el propio Trump, pero sí lo hicieron las oficinas que recaudan los impuestos y otras dependencias no estratégicas, ocasionando retrasos y otros inconvenientes.

    Por fortuna para los ciudadanos norteamericanos el cierre no se prolongó mucho tiempo y además cayó en fin de semana, por lo que sus efectos fueron limitados, aunque sí se sintieron y bastante en la capital, Washington. Las pérdidas en todo el país, aún por cuantificar, serán sin duda de cientos de millones de dólares.  El impacto en Wall Street fue casi nulo. El 22 de enero los mercados de la Bolsa de Nueva York amanecieron planos y se animaron por la tarde cuando parecía patente que se iba a alcanzar un acuerdo bipartidista.

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    En definitiva, EEUU ha dado al mundo entero una imagen de descrédito. ¿Acaso no es penoso que un Gobierno civilizado no pueda pagar las nóminas de sus funcionarios por cuestiones meramente políticas? La reputación de los políticos ha quedado por los suelos.

    El último 'shutdown' se vivió del 1 al 17 de octubre de 2013. En aquella ocasión, unas 800.000 personas de los 2,1 millones de trabajadores federales civiles se vieron afectadas. Aquel cierre gubernamental —el 17º desde 1976—  lo propició el Tea Party, el ala más conservadora del Partido Republicano, a cuenta de Obamacare, la reforma sanitaria auspiciada por el predecesor de Trump.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    presupuesto, Partido Demócrata (EEUU), Partido Republicano de EEUU, Donald Trump, EEUU
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