00:43 GMT +318 Noviembre 2018
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    Las mujeres musulmanas (archivo)

    La izquierda francesa se despedaza en torno al islamismo

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    Luis Rivas
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    Las dos izquierdas de Francia, ya divididas políticamente, se despedazan ahora por su relación con el islam político y la comunidad musulmana del país.

    Republicanos laicos, defensores de la autoridad del Estado y acusados de "islamófobos", contra "islamoizquierdistas", considerados por los primeros como los "tontos útiles" del islamismo; de nuevo, las dos izquierdas irreconciliables.

    Memorial a los fallecidos en el atentado de Nizza, Francia
    © AFP 2018 / Guiseppe Cacace
    El cisma de la izquierda sobre la relación con el islam y la comunidad musulmana de Francia había surgido ya antes de los asesinatos de los trabajadores del semanario Charlie Hebdo, en enero de 2015, pero ese atentado, que en un primer momento pareció unir a todos los franceses en su defensa del laicismo y de la República, exacerbó las diferencias, y una parte del progresismo francés se sumó a la campaña contra una supuesta islamofobia que teóricos del islam político ya habían comenzado a atizar en Francia, sufragados por el capital proveniente del Golfo Árabe o Golfo Pérsico, como se prefiera.

    Escuche: "Islamofobia es un término inventado para no admitir críticas al Islam"

    Precisamente uno de los más mediatizados "especialistas" en el islam, el autoproclamado "islamólogo" Tarik Ramadan, ha protagonizado el último detonante de la polémica sobre este asunto en Francia.

    Un musulmán con un tabish en Moscú
    © Sputnik / Ramil Sitdikov
    Ramadan, nieto del fundador de los "Hermanos Musulmanes", Hassan al Banna, es desde hace años el rostro intelectual y dialogante del islam político en Suiza, donde nació, pero sobre todo en Francia, donde los defensores del laicismo le han combatido públicamente por lo que consideran su doble mensaje.

    Mientras en las televisiones y otros medios Ramadan destila un mensaje abierto y tolerante, en las reuniones y en las redes desvela su verdadero pensamiento. Así, ha llegado a defender la ablación del sexo femenino o a pedir una moratoria sobre la lapidación de mujeres, pero no la prohibición de esa aberración.

    A pesar de las denuncias sobre el mensaje oscurantista de Ramadan en Francia, este fue incluso contratado como "experto" por Tony Blair y ha llegado a dirigir una cátedra sobre el islam en Oxford. Además, ha coescrito libros con el filósofo francés Edgar Morin, lo que le ha servido de caución intelectual en los salones parisienses.

    O con velo, o violadas

    Tarik Ramadan ha caído ahora en desgracia, pero no por su mensaje islamista radical, sino por haber presuntamente acosado, violado y golpeado brutalmente a varias mujeres francesas y suizas, antiguas seguidoras de sus teorías o, incuso, estudiantes cuando ejercía de profesor en su país de origen. Para la primera mujer que se ha atrevido a denunciar públicamente a Ramadan, a este "solo le interesan las mujeres con velo o violadas".

    Las acusaciones hay que encuadrarlas en la onda de choque que ha desatado las denuncias de violación y acoso sexual en la industria cinematográfica norteamericana, y que se han extendido a toda Europa.

    El semanario Charlie Hebdo dedicó una portada a Ramadan, dibujado con un enorme sexo, del que la caricatura presentaba como "el sexto pilar del Islam". En el siguiente número, la publicación dedicaba su "primera" a un periodista, director del diario digital Mediapart, que ha acompañado a Ramadan en seminarios, presentaciones de libros y otros actos públicos, el ex director de Le Monde, Edwy Plenel, y al que Charlie acusa de haber defendido las tesis de Ramadan y haber justificado su radicalismo, además de silenciar las acusaciones de violación.

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    Plenel, cuyo diario no reaccionó durante días a las querellas judiciales contra Ramadan, atacó afirmando que Charlie Hebdo declara "la guerra a los musulmanes". A su vez, el director del semanario satírico denunció a Plenel por lo que interpretaba como "una llamada al asesinato para hacer callar a Charlie de una vez por todas".

    ¿Querella entre periodistas? Ni mucho menos. Manuel Valls, ex primer ministro del gobierno de François Hollande, uno de los pocos políticos franceses comprometido en defender el laicismo oficial en el país y en denunciar la penetración del islamismo político en Francia, saltó a escena, desde su ahora modesto papel de simple diputado, para acusar a Plenel de "complicidad intelectual con el terrorismo" islamista.

    Plenel forma parte de toda una generación del mundo mediático e intelectual francés, provenientes del trotskismo y que, más tarde, ante la agonía de la izquierda francesa, decidieron que los musulmanes eran "los nuevos condenados de la Tierra". Propagandistas de su nueva alianza, no dudan en calificar de "islamófobos" a cualquiera que insinúe una crítica al islamismo radical, o incluso al islam. Una nueva fe político-religiosa que nunca aplicaron cuando judíos o cristianos son caricaturizados o son incluso víctimas de asesinatos —los primeros— o de burla, los segundos.

    El combate de Manuel Valls

    Una parte de la izquierda y de la extrema izquierda denuncia en Valls su voluntad de atizar el fuego de la división en la sociedad francesa, jugando con el dilema de la identidad. A Valls le han llovido calificativos como "fascista" y, en un país donde el antisemitismo sigue activo y en aumento, de "ser una aliado de la extrema derecha israelí".

    El asunto podría pasar por ser una de las polémicas habituales en Francia, pero es mucho más grave. En un país donde 241 personas han sido asesinadas en los dos últimos dos años en nombre de Alá; en un Estado laico por ley, algunos grupos han decidido que cualquier crítica al islam, que cualquier sugerencia de reforma a la interpretación que algunos imanes radicales hacen del Corán, debe ser silenciada para "no estigmatizar a los musulmanes".

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    Una estupidez sociológica y política, pues está claro que la comunidad musulmana francesa, como la de cualquier país occidental, no vota según los preceptos de su religión. Y esos que se presentan como defensores de un supuesto grupo unificado de intereses no condenan los ataques ni defienden a los periodistas, ensayistas y otros intelectuales musulmanes progresistas franceses o no, que viven en su país con escolta policial, por defender los derechos de las mujeres y de las minorías, por defender la libertad que, según ellos, la interpretación y la utilización política de una religión impide disfrutar a los miembros de su misma comunidad.

    Francia tiene un grave problema con el islam político que gangrena amplias zonas de su territorio. El clientelismo político en esas áreas propició la penetración de un islam radical cuyo peligro los gobernantes no han querido ver. Una ideología de la que las principales víctimas son precisamente los habitantes de mayoría musulmana que viven en los guetos donde la autoridad del Estado ha desaparecido y donde el salafismo es el discurso dominante y la ley local.

    El Presidente Emmanuel Macron, hasta ahora ha jugado una cierta ambigüedad y no ha entrado de lleno en el problema. Está claro que el método "latino" de denuncia de Valls no cuadra con su política de contentar a todos. El hábito de Presidente le obliga también a ello. Pero no puede permanecer por más tiempo callado ante un debate que genera posturas radicalizadas entre sus compatriotas.

    En todo caso, Manuel Valls no se arredra. "Mi discurso molesta a los que no tiene el coraje de abordar el fondo del problema" afirma. "Mejor. El combate por el laicismo es el combate de mi vida".

    Para Riis, el director de Charlie Hebdo, que fue herido y vivió en directo el asesinato de diez de sus compañeros, no se puede considerar al islamismo como algo ajeno al islam. "De la misma manera que la Inquisición es inseparable de la iglesia católica". "Pero curiosamente", denuncia, "en Francia cada vez que los integristas musulmanes cometen crímenes, se levanta en torno a ellos un cordón sanitario para aislarles del islam, para no criticar a la religión de Mahoma de ninguna manera. ¿Por qué? En nombre del confort; el confort intelectual es prioritario. El confort es la obsesión de nuestras sociedades consumistas".

    La izquierda francesa tiene un problema —otro— que hasta ahora no ha querido debatir en profundidad. Los intelectuales, también de izquierda, que desde hace años denuncian la ceguera ante el aumento de la influencia del islam político, han sido calificados de "reaccionarios " o de "ultraderechistas" para cerrar la discusión. Y así, de atentado en atentado, el asunto sigue pudriéndose.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    islam, islamismo, Hermanos Musulmanes, Manuel Valls, Francia