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    Donald Trump, presidente de EEUU (archivo)

    ¿Representa Trump una amenaza para Europa?

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    Francisco Herranz
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    Alto y claro, el presidente "simbólico" de la Unión Europea (UE) ha dado un paso al frente sin precedentes y tremendamente arriesgado. El polaco Donald Tusk no se ha andado con contemplaciones y ha arremetido contra su homólogo estadounidense, Donald Trump, al considerarle una auténtica "amenaza externa" para el futuro de Europa.

    En una carta dirigida a los 27 líderes de la UE —el Reino Unido ya no está incluido en la misiva por la lógica aplastante del "Brexit"— Tusk mete en el mismo saco a la nueva Administración norteamericana, a China, a Rusia y al islamismo radical. Por distintas razones evidentemente. Al político oriundo de Gdansk le preocupan sobremanera las declaraciones del multimillonario Trump que, en su opinión, intentan "cuestionar los últimos 70 años de política exterior" de Estados Unidos.

    Las reflexiones del presidente del Consejo Europea van más allá. Pide a los Estados miembros que tengan el valor de oponerse a la "retórica de los demagogos, que afirman que la integración europea solo beneficia a las élites, que ha causado sufrimiento a la gente corriente y que los países están mejor separados que juntos". Ese es otro sopapo especialmente dirigido a Trump, aunque nunca le cite por su nombre. Apela a mostrar "orgullo" de ser europeos porque el Viejo Continente se ha convertido, asegura con soberbia, "en el mejor lugar de la Tierra"; anima a los socios comunitarios a defender "la dignidad de una Europa unida, ya sea frente a Rusia, China, Estados Unidos o Turquía".

    "Hablando objetivamente, no hay ninguna razón por la que Europa y sus dirigentes deban amilanarse ante los poderes externos y sus gobernantes", porfía el exprimer ministro polaco en la enérgica carta de marras que en ocasiones adquiere un tono brutal y demoledor.

    Tras la exposición de deseos, Tusk enumera una serie de propuestas más tangibles y concretas. "Hay que reforzar las fronteras externas de la UE, mejorar la cooperación de los servicios responsables de combatir el terrorismo y proteger el orden y la paz en nuestro territorio, aumentar el gasto de defensa, reforzar la política exterior de la UE y la coordinación de las políticas exteriores de los Estados miembros, y fomentar las inversiones, la inclusión social, el crecimiento, el empleo, la utilización de los beneficios de las transformaciones tecnológicas y la convergencia en la eurozona y en toda Europa". Toda una panoplia de iniciativas muy interesantes e incluso loables, pero quizás demasiado ambiciosas y poco realistas en estos momentos de incertidumbre.

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    La inclusión del principal aliado estratégico y en temas de Defensa, el líder de la OTAN, entre las amenazas para la UE es un hecho inaudito que tendrá consecuencias y que probablemente habrá pillado a más de una cancillería europea por sorpresa.

    El reto que ha lanzado el jefe de la UE se produce cuando la organización continental que preside cumple precisamente este año su 60º aniversario. La ceremonia se celebrará el próximo 25 de marzo, y conmemorará la firma, aquel mismo día, del Tratado de Roma que supuso la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE) y de la Comunidad de la Energía Atómica (EURATOM).

    Lo más probable es que Tusk se quede sólo —o casi solo— en este impetuoso envite. La mayoría de los gobiernos europeos ha sido bastante cautelosa a la hora de criticar el veto migratorio y la construcción del muro con México anunciados por la Casa Blanca. España, por ejemplo, ha reaccionado "sin gritos ni estridencias". El más explícito de todos ha sido el presidente de Francia, quien durante la campaña electoral llegó a decir que Trump le daba ganas de vomitar. François Hollande se ha decantado por dar al presidente de EEUU una respuesta "con firmeza". Lo que ocurre es que la actual capacidad de influencia del líder socialista galo es ya muy limitada, por no decir nula, pues tiene medio pie fuera del Elíseo dado que las elecciones presidenciales de abril están a la vuelta de la esquina.

    Durante un par de días, la Comisión Europea guardó un silencio oprobioso para posteriormente reaccionar con la tibieza a la que ya nos tiene tristemente acostumbrados. El mensaje inicial fue tan plano como siempre. "Esto es la Unión Europea. Y en la UE no discriminamos en base a la nacionalidad, la raza o la religión, no solo respecto al asilo sino en cualquiera de nuestras otras políticas", recalcó el portavoz jefe de la Comisión, el griego Margaritis Schinas. La alta representante de Política Exterior y de Seguridad Común, Federica Mogherini, fue un poco más atrevida y osó recomendar a Trump que se centre en las "divisiones" internas a las que se enfrenta la sociedad estadounidense y deje de dar lecciones a los demás.

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    En cualquier caso, la carta de Tusk ha supuesto todo un bombazo en los despachos de Bruselas y Estrasburgo. No todos callan. En el Parlamento Europeo sí existen voces cualificadas que dicen lo que piensan. Sin ir más lejos, Guy Verhofstadt, el ex primer ministro belga y destacado eurodiputado, líder del grupo parlamentario liberal, sostiene que el objetivo de Trump y su "gurú", Steve Bannon, es bien sencillo: romper la UE. Verhofstadt, quien además es el negociador jefe de la Eurocámara en materia del "Brexit", considera que el nuevo inquilino de la Casa Blanca representa un peligro evidente. "Mi impresión es que tenemos un tercer frente socavando la UE (el primero, siempre en su opinión, es el radicalismo político islámico que ha lanzado ataques terroristas contra Europa; el segundo lo representa Vladimir Putin, financiando a la extrema derecha europea), y que es Donald Trump, quien… ha hablado muy favorablemente de que otros países querrán salir de la Unión, y que espera la desintegración de la UE", dijo en un "think tank" de Londres.

    Donald Trump, presidente electo de EEUU
    © REUTERS / Jonathan Ernst
    El propio Verhofstadt, un europeísta convencido, admite que el Club de Bruselas está inmerso en "múltiples crisis": seguridad, inmigración, debilidad geopolítica y pobres resultados económicos en el sur de Europa.

    Lo que subyace en el documento de Tusk y en las palabras de Verhofstadt es el peligro real de un Caballo de Troya personificado en el "egoísmo nacionalista". La actitud crítica de ambos políticos hacia una forma de hacer política que aboga por el proteccionismo en todos los sentidos puede servir de preludio para debatir en profundidad el futuro de la Unión Europea. Y así actuar en consecuencia.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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