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    Benoit Hamon, ganador de las primarias del Partido Socialista Francés

    Vencer para perder

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    Luis Rivas
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    Una victoria hacia la derrota final. Así se puede interpretar el resultado de las primarias del Partido Socialista Francés (PSF) que han nominado al líder de su sector más izquierdista, Benoit Hamon, como candidato a las presidenciales de abril.

    La izquierda europea ya no mira a Francia como un ejemplo. La llegada de los socialistas de François Hollande al poder en 2012 despertó la esperanza de los socialdemócratas del Viejo Continente. Cinco años más tarde y constatado el fracaso de su gestión, las primarias del PSF han certificado la existencia de dos tendencias incompatibles en el seno de la organización.

    El triste balance político, social y económico impidió a Hollande optar por la reelección. Era la primera vez en la historia de la V República que un primer dirigente francés no intentaba repetir mandato. Pero el PSF tenía todavía más sorpresas políticas para asombrar al mundo.

    En sus primarias, el candidato de los sectores más críticos al gobierno, uno de los líderes de la corriente minoritaria socialista que ha bombardeado la acción de su propio gabinete, ha sido elegido como su candidato a la máxima autoridad del país. Benoit Hamon, que fue ministro de Hollande antes de representar una rebelión interna contra las medidas aplicadas por el gobierno y ser invitado a dejar el gabinete, no contaba ni con el apoyo del Presidente, ni del Gobierno que vivirá hasta las elecciones, ni con el del grupo parlamentario de su propio partido. Pero se ha impuesto en unas primarias abiertas a toda la ciudadanía.

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    Los votantes de las primarias del PSF han preferido poner sus esperanzas en alguien que considera agotado el llamado modelo social-liberal que los socialdemócratas franceses (y europeos) aplican desde hace años. La mayoría de los participantes en esos comicios han preferido apostar por las promesas de salario universal de 750 euros, con al aumento de un 10% del salario mínimo (1.480 euros al mes), con la derogación de la – tímida- reforma laboral del gobierno Valls, con la liberalización de la marihuana, entre otras medidas…

    La promesa de un mundo feliz

    Ese es el atractivo y el peligro de las primarias: ¿Quién va a oponerse a esas ofertas si desde otro lado se pide un mayor sacrificio y el mantenimiento del culto al trabajo y al mérito? Es difícil, incluso si las propuestas de los llamados utópicos tienen un coste tan desorbitado para sus detractores que solo con una masacre fiscal podría sufragarlas.

    Ese programa puede atraer a muchos jóvenes obsesionados desde hace años con la carencia de salidas profesionales; puede hacer despertar a un sector que todavía cree posible derrotar al capitalismo desde dentro del sistema, pero ¿es un programa para optar a la Presidencia del país?

    El PSF tiene un rival potente a su izquierda, el movimiento "Francia Insumisa" de otro exsocialista, Jean-Luc Mélenchon, que cuenta con el apoyo —tibio- de los comunistas. Francia Insumisa es los más parecido —aunque con diferencias— en Francia a otras formaciones de la izquierda europea, como la española Podemos o la griega Siryza.

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    Hamon y Mélenchon van a cazar votos en los mismos territorios. Sus programas no difieren notoriamente y si el líder de Francia Insumisa cuenta con un historial de oposición al PSF sustentado a los largo de los últimos años; el nuevo candidato del PSF a la Presidencia cuenta con el atractivo de su juventud, un programa más adaptado a la modernidad y el supuesto apoyo de su propio partido, lo que está por ver.

    Emmanuel Macron, candidato presidencial de Francia
    © AFP 2019 / Philippe Lopez
    Lo que parece claro es que ninguno va a renunciar en favor del otro para que la izquierda tenga más opciones de pasar la primera vuelta electoral que les conduciría a una final con alguna opción de victoria.

    Y si Hamon no convence a los votantes potenciales de Mélenchon, deberá intentar recuperar a los votantes "legitimistas" de su propio partido. Y eso no parece tampoco fácil. Muchos acólitos de Manuel Valls han dejado claro que de ninguna manera apoyarán a quien más ha dañado la labor gubernamental de Hollande en estos últimos años de mandato socialista. Es más, algunos esperan que Hamon se estrelle en las urnas para retomar el control del partido en el congreso que se celebrará en otoño.

    Que las peores flechas anti-Hamon puedan venir de su propia formación nadie lo duda. Muchos analistas dan por hecho que la venganza de Hollande hacia su camarada será facilitar la ascensión del centrista Emmanuel Macron. Hamon ya ha comenzado a matizar las críticas a su antiguo jefe y a considerar que no todo lo que ha hecho Hollande estaba tan mal.

    En la mayoría de los países europeos no se accede al poder sin los votos del centro. Francia no es una excepción. Al contrario, es un ejemplo fehaciente de ello. La izquierda del PSF ha recuperado con las primarias la esperanza y la ilusión, pero si pierde el concurso electoral de los ciudadanos que rechazan los extremos, perderán las posibilidades de gestionar el país.

    La derrota de Manuel Valls deja el camino libre a Emmanuel Macron —otro exministro de Hollande que con su propuesta de acoger adeptos de todos los sectores políticos desechando la vieja división de izquierda/derecha, sube en los sondeos, donde aplasta a todas las opciones de izquierda. Connotados socialistas, entre ellos, Segolène Royal, Ministra de Ecología, ya han decidido buscar un acuerdo con Macron y su formación, "En Marcha".

    "Corbynización" en Francia y España

    ¿La izquierda europea prefiere volver a vivir en la oposición manteniendo principios "puros", antes que gobernar aceptando compromisos ideológicos? En Gran Bretaña, las primarias laboristas dieron la victoria a su representante más a la izquierda, Jeremy Corbyn. La "corbynización" ha llegado al PSF francés y tienta a ciertos sectores del Partido Socialista Español.

    Con primarias o sin ellas, la izquierda socialista europea parece condenada a mantenerse en la oposición precisamente cuando se agudizan las consecuencias negativas de la globalización, las desigualdades se profundizan, la pauperización de las clases medias avanza, el distanciamiento entre las élites políticamente correctas y la ciudadanía se ensancha, y cuando el Estado se convierte en un ente debilitado y enfermizo. Ni la socialdemocracia escandinava se salva del desastre.

    ¿La izquierda pierde la batalla de las ideas?

    En Francia, después de décadas de "hegemonía cultural" de la izquierda, muchos sociólogos, filósofos, politólogos y ensayistas rompen el consenso pasado y encuentran múltiples plataformas para exponer sus críticas. Así, Jacques Juillard es de los que consideran que "la izquierda no ha librado batalla; ha abandonado todos las ideas sobre las que se basaba su alianza con el pueblo: laicismo, escuela republicana, seguridad y la idea de nación".

    Cuando más recientemente se han agudizado los debates sobre las críticas a la Unión Europea, la necesidad o no de restablecer fronteras, el retorno del concepto de identidad cultural, la exigencia de seguridad o la inmigración masiva, la respuesta del llamado "establishment" bienpensante ha sido considerar a los disidentes de la línea oficial como "reaccionarios". El insulto ha sustituido al debate mientras obreros y jóvenes prefieren esquivar el vituperio y votar en silencio por el Frente Nacional de Marine Le Pen, o la derecha sin complejos de François Fillon.

    Benoit Hamon, como candidato socialista, intentará recuperar a esos desafectos de la izquierda tradicional. Pero antes de intentar unir a toda la izquierda, deberá derrotar o convencer a Jean-Luc Mélenchon, algo que, sin la unión de su propio partido, parece más que imposible.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    elecciones, Benoît Hamon, Francia