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    Elecciones presidenciales de Francia de 2017 (244)
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    Cuando todos parecían haber olvidado a la izquierda francesa, un nuevo protagonista salta de sus gradas al ruedo electoral francés y hace saltar las alertas tanto de los aspirantes socialistas, como del candidato conservador, François Fillon, y de la favorita de la primera vuelta, Marine Le Pen.

    Emmanuel Macron abarrota los auditorios, acapara las primeras páginas de los medios de comunicación y alarma a los favoritos para las elecciones presidenciales de esta primavera.

    Con solo 39 años y en solo dos años y medio, Macron con su partido, "En Marcha", desespera a la cúpula y reanima a la militancia del moribundo Partido Socialista (PSF).

    El fin del reino de François Hollande no puede ser más deprimente para los socialistas. Nadie apuesta ni un centavo en ver al campeón socialista disputando la final de las presidenciales en la segunda vuelta. No obstante, siete candidatos compiten en las elecciones primarias organizadas por el PSF por el dudoso honor de ser derrotado en la primera ronda de las presidenciales.

    Estos siete aspirantes no solo arrastran el descorazonador legado de la era Hollande, sino que ven cómo Macron, otro "hijo político" del presidente y también exmiembro de los gobiernos de Hollande, se convierte en el personaje político de moda y aplasta a sus excompañeros en las preferencias de voto popular.

    Macron no deja además de recibir adhesiones de exfiguras del PSF, como la de Segolène Royal, ex mujer de Hollande y actual Ministra de Ecología. Otro ejemplo: en una de las principales regiones de Francia, Ródano, con el alcalde socialista de Lyón a la cabeza, todo el aparato del Partido Socialista ha decidido apoyar al candidato exterior a su propia organización. Macron es su nueva esperanza.

    ¿Quién es Macron?

    Exministro de Economía del Gobierno Hollande (agosto 2014-2016), Macron fue, sin duda, el personaje más peculiar de su gabinete.

    Fichado por Hollande en agosto del 2014, el CV de Macron rechinaba para los izquierdistas del partido, que se bloqueaban con la experiencia del nuevo y joven ministro como banquero de negocios de la firma Rothschild. Desde entonces, para sus detractores en la izquierda se convirtió en "Macron el banquero".

    Emmanuel Macron, candidato a la presidencia de Francia
    © REUTERS / Benoit Tessier
    El presidente Hollande le llamó para superar la enésima crisis de impopularidad que su presidencia sufría desde el inicio del mandato. Muy en su línea de sorprender por los nombramientos, el jefe del Estado colocaba en Economía a un "enarca" considerado social-liberal como Manuel Valls, pero con una experiencia en el sector privado que no tenía el exprimer ministro.

    Macron se convirtió en un pararrayos para Hollande y su Gobierno. Intentaba impulsar la apertura hacia un liberalismo controlado. Era el portavoz de las ideas que los socialistas históricos no se atreven ni a mencionar. En resumidas cuentas, era el "ultraliberal [insulto supremo] del Gobierno Hollande". Por supuesto, para la patronal francesa (Medef), Macron es un ejemplo de socialista moderno. Fue uno de los que más ayudaron a implementar medidas de apoyo a los empresarios, pequeños, medianos y enormes.

    La llamada Ley Macron quedará en la historia política de Francia como una de sus obras y como un coitus interruptus económico-social. Pensada para liberalizar la esclerotizada economía francesa, será recordada, entre decenas de medidas, solo por haber relanzado el transporte nacional en autocar. Sus intentos de obtener la apertura de los comercios el domingo y otras ideas rupturistas en una Francia que sigue anclada en los felices setenta, eran demasiado atrevidos para los sindicatos, para una parte del PSF, para los ecologistas, la extrema izquierda y los editorialistas de la prensa de centro-izquierda, a sueldo de los "oligarcas rojos".

    De pararrayos a rompecabezas

    Macron se convirtió en la mosca cojonera del Gobierno y empezó a cabrear a su papá político, Hollande, y a su jefe y luego gran rival, Manuel Valls. La mosca empezó a volar sola.

    A pesar de la campaña en contra del 'establishment' que duerme la siesta desde "los 30 gloriosos", Macron empezó a ser considerado el miembro más popular del Gobierno en las encuestas que crucificaban al tándem Hollande-Valls. El apoyo popular se mantenía incluso después de haber sufrido un control fiscal que le obligó a pagar el impuesto sobre la riqueza, y muy a pesar de un episodio televisado. En plena protesta callejera contra la nueva Ley de Trabajo, Macron discutió acaloradamente con un manifestante que le reprochó el precio de su traje. Macron le dijo que para pagarse una prenda así solo había que trabajar. Sus enemigos esperaban que esa "humillación" al representante del pueblo le restara apoyo popular. Pero no fue así.

    Marine Le Pen, líder del Frente Nacional de Francia
    © AP Photo / Christophe Ena
    Macron no ha dudado desde dentro del Gobierno en criticar la política de Hollande, que considera no lo suficientemente audaz. Era el único miembro del gabinete que se atrevía a hacer declaraciones a la prensa sin pasar por el control del presidente. El resto de los ministros expresaban su enfado y explotaban celosos ante la autonomía que Hollande otorgaba a su protegido.

    Según 'Le Monde', un día Valls le advirtió: "Ten cuidado. Te estás haciendo insoportable. Acuérdate del libro de Agatha Christie en el que todos los presentes dan una puñalada en la oscuridad. Te va a pasar lo mismo con tus colegas".

    El mismo diario recoge los ataques cotidianos en público de Valls hacia su ministro: "Hay ministros jóvenes que comunican mucho".

    Se buscan millionarios

    ¿Cuál era —es, más bien— el mensaje que comunicaba Macron?

    Algunos ejemplos:

    "Hacen falta jóvenes franceses que quieran ser millonarios".

    "Ya no se puede presentar a la izquierda como la extensión infinita de los derechos".

    "Hay que revisar uno de los viejos reflejos de la izquierda que ve a la empresa como el lugar donde vivir la lucha de clases".

    Y su epitafio para sellar su adiós al gabinete: "La honestidad me obliga a decir que no soy socialista".

    Dialogar con Rusia

    La política internacional no forma parte, de momento, del corazón de su campaña, centrada, obviamente, en asuntos internos. De sus declaraciones a la prensa extranjera y nacional se deduce que es un convencido europeista, a pesar de que los que así se definen, especialmente en Francia, no están muy a la moda. Antes del fin del asedio de Alepo-Este, Macron, crítico con el gobierno de Bashar Asad, defendía sin embargo que la prioridad en el conflicto sirio era la lucha contra Daesh y otros grupos islamistas, como Al Nusra. Es decir, no exigía la salida del poder del presidente sirio, como algunos de sus conciudadanos políticos y defendía el diálogo con Rusia.

    Preguntado también por las relaciones de Francia con Donald Trump, Macron decía que la relación con el nuevo Presidente norteamericano debería ser "responsable". "Mi voluntad, subrayaba, es contribuir a reenmarcar a Donald Trump en el campo de Occidente, el campo de los derechos humanos y el progreso ".

    A por todas

    Macron defiende una vía política en la que el sentido común pueda unir a ciudadanos de izquierda, centro y derecha. No se trata de una nueva visión transversal o transideológica. Macron ha hecho en su persona el Bad Godesberg que el PSF no ha hecho, y en estos tiempos de populismo izquierdista o derechista, se atreve a alabar en el Hexágono lo que Gerhard Schroeder aplicó en Alemania, lo que Tony Blair acometió en la otra orilla del Canal de la Mancha, o lo que Felipe González llevó a cabo al otro lado de los Pirineos.

    Para Macron, un candidato antisistema fiel producto del sistema, los conceptos izquierda y derecha están obsoletos. Para él, esa división se traduciría ahora en "progresistas y conservadores". Progresistas, para él, son los que quieren cambiar las cosas. Conservadores, tanto los militantes de izquierda y derecha que quieren mantener las viejas estructuras políticas y sindicales.

    Todos contra él

    La expectación que ha despertado entre jóvenes y maduros, socialdemócratas, liberales y centristas. Ha hecho reaccionar a los que antes le veían como un novicio sin posibilidades de ascenso político. El candidato a la izquierda del PSF, Jean-Louis Melenchon, líder del movimiento "Francia insumisa", le considera —para descalificarle—"de derechas". Para Marine Le Pen, es el candidato de los medios de comunicación, que, dice, "se comportan con él como los fans del cantante canadiense, Justin Bieber ". François Fillon, el líder de la formación centroderechista Los Republicanos y favorito al Elíseo, calla, como acostumbra, pero sabe que muchos de sus votantes centristas podrían optar por la versión joven y fresca de la política que les gustaría ver reflejada en la realidad.

    Le atacan, luego le temen

    En 2014 algunos comentaristas le tildaron del "Obama francés".

    De momento, a Macron no le han concedido ningún premio Nobel, pero ya en 2016 fue elegido personaje político del año en su país.

    Muchos empiezan a temer o a esperar que este nuevo año las urnas le otorguen un premio más importante.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Tema:
    Elecciones presidenciales de Francia de 2017 (244)

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