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    El fin de los 'pies secos' y los retos de Cuba

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    Natasha Vázquez
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    Cuando le faltan pocos días para abandonar la Casa Blanca, el presidente saliente Barack Obama ha dejado sin efecto la controvertida política de 'pies secos/pies mojados', en un intento de continuar normalizando las relaciones con La Habana antes de que comience la incierta era Trump.

    Aplicada desde 1995 como complemento de la Ley de Ajuste Cubano (que se remonta a 1966 y garantiza que todo cubano que entre al país podrá obtener la residencia al año y un día de poner pie en territorio norteamericano) como su propio nombre lo indica, implicaba que todo cubano interceptado en el mar (pies mojados) era devuelto a la isla, pero que aquellos que lograran tocar tierra (pies secos) podían permanecer en EEUU, obtener permiso de trabajo y ayudas iniciales. La administración de Barack Obama da por terminado también un programa que incentivaba a los médicos cubanos a abandonar su país.

    Catalogada por La Habana como 'ley asesina', por lo menos esta política mostraba ser bastante hipócrita, ya que estimulaba la emigración irregular provocando no pocas muertes en el intento, mientras se restringían los visados para emigrar legalmente. El trato preferencial para los migrantes de la isla creaba además serios problemas para la seguridad nacional de ambos países.

    Tras el inicio del proceso de normalización, este era un paso más que esperado, por lo que en los últimos tiempos se había desatado una oleada de cubanos, que más que al mar, se enfrentaban a una travesía más larga y peligrosa a través de toda Centroamérica para llegar a la frontera de EEUU, siendo víctimas no pocas veces de traficantes de personas.

    De acuerdo con datos del Centro de Investigaciones Pew, en Estados Unidos, en el año fiscal 2015 entraron por las fronteras de ese país 43.159 cubanos, un 78% más que en 2014. El año pasado fueron más de 56.000 los cubanos que consiguieron ingresar en territorio estadounidense tras hacer el azaroso recorrido.

    Para el Gobierno cubano, esta decisión es "un importante paso en el avance de las relaciones bilaterales" (según declaración oficial) aunque para poder garantizar una migración "regular, segura y ordenada" y poder hablar de relaciones migratorias "normales" entre ambos países aún exige que se derogue la Ley de Ajuste Cubano.

    Para muchos contribuyentes norteamericanos, es un alivio en los presupuestos, pues debían destinar millones de dólares para mantener esos privilegios.

    Para algunos políticos de la Florida (que curiosamente habían criticado antes esa disposición y ahora acusan a Obama de plegarse a los intereses de La Habana), se convierte en una oportunidad más de ponerse en contra del proceso de normalización.

    Para otros cientos de miles de cubanoamericanos comunes, que le deben a sus 'pies secos' el haber alcanzado el 'american dream', es una desdicha.

    Para los demasiados cubanos que se han visto atrapados entre la política y la economía, los que hoy quedan en un limbo varados en Centroamérica o en el mismísimo puente sobre el río Bravo y hasta los que desde Cuba, con las maletas hechas, ven sus ilusiones truncadas, es una tragedia humana difícil de contabilizar y de dramáticas consecuencias.

    Los que han muerto en el estrecho de la Florida o las selvas centroamericanas ya no podrán opinar…

    Pero lo que nadie puede negar es que en tiempos de deshielo, los 'pies secos/pies mojados' eran ya un anacronismo funesto. Si esta eliminación trae aparejada el cumplimiento de los acuerdos migratorios y la emisión del mínimo anual de 20.000 visas de salida definitiva prometidas por Washington, sin dudas disminuiría el número de ciudadanos que se arriesguen a la emigración irregular.

    Obama hizo ni más ni menos lo que tocaba, por duro que sea para muchos, o cuestionable el momento y la forma. Habrá que ver la posición de Donald Trump, que ya ha amenazado con volver atrás todo el proceso de normalización, pero difícilmente revertirá una decisión que se alinea con su política antiinmigrantes.

    Pero le toca a Cuba propiciar un país donde cada vez sean menos los que quieran emigrar, de donde no se sigan marchando en cantidades alarmantes los jóvenes y las personas más capacitadas. Un país que no necesite 'válvulas de escape'. Un país donde la gente pueda cumplir sus sueños, empezando por uno tan simple como el de vivir cómodamente gracias a su trabajo. Un país más participativo, incluso para los millones de cubanos que hoy viven regados por el mundo. Un país con todos y por el bien de todos, como soñó Martí.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    migración, Donald Trump, Barack Obama, Cuba, EEUU
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