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    Un grafiti con el retrato de Basquiat

    Las paradojas de Basquiat (I)

    CC BY-SA 2.0 / jpvargas / Dripping
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    Walter Ego
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    Se ha dicho, y es cierto, que Basquiat murió dos veces: la primera, cuando a principios de 1979 dejó de "grafitear" los muros de Manhattan; la segunda, cuando el 12 de agosto de 1988 una sobredosis de heroína se lo llevó para siempre de este mundo.

    Jean-Michel Basquiat nació el 22 de diciembre de 1960 en Brooklyn, Nueva York. Su infancia, en la cual evidenció ya su interés por la pintura, transcurrió en el seno de una familia acomodada de clase media conformada por una madre portorriqueña (Matilde Andrades) y un padre haitiano (Gerard Basquiat), quienes apoyaron siempre la temprana vocación de Jean-Michel. En un país de culturas múltiples y refractarias a la fusión, resulta una primera paradoja que Jean-Michel Basquiat no haya devenido en representante de ninguna de las raíces conformante de su ser, sino hijo de una cultura urbana popular que tiene a esa megalópolis que es Nueva York como espacio aglutinante.

    En la piel de la Gran Manzana se forjará el Basquiat inicial, aquel que hizo del muro el soporte principal y del grafiti su recurso expresivo por excelencia; aquel que siendo apenas un adolescente comenzó a dejar su huella inconfundible en las paredes y el metro de Manhattan. Sus grafitis, con mensajes satíricos y filosóficos, se harán fácilmente reconocibles desde un principio por la corona de tres puntas que los acompaña y, sobre todo, por la firma que los rubrica: SAMO (SAMe Old shit), "la misma mierda de siempre, suerte de "médium" que exorciza sus fantasmas. Basquiat remataría la escatológica ironía sumando el símbolo de "copyright" © al conjunto, paradójica asunción de exclusividad para un "modo de hacer" que no reconoce restricciones ni cobra "royalties", aunque al paso de los años el mercado le impondrá finalmente sus "derechos".

    Fotogalería: Street art

    En estos primeros años de creación, el artista apelará a procedimientos varios para dar a conocer su obra: venderá playeras pintadas y tarjetas postales en las que empleaba la técnica del "collage". Andy Warhol, que llegaría a ser uno de sus grandes admiradores y amigos, habría de comprarle entonces, en un restaurant del Soho donde almorzaba, una de aquellas postales. Fueron estos los años en los que fraguará lo que más por convención que convicción llamaré el "estilo" de Basquiat: fue tan corta su vida, y tan intensa y agitada, que apenas si tuvo tiempo —ni creo que se haya preocupado por ello— para esa sedimentación de experiencias vitales que se suele llamar estilo.

    Cierta candidez de su pintura, la vivacidad de los colores, la espontaneidad de los trazos, acaso emparienten su obra con la de quienes se ha dado en llamar "pintores primitivos"; pero no nos llamemos a engaños por coincidencias epidérmicas: en sus trazos pervive la ludicidad del niño que el arte "naíf" trasciende, sus colores no desconocen la suciedad ni se refugian en confortables equilibrios cromáticos, y la candidez de Basquiat me resulta más ilusoria que verdadera, y lo que hay de juego en su obra atenúa la carga irónica que la nutre, como se evidencia en las "Anti Product Baseball Cards, tarjetas postales donde se permite identificar, en singular oxímoron gráfico, a seres inidentificables.

    En 1980 participa Basquiat en su primera exposición colectiva: "Time Square Show", en la que pintará toda una pared utilizando los grafitis de SAMO que lo habían hecho famoso en Manhattan, aunque poco tiempo antes hubiese anunciado que "SAMO is dead". Con la muerte de SAMO concluía una etapa que —otra paradoja- le abriría el camino para una más vital presencia. En efecto, hay en "Basquiat", la película que sobre su vida filmó Julian Schnnabel, una escena que ilustra este punto, en la que el protagonista recibe una golpiza por parte de dos hombres cuando trata de evitar que se lleven una lámina de zinc en la que SAMO había dejado su impronta. Y es que el éxito alcanzado por Basquiat en esta muestra —resultó uno de los pocos artistas participantes que la revista "Art in America" nombró en sus páginas— fue el inicio de una carrera que la permitiría hacerse de un nombre en los predios artísticos neoyorkinos y, por tanto, todo lo que tuviera su huella habría de comenzar a valorizarse. Cierto, había muerto SAMO, pero a partir de entonces Basquiat decidió dedicarse por completo a la pintura y dejar a un lado recientes experiencias musicales. La venta de algunas obras le hizo posible instalar un taller y la labor desplegada a partir de este momento atraerá la atención de varios "marchands". Uno de ellos, Emili Mazzoli, le propiciará su primera exposición individual en Módena, Italia, hacia 1981; ese mismo año, en septiembre, Annina Nosei se convertirá en su "marchand" principal. Todo quedó listo para el advenimiento de su año consagratorio, 1982, en el que haría su primera muestra personal en los Estados Unidos, en la galería de la referida Annina Nosei.

    Continuará en la parte II


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    grafiti, arte, artista, Jean-Michel Basquiat, EEUU