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    El peligro de ser negro en Brasil

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    Diego Manuel Vidal
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    En un nuevo aniversario del asesinato de 'Zumbi dos Palmares' —el último guerrero de los esclavos— las organizaciones negras aseguran que las políticas sociales y las acciones afirmativas para combatir al racismo sufrirán un severo recorte presupuestario.

    Desde que fuera desplazada la presidenta Dilma Rousseff, su sucesor tomó decisiones que encendieron las alarmas.

    Temer conformó un gabinete compuesto sólo por hombres blancos, sin mujeres ni negros. Seis meses después de asumir, la crisis económica que el gobierno reafirmado el 31 de agosto pasado tras el golpe de Estado parlamentario no logra aún remontar, ha impactado en la población más pobre y sobre todo en la de raza negra.

    "Sólo las políticas afirmativas dan al Estado la oportunidad de evolucionar, sobre todo en una sociedad marcada por la esclavitud, que es un crimen contra la humanidad", aseguró José Adão, del Movimiento Negro. Y es que la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) enviada por Temer al Congreso, que propone congelar el Presupuesto del Estado por dos décadas, impactará en los avances logrados en los últimos años sobre los derechos de una parte de la sociedad brasileña, que equivale a más de la mitad de los casi 205 millones de habitantes. El 52,9% de los brasileños son negros o pardos, de acuerdo a las pesquisas nacionales del Instituto Brasilero de Geografía y Estadística (IBGE).

    Según el sitio web oficial Portal Brasil, entre el 2003 y el 2014 (bajo los gobiernos del Partido de los Trabajadores) la pobreza extrema entre los negros bajó un 72%, cifras que se ponen en riesgo ante la actual coyuntura política que deja librados a la suerte del mercado a los sectores más postergados de la sociedad. De hecho, la participación en la distribución de la riqueza continúa siendo desfavorable para los trabajadores afrodescendientes en relación a los blancos. La media del ingreso familiar entre los negros es de 223 dólares per cápita, mientras que en las familias blancas es de 393,74 de la moneda estadounidense, reseña el trabajo del IBGE. Incluso esa diferencia también está muy marcada en la tasa de analfabetismo: 11,2% son negros, mientras el 5,5% son blancos. En línea con IBGE, el Departamento Intersindical de Estadísticas y Estudios Socioeconómicos registró que del 11,8% de desempleados, 12 millones de personas, el 46,3%, son negros.

    Más aquí: Brasil lava sus heridas de la esclavitud en el Día de la Conciencia Negra

    'Fuera Temer' y 'Ningún derecho menos' fueron las consignas principales de los actos y marchas que se llevaron a cabo en las principales ciudades del Gigante Sudamericano. Además de los golpes que reciben por las dificultades económicas del país y los avances de los sectores más conservadores de la política brasileña, la preocupación que atraviesa a todas las organizaciones negras es la violencia de la cual son víctimas mujeres y jóvenes de este colectivo.

    "Cada 23 minutos es asesinado un joven negro en Brasil. Anualmente, 23.100 varones negros de 15 a 29 años son muertos. La tasa de homicidios entre hombres jóvenes negros es casi cuatro veces a la registrada entre los blancos", fue el resultado del informe final de la Comisión Parlamentaria de Investigación sobre el Asesinato de Jóvenes, realizado por el Senado en junio de este año.

    Por el lado de los crímenes de género, el sitio Rede Brasil Atual apunta que "el número de asesinatos de mujeres negras aumentó en un 54,2% entre 2003 y 2013, de 1.864 a 2.875 según el Mapa de Violencia 2015. Durante este período, el total de asesinatos de mujeres blancas cayó un 9.8%. Las mujeres negras son las mayores víctimas de violación y violencia doméstica en Brasil, que representan el 60% de las maltratadas por gente conocida en 2013" según datos de la Investigación Nacional de Salud de IBGE.

    El golpe de Estado ha sacado a la superficie, aunque nunca estuvo del todo sumergida, la profunda brecha que divide a la sociedad brasileña por cuestiones raciales. Un país que logró tener un presidente obrero, de origen humilde, como Lula Da Silva y la primera mandataria mujer de la historia electa y reelecta, no pudo eliminar ese odio de clase y de piel que perdura en amplias capas de la ciudadanía. Tal vez por ese odio la rabia encendía a quienes hace menos de un año atrás salían furiosos a pedir la renuncia de Dilma. Exacerbados por las grandes corporaciones de medios y los políticos derrotados una y otra vez en las urnas durante 14 años, a la vez pretendían estigmatizar a los principales beneficiados de este período: 40 millones de pobres menos.

    "Creemos que con el golpe será más difícil tener un diálogo", dicen las mujeres negras en lucha y nadie sintetiza mejor lo que hoy sucede en Brasil.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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