00:57 GMT +320 Octubre 2018
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    Un refugiado en Berlín

    Populismo en Alemania: el sentir de otra Europa

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    Luis Rivas
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    Angela Merkel abrió la puerta a la emigración en masa y por el hueco se le han escapado los votos de miles de compatriotas que ya no confían en ella ni en su partido, la Unión Cristiano Demócrata (CDU).

    El desastre electoral de la canciller alemana y de sus correligionarios en el Estado federado (Land) de Mecklemburgo-Pomerania Occidental confirma la corriente de hartazgo y frustración que recorre todo el continente europeo.

    Angela Merkel, canciller de Alemania
    © AP Photo / Markus Schreiber
    La formación Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán) ya no es un partido folklórico que responda a sentimientos coyunturales. En tres años de existencia, está ya presente en nueve cámaras regionales y roza el 12% en la intención de voto para las generales de 2017.

    Si las elecciones regionales de estos últimos meses son un test para la CDU, Merkel tiene mucha tarea por delante para reconquistar a los alemanes. La canciller, como otros colegas europeos democristianos (conservadores) o socialdemócratas, ha rechazado hasta ahora los asuntos que preocupan —y movilizan— a muchos ciudadanos del Viejo Continente, como son los referentes a refugiados, terrorismo, seguridad, islam e identidad.

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    Hasta ahora, en muchos foros de Europa, mencionar estos asuntos era rechazado por una mentalidad que prefiere negar una realidad que solo encuentra reflejada de golpe en las urnas. El angelismo de ciertas corrientes de pensamiento en Europa, de la que participan los partidos tradicionales, es incapaz de quitarse las orejeras y abordar un cambio de actitud que desborda el ámbito hasta ahora delimitado de las ideologías que han dirigido la política europea durante el Siglo XX.

    Del "bienvenidos" al caos

    Del "Wilkomen" a los refugiados, en Alemania se ha pasado al "Asylchaos". Un millón de inmigrantes acogidos en 2015 y se especula con 300.000 en 2016 son una bomba social que está desgastando políticamente a Merkel y a su partido.

    Los analistas alemanes subrayan que la CDU se ve superada por primera vez en ciertos lander por otra formación de derechas. Para Merkel, el avance de los populistas del AfD debe ser aún más doloroso, si se tiene en cuenta que es en Mecklemburgo-Pomerania Occidental donde la canciller tiene su circunscripción personal.

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    ¿Ha perdido Merkel el pulso de sus antiguos compatriotas de Alemania del Este? ¿Ha extraviado el olfato político que ha demostrado durante décadas para interpretar que son los ciudadanos de la ex-RDA (la región más pobre) los primeros que demuestran su descontento con una política que estos interpretan como más generosa con los refugiados que con ellos? ¿Por qué los obreros y los parados entre 30 y 65 años son los principales votantes de la AfD?

    Esta última interrogante, que por supuesto la CDU y Angela Merkel se hacen, debería abordarla también el resto de países europeos donde las fuerzas antiélite, antiestablishment y, como consecuencia, anti-Unión Europea, se han instalado ya en el poder o prepararan su asalto democrático.
    Por supuesto, seguirá habiendo una respuesta fácil de supuestos especialistas 'comentalotodo': el aumento del sentimiento de abandono por parte de los partidos tradicionales y el éxito de las formaciones antiinmigrantes y antiislam es para algunos "el retorno del fascismo". Si estos finos analistas se contentan así, es su problema, pero con el insulto no se resuelve la cuestión de fondo.

    Los cuatro países del Grupo de Visegrado (Hungría, Eslovaquia, República Checa y Polonia) ya han reiterado a la canciller Merkel lo que piensan de su política de acogida masiva de emigrantes. Y han vuelto a decir claramente "no" a la colaboración con esa política que consideran suicida para Alemania y todo el continente. Lejos parece estar ya el poder que ejercían Berlín, o Bonn, a golpe de su exmoneda, el marco, en una 'Mitteleuropa' que se levantaba tras la caída del comunismo. Berlín sigue representando el poder económico en el continente, pero han surgido nuevos gobiernos en su exzona de influencia que no admiten imposiciones políticas.

    Pérdida de identidad

    En Francia, la supuesta segunda locomotora de la UE, siempre enganchada a la alemana, el debate político a un año de las elecciones presidenciales es también acaparado por las cuestiones de identidad. Una parte de los franceses, dejados de lado por la globalización de la economía, las exigencias incomprendidas de Bruselas y despreciados por las élites multiculturalistas, ya no confían en los partidos de izquierda.

    Desde hace años, el Frente Nacional, especialmente en la versión modernizada de Marine Le Pen, liberada de su padre biológico y político, va ganando votos en las diferentes pruebas electorales. Solo un sistema electoral específico le priva de una representación proporcional a su fuerza en la calle.

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    La identidad, la ola imparable de refugiados o el terrorismo son asuntos que encabezan ahora los programas electorales de los partidos franceses. En Francia hay también muy finos analistas que denominan este fenómeno la "lepenización de los espíritus".

    En Holanda, el partido de Geert Wilders, que asume sin complejos representar la lucha frontal contra el islam, se sitúa entre los favoritos para alcanzar la mayoría en los próximos comicios generales. Para el islamo-izquierdismo europeo, Wilders no es más que un "ultraderechista" o incluso un "fascista". Pocos se acuerdan ya de los asesinatos de Theo Van Gogh y de Pim Fortuyn. Otros prefieren no acordarse del exilio forzado de la activista feminista Ayaan Irsi Ali. No se trata de justificar posturas, sino de entenderlas antes de descalificarlas.

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    Como Holanda, otros países europeos tradicionalmente generosos con la emigración, como Suecia, Dinamarca o Finlandia, conocen el mismo fenómeno político y social. Por un lado, los servicios de ayuda y acogida a emigrantes están saturados. Por otra, no quieren perder su identidad en una especie de 'macdonalización halal' de la cultura, donde su historia se vea borrada en nombre del multiculturalismo.


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    Etiquetas:
    migración, elecciones, UE, Angela Merkel, Países Bajos, Alemania, Francia