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    Presidente de México, Enrique Peña Nieto, y candidato a la presidencia de EEUU, Donald Trump

    Trump–Peña Nieto: el muro y las lamentaciones

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    Walter Ego
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    Si alguna duda quedaba de la corta estatura moral del presidente mexicano Enrique Peña Nieto, de su nula dimensión de estadista, su reciente encuentro con Donald Trump acaba de despejarla. No hay razón alguna que justifique rebajarse a tratar como igual a quien ve a México y a los mexicanos con sumo desdén, con total prepotencia.

    Enrique Peña Nieto ocupa un cargo público. No había, pues, razón alguna para una reunión privada en la que se tratarían asuntos de interés social, menos aún con quien no maquilla su desprecio hacia el pobre vecino del sur. A través de Peña Nieto, Trump "nos vio la cara" a los millones de mexicanos ultrajados por unas ofensas de las que jamás se desdijo.

    "Creo en el diálogo para promover los intereses de México en el mundo y, principalmente, para proteger a los mexicanos donde quiera que estén", dijo Enrique Peña Nieto en una justificación tan torpe como su invitación "a los candidatos a la Presidencia a Estados Unidos para conversar sobre la relación bilateral".

    Usted creerá en el diálogo, señor presidente, pero no míster Trump, por más que este le ofreciera también un "diálogo constructivo". Un diálogo, por si la semántica no es su fuerte, implica la participación de dos personas. Y bastante claro y fuerte ha monologado Donald Trump respecto a México y los mexicanos como para querer debatir con él. "México no se aprovechará más de nosotros. No tendrán más la frontera abierta. El más grande constructor del mundo soy yo y les voy a construir el muro más grande que jamás hayan visto. Y adivinen quién lo va a pagar: México". Ante esto, señor presidente, no hay razón para invitar al país bajo la excusa del diálogo a quien así vocifera.

    Pero ya que se dio la reunión, esa que presuntamente respondía a una invitación para "enfrentar la amenaza y el riesgo que hay sobre nuestro país", un mínimo gramo de dignidad habría llevado a dejar bien clara la posición mexicana ante los disparates y ofensas de Trump. Lo cortés —la diplomacia— no está reñido con el valor de la dignidad, y usted señor presidente siquiera debió hacerse eco de la "cordial invitación" que el Museo de la Memoria y Tolerancia, ubicado en el Centro Histórico, envió a Donald Trump para recordarle "el sufrimiento que han causado" discursos cargados de xenofobia e intransigencia como los pronunciados por el candidato republicano.

    Lea también: México tiene una política pasiva y reactiva ante Trump

    Como Julio César, Trump vino, vio y venció a un presidente timorato que dejó ir la oportunidad histórica de hacer ver que en México todavía hay pozos de dignidad con reservas suficientes para años de grandeza. En aras de una neutralidad mal entendida dejó ver, en cambio, el miedo de una administración sin brújula ante la eventual llegada de Trump al poder. Le dio además a Trump lo que este aún no ha conseguido en su país, ese futuro soñado que las encuestas le niegan: la dignidad de presidente. Le permitió, asimismo, desempeñar el rol de estadista en funciones, el ofrecer una falsa imagen de político moderado que solo se justifica por el objetivo final que lo compulsa: la conquista de la Casa Blanca.

    "Podemos o no estar de acuerdo, pero su presencia muestra una coincidencia: que nuestros países son muy importantes el uno para el otro", afirmó en la conferencia de prensa posterior al encuentro un Peña Nieto que parece haber olvidado que el 16 de junio de 2015, en el discurso del lanzamiento de su candidatura para las primarias del Partido Republicano, Trump declaró sin sutilezas de político que "México no es nuestro amigo. Nos está ahogando económicamente".

    El muro va, dejó en claro Trump tras su 'non grata' visita a México. Solo resta esperar que el magnate inmobiliario jamás llegue al poder para que este 'pueblo elegido' por Dios para estar tan lejos de Él y tan cerca de los Estados Unidos no lamente nunca el ver cómo se levanta en su frontera norte un amargo y perenne recuerdo del día en que un hombre mal investido de presidente declinó exigir para los mexicanos todos el respeto ajeno que este país merece.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    relaciones bilaterales, encuentro, visita, Enrique Peña Nieto, Donald Trump, EEUU, México