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    Memorial a los fallecidos en el atentado de Nizza, Francia

    El problema del "Islam francés"

    © AFP 2017/ Guiseppe Cacace
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    Luis Rivas
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    Han tenido que morir 236 personas en 18 meses en atentados islamistas en Francia para que el Gobierno del presidente François Hollande comience —solo comience— a reflexionar sobre el llamado "Islam de Francia".

    A esa cifra de muertos habría que añadir, además, los asesinatos de tres militares, tres niñas judías y uno de sus profesores en la región de Toulouse en 2012, a manos de otro islamista. Una acción que se tiende a olvidar en Francia y que, sin embargo, marcó el inicio de las acciones del autodenominado Estado Islámico en suelo francés.

    Cuatro años más tarde, y después del degollamiento de un sacerdote católico en Normandía, el Estado francés intenta entrar de lleno en una cuestión que hasta ahora se intentaba evitar por un absurdo reflejo de lo políticamente correcto (más bien, religiosamente correcto), un temor a perder los réditos del clientelismo político en la comunidad musulmana francesa, y un bloqueo político sobre cómo hacer compatible el mantenimiento del Estado laico, fijado por le ley de 1905 y una realidad imparable más de cien años después: el Islam se ha convertido, por fuerza demográfica, en la segunda religión de Francia.

    Siendo correctos con algunos políticos, habría que recordar que el actual primer ministro, Manuel Valls, ya había intentado evocar el problema —sí, un verdadero y enorme problema— tras los atentados de enero de 2015. Ahora, más de un año y medio después, Valls ha lanzado una batería de posibles soluciones que, por supuesto, han levantado la polémica de izquierda a derecha, y entre las diferentes visiones del Islam autóctono.

    El jefe del Gobierno de París manifiesta que habría que frenar la financiación extranjera del Islam francés. Loable iniciativa, pero aquí se topa precisamente con la Ley de 1905, que impide al Estado sufragar con dinero público a cualquier culto. Así, en la Francia de 'Las Luces', en la llamada patria del libre pensamiento y de los derechos humanos, los imanes que imparten su mensaje desde las mezquitas francesas están formados, pagados y, por lo tanto, controlados, por los países extranjeros de los que proceden.

    Imanes controlados desde el extranjero

    Solo el 20% de los imanes de Francia tiene nacionalidad francesa. El resto, 301, son marroquíes (30), argelinos (120) y turcos (151). En la mayoría de los casos no hablan francés, jamás han sido formados sobre la Shoa, la homofobia, la pena de muerte, la igualdad entre los sexos, y, en el caso de los turcos, puede que jamás hayan visto a un ciudadano de origen armenio y desconozcan absolutamente el genocidio que esta comunidad sufrió hace ahora poco más de cien años en lo que hoy es territorio turco.

    ¿Alguien con tres dedos de frente puede garantizar que las enseñanzas y consejos lanzados por estos imanes coinciden con el mensaje que correspondería a una sociedad moderna, laica y libre como la francesa? ¿Habría que formar a los imanes franceses en escuelas francesas? Sí, pero entonces se volvería a conculcar la Ley sobre la independencia religiosa del Estado. Solo en un territorio de Francia esa ley no se aplica. En Alsacia y Mosela —por cuestiones históricas— existe un Concordato por el que Francia puede subvencionar los cultos católico, protestante y judío.

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    El empeño de Valls de encontrar una solución provoca el levantamiento de las empalizadas a izquierda y derecha. ¿Acabar con la financiación exterior del Islam? De acuerdo. ¿Financiarlo con el dinero de los ciudadanos franceses? No. Así, el 'Islam franco-compatible' deberá seguir esperando a sustituir al 'Islam importado', juzgado incapaz de hacer frente a la radicalización de ciertos musulmanes franceses.

    La contradicción sobre la financiación de los cultos y, en especial, del musulmán, se refleja también en la construcción de mezquitas. Hoy por hoy, en Francia existen oficialmente 2.500 centros de culto musulmán. Dinero procedente de Argelia, Marruecos, Turquía, Arabia Saudí y otros Estados del Golfo Pérsico han contribuido a la construcción de los templos.

    Pero hay maneras —legales— de burlar la ley. Así, las alcaldías de ciudades y pueblos incluyen en sus presupuestos partidas para asociaciones 'culturales', que en realidad esconden sin disimulo a organizaciones islámicas. Así, los ediles pueden ceder terrenos gratuitamente. Así, también, los políticos locales se aseguran los votos de la comunidad musulmana local. Y cuando los responsables políticos locales se niegan a abrir nuevas mezquitas, el Estado puede obligarles, como ocurrió en Niza con un templo sufragado por Arabia Saudí, pocos días antes del atentado del 14 de julio.

    Manuel Valls ha manifestado por escrito y de viva voz que "los líderes del Islam francés deben rendirnos cuentas". Palabras que hace pocos meses habrían levantado los habituales improperios de los que se niegan a llamar a las cosas por su nombre y prefieren mantener la cabeza bajo tierra. Y en esas manifestaciones del primer ministro coinciden también algunos de los musulmanes franceses. En los días posteriores al asesinato del sacerdote de Normandía, cuarenta conocidos franceses musulmanes escribieron un manifiesto en el que apoyan los deseos de reforma de Valls, para quien "si el Islam no ayuda a la República, esta no podrá garantizar el libre ejercicio del culto". "Nosotros, musulmanes y franceses, estamos dispuestos a asumir nuestra responsabilidad", decía el comunicado. Cuarenta personas, por importante que sea su estatus en la sociedad, no representan a los seis o siete millones de musulmanes de Francia, pero hay muchos más que coinciden con ellos y no se atreven a manifestarlo públicamente.

    Impuestos a los productos halal

    Otra de las posibilidades para financiar internamente el Islam de Francia podría ser la creación de un impuesto a los productos Halal (producidos bajo métodos exigidos por esa religión), una industria que mueve más de 6.000 millones de euros al año.

    También se ha lanzado la idea de resucitar a la Fundación para el Islam de Francia, un organismo creado en 2005, pero en coma desde entonces. Dentro de esta institución se podría organizar también la financiación a través de empresas privadas y ciudadanos franceses, musulmanes o no, a la que se exigiría, claro está, una transparencia ejemplar.

    Uno de los obstáculos del Estado francés para gestionar sus relaciones con sus ciudadanos musulmanes es la ausencia de un organismo que englobe a los franceses que profesan esa creencia. El Consejo Francés de Culto Musulmán (CFCM) es el organismo que representa oficialmente al Islam francés. Pero esa institución vive pugnas intestinas dependiendo del país de origen de sus creyentes y dirigentes y no es un ejemplo de lo que Valls busca. La ausencia de una jerarquía religiosa añade pues otra gran dificultad a la organización del Islam de Francia.

    Musulmanes, botín electoral

    Para añadir más dificultades al asunto, en la dirigencia del país no todos coinciden sobre las soluciones. El presidente, François Hollande, ha desautorizado públicamente las declaraciones de Valls sobre la posible financiación nacional al Islam francés. Que el presidente contradiga a su primer ministro no es una sorpresa en Francia. Hollande está desesperado por aglutinar a toda la izquierda francesa, incluida la extrema izquierda y los 'verdes', 'pro-musulmanes' militantes y ultrasensibles a lo políticamente correcto.

    A pesar de ser el presidente francés con menor estima popular en la historia del país, Hollande sueña todavía con una carambola que le permita renovar su mandato en las elecciones de 2017. Manuel Valls, que no oculta sus aspiraciones presidenciales, quizá para 2022, preferiría deshacerse de los radicales de su propio partido que bloquean cualquier reforma 'social-liberal', como gustan calificar sus enemigos. En esa batalla ideológica, entra también de lleno el asunto de la organización del Islam de Francia.

    La batalla electoral permanente desespera a la ciudadanía que, a fuerza de atentados, busca refugio en quienes han propugnado y propugnan medidas más radicales en materia de seguridad desde hace décadas, y no solo desde que empezara la oleada de ataques firmados por Daesh. El Frente Nacional asiste satisfecho al 'robo' de sus ideas por parte del resto de las formaciones políticas.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    carne halal, islam, atentado, terrorismo, Manuel Valls, François Hollande, Francia
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