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    El Día de la Cosmonáutica (10)
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    El 27 de marzo de 1968, a las diez y media de la mañana, un MiG-15 de instrucción, con dos tripulantes a bordo, se precipitó a tierra cuando sobrevolaba el poblado de Novoselovo, a unos doscientos kilómetros al noreste de Moscú, capital de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

    Aquel habría sido una cifra más en la fría numeralia de aeronaves de guerra siniestradas si uno de los fallecidos no hubiese sido un piloto de 34 años llamado Yuri Alexéyevich Gagarin, el mismo que el 12 de abril de 1961 se había ganado la inmortalidad tras convertirse en el primer ser humano en orbitar alrededor de la Tierra a bordo de una nave espacial.

    Su hazaña —de la que se cumplen 55 años- lo convirtió en una leyenda viva que una temprana muerte, y el enigma en torno a ella, terminaron por cincelar. Para un país como la URSS —sobrado de héroes de guerra, pero falto de ídolos populares- la muerte de Gagarin representó la pérdida de un símbolo tangible de la superioridad soviética en aquellos días en que la guerra se libraba en sordina. De ahí que la comisión creada para investigar los hechos no tardara en concluir que una "maniobra imprevista", que hizo entrar al avión en barrena, fue la causa del accidente. A ello sumaron que el avión atravesaba una zona de nubes por lo que había poca visibilidad, en un esfuerzo que si bien buscaba mantener el prestigio de Gagarin y del avezado instructor que lo acompañaba ese día (Vladímir Sirioguin) terminó por servir de abono a toda clase de especulaciones sobre la verdadera causa de la muerte del héroe.

    Aquella fue una de las tantas muertes de un ser humano que entró en la eternidad desde que regresara sano y salvo a tierra luego de 108 minutos de vuelo que prefiguraron el destino cósmico de la Humanidad. Lo que debió ser luz fue sombra, como si la caída del hombre dinamitara también la estatua en que lo habían convertido en vida. Ni siquiera el dato —más presunto que cierto- de que Gagarin no pudo catapultarse del aparato por tratar de evitar que el avión en picada se estrellara contra una escuela repleta de niños pudo servir de digno corolario a su vida. Salieron a relucir entonces sus infidelidades y los presuntos problemas de alcoholismo derivados de la enorme exposición mediática del cosmonauta; incluso llegó a afirmarse que el día de su muerte pilotaba borracho; incluso llegó a afirmarse que su "muerte" sirvió como velo para poder recluirlo en un sanatorio de pacientes psiquiátricos.

    De las otras muchas historias que el torpe secretismo de las autoridades de la URSS propició, quizás la más controvertida sea la sostenida por Boris Murasov, un ex militar que en los años de la "glasnost" en la prensa soviética enarboló el asesinato como la verdadera causa de la muerte de Yuri Gagarin. Según Murasov, el posible nombramiento de Gagarin como jefe del Centro de Entrenamiento de Cosmonautas de la Unión Soviética habría despertado el resentimiento de algunos funcionarios de alto rango hacia quien veían como un advenedizo sin otro mérito que la popularidad que le había granjeado su condición de pionero de los vuelos espaciales. En un país donde las purgas estalinistas no eran historia lejana, cualquier teoría que involucrara luchas intestinas por el poder caía en terreno fértil, sobre todo si la razón oficial para la "maniobra imprevista" del MiG-15, dada a conocer en el 2011 por el jefe del Departamento del Archivo de la Gestión Presidencial, Alexánder Stepánov, apuntaba a un globo sonda como el objeto que al tratar de esquivar llevó al trágico desenlace de Gagarin y su acompañante.

    La más reciente teoría sobre la muerte de Gagarin data de hace tres años y no solo echa por tierra la teoría conspirativa de Murasov, sino también la versión del ex coronel de la Fuerza Aérea Soviética Igor Kuztnetsov, quien aseguró con el respaldo que confieren nueve años de investigaciones sobre el tema, que al darse cuenta Gagarin de que una de las ventanas de la cabina del avión no estaba herméticamente cerrada inició un descenso en picada tan abrupto que lo llevó a perder el control del avión. La última versión, dada a conocer por el también cosmonauta Alexéi Leónov, el primer ser humano que realizó una caminata espacial, en 1965, si bien retoma básicamente la interpretación oficial en cuanto a la "maniobra imprevista" que terminó impactando al avión contra la tierra, difiere en la razón que la motivó. Según Leónov, un avión Su-15, que volaba sin autorización procedente del aeródromo de Zhukovski, invadió el espacio aéreo por el que navegaba Gagarin y las turbulencias que dejó a su pasó afectaron la maniobrabilidad del MiG-15, el cual entró en barrena a unos 750 kilómetros por hora. El impacto contra el piso fue de tal magnitud que penetró unos seis metros en la tierra. Para Leónov, ese error humano explica el accidente; explica también la secrecía que impusieron al hecho las autoridades soviéticas de la época que no aceptaban un fin tan desangelado para su héroe mayor, el mismo que convirtió el ser cosmonauta en el sueño de muchos de los que fuimos niños en los sesenta, el mismo que a mi modesto entender no murió aquel trágico 27 de marzo de 1968, sino el día sin alma en que para convertirlo en monumento sus superiores le prohibieron volar y le atragantaron para siempre en la garganta el grito de " ¡Poyéjali!" (¡Vámonos!) que tanto añoraba repetir.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Tema:
    El Día de la Cosmonáutica (10)

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    Etiquetas:
    URSS, espacio, Boris Murasov, Yuri Gagarin, Rusia
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