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    Posible salida de Gran Bretaña de la UE (90)
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    Londres consiguió para sí una «Europa a la carta» y también una Europa más débil frente a otros bloques económicos que siempre han tenido que luchar con la potente competencia de una pujante Unión Europea.

    Los enemigos de una Europa políticamente unida respiran aliviados. Los temerosos de una Unión Europea comercialmente coherente y fuerte se frotan las manos. Los aspirantes a una Europa más social se lamentan. La «Cumbre» comnunitaria del 20 de febrero pasado se estudiará como una de las fechas clave de una institución que hasta ahora jalonaba su historia con efemérides positivas.

    El Reino Unido (RU) ha obtenido lo que su «premier» conservador, David Cameron, necesitaba para superar el referéndum que prometió a su país sobre la permanencia o salida  de la Unión Europea. Si el jefe de los «tories» se comprometió a ello no fue sino para contrarrestar a los euroescépticos dentro de su propio partido y, especialmente,  al empuje electoral de la formación antieuropea y populista UKIP, que en los últimos comicios obtuvo casi un 13 por ciento de apoyo popular.

    Esa consulta se celebrará el 23 de junio, pero en Bruselas, el 20 de febrero pasado, Cameron obtuvo sus primeros argumentos para convencer a sus ciudadanos de la conveniencia de permanecer en la UE.

    Cameron acudió a la capital comunitaria con varias exigencias y sus colegas europeos no opusieron verdadera resistencia, aunque ello supusiera el fin del tan cacareado sueño europeo. Al menos, el fin de la Europa que algunos soñaban, social e igualitaria.

    Reino Unido ya disfrutaba de un estatus diferenciado dentro de la UE: como otros países de menos fuste económico, su moneda, la libra,  no se ha fundido en el euro, lo que le permite escapar de las exigencias de un espacio económico común, donde su centro financiero, la City, vive alejada de las regulaciones comunitarias.

    Aún así, el sentimiento eurofóbico entre los británicos siempre ha sido muy alto, aunque entre los enemigos de la UE no se ponen de acuerdo en si la insituticón es un club ultraliberal, como dicen algunos, o una organización de comunistas, como aseveran otros.

    Cameron ha conseguido lo que millones de europeos consideraban una aberración antes de la última cumbre: para protegerse de los argumentos de los populistas, Londres obtiene que los futuros emigrantes de otros países comunitarios tengan que esperar cuantro años antes de recibir la ayuda social que los británicos con sueldos poco elevados reciben.

    Los 27 socios del Reino Unido han aceptado violar uno de los principios básicos del «sueño» europeo: el de la igualdad de derechos entre sus ciudadanos, independientemente del lugar del Continente donde han nacido. Todo ello, por evitar el «Brexit», término utilizado para describir la salida del RU de la UE.

    Otra de las condiciones exigidas por Cameron para defender ante sus ciudadanos la conveniencia de seguir en el club de Bruselas es la de reducir las ayudas por hijo que reciben las familias de emigrantes. A partir de ahora, esa ayuda se estimará según el nivel de vida donde el hijo del trabajador extranjero resida. Es decir, si un ciudadano rumano que trabaja en Gran Bretaña tiene a su hijo viviendo en su país recibirá esa ayuda según el coste de la vida en Rumanía, y no en Reino Unido.

    A partir de ahora la execpcionalidad de la que ya disfrutaba Londres, gracias a su relación especial con la UE, se ampliará y se sellará aún más. El RU ha obtenido el derecho a no aplicar cualquier medida comunitaria enfocada a la regulación financiera. Y, por supuesto, nunca aceptará el deseo de «una unión más estrecha», como rezan los textos firmados por el resto de sus socios.

    Todo ello no le garantiza a Cameron la victoria en el referéndum del verano. En su propio gabinete, varios ministros ya han manifestado que son partidarios de abandonar la UE. Las opiniones entre los británicos están divididas y existe alrededor de un 20 por ciento de indecisos a los que las dos partes debrán atraer durante los próximos cuatro meses.

    Para darle una mayor emoción a este dilema, el gobierno de Escocia —pro europeo-  ha manifestado que si el Reino Unido decide salir de la UE, organizarán otro referéndum para pedir la independencia de Londres.

    Las principales corporaciones británicas se han manifestado ya en contra del «Brexit». Saben que Gran Bretaña perdería un 25 por ciento de su comercio con la UE y un 20 por ciento de la inversión extranjera que recibe. Pero los argumentos cifrados tienen poco impacto en el bloque euroescéptico del país, en el que se mezclan desde izquierdistas aislacionistas a xenófobos derechistas.

    La presión de los populistas

    Crisis económica, crisis provocada por la respuesta a la inmigración masiva, «Brexit»… La UE vive uno de los peores momentos de su historia. Los paises miembros ven cómo surgen entre sus ciudadanos una opinión que queda cautivada por los cantos de sirena del populismo. En RU, Cameron se suma a las ideas de los eurófobos; en Francia, el gobierno socialista le roba las ideas al Frente Nacional en lo que concierne a la política judicial y antiterrorista; en el Norte de Europa las diferencias entre izquierda y derecha en cuanto al tratamiento de la inmigración se diluyen ante el auge del nuevo nacionalismo.

    Para los considerados «fundamentalistas» de la Unión Europea, Bruselas ha claudicado ante Londres. Para los «realistas», las concesiones no son tan exageradas y, si sirven para evitar lo que sería peor, la salida del RU de la UE, no están mal empleadas.

    El peligro es que las condiciones exigidas, o chantaje,  por el conservador de David Cameron para su país pueden despertar la envidia de otros gobiernos y otros ciudadanos de países comunitarios.

    Ya no se hablará de una «Europa a dos velocidades» —la división entre partidarios de una Unión más acelerada u otra más gradual-. Londres ha creado la «Europa a la carta» y eso significa una Europa más débil para hacer frente a otros bloques económicos que, precisamente, han  combatido siempre la fuerza de una Unión Europea competidora sobre el tablero mundial.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    Brexit, UE, David Cameron, Reino Unido
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