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    La Habana, Cuba

    La economía en Cuba a las puertas del 2016

    © AP Photo / Desmond Boylan
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    Se va 2015 para los cubanos como el año en que se restablecieron las relaciones con EEUU, pero contrariamente a lo que muchos esperaban, ni eso, ni las tan anunciadas transformaciones económicas, llegan aún a la mesa de la inmensa mayoría, aunque las cifras parezcan mostrar otra cosa.

    Según informó hace pocos días al Consejo de Ministros el titular de Economía y Planificación, Marino Murillo, el producto Interno Bruto (PIB) cubano creció un cuatro por ciento en 2015, a pesar de los efectos del bloqueo de Estados Unidos y las restricciones financieras.

    Si se compara con el uno por ciento registrado en el 2014, se trata de un avance sustancial. Y sorprende conocer que el consumo interno de los hogares incidió en esto, con un incremento del 3.2 por ciento, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

    En la sesión plenaria de la Asamblea Nacional (parlamento), correspondiente al fin de este año, salieron a relucir datos que aseguran que entre los sectores de mayor crecimiento está la industria azucarera, con un 16.9 por ciento, mientas que las construcciones alcanzaron el 11.9, la industria manufacturera llegó al 9.9 y comercio y servicios subió un 8.6 por ciento.

    Se elevó la cifra de turistas hasta el récord de tres millones y medio, a pesar de que los ciudadanos de Estados Unidos todavía tienen restricciones para viajar a la isla.

    Todo esto, según los especialistas, a pesar del fuerte impacto de la sequía —un 47 por ciento del territorio nacional registró bajos índices de precipitación-, considerado como uno de los principales frenos al desarrollo de la agricultura y en general del país.

    Las autoridades reconocen que gran parte de lo conseguido en este 2015 se debe a que se logró disponer de anticipos de liquidez y a las contrataciones adelantadas de los créditos. Algo que pudiera preocupar a economistas y neófitos, que ya ven con desilusión los pronósticos de menor ritmo de crecimiento (2%) previsto para el 2016, cuando ni siquiera este año se ha notado la mejoría que tanto necesitamos.

    Durante la clausura de la sesión de la Asamblea, el presidente Raúl Castro achacó esas modestas expectativas a que "se proyectan limitaciones financieras asociadas a la caída de ingresos en los rubros exportables tradicionales por la disminución de sus precios en el mercado mundial, como por ejemplo el níquel" y recordó las afectaciones en las relaciones con Venezuela, que incidirán probablemente en los acuerdos de suministro de petróleo.

    Barco norteamericano Thomson Dream en la Bahía de La Habana
    © AP Photo / Desmond Boylan
    Así, Cuba se enfrenta a un 2016 con ventajas y desventajas. Aunque sin dudas la derrota del chavismo tendrá implicaciones en la economía cubana, se espera que las relaciones con potencias como Rusia, China y Brasil, así como la normalización con Estados Unidos, amortigüen el golpe.

    Si nos guiamos por el plan de la economía para el nuevo año, se prevé potenciar las reservas internas, dirigir los recursos hacia los rubros exportables y priorizar las inversiones en infraestructura y sectores estratégicos.
    Está previsto seguir ofreciendo servicios sociales básicos como salud y educación en niveles similares a los de los últimos años, lo que significa que a pesar del esfuerzo, continuaremos sufriendo no pocas carencias en hospitales y escuelas.

    La inversión extranjera debe continuar en ascenso, en particular en la Zona Especial de Desarrollo (ZED) Mariel, donde más de 400 compañías han manifestado ya su interés. Aunque empresarios de todo el mundo ven a Cuba ahora como una oportunidad de negocios —y tanto necesitamos que se concreten-, paradójicamente aún sigue siendo muy difícil insertarse en el complejo entramado burocrático cubano, sin contar otros males como la doble moneda, los precios irracionales y la corrupción.

    Muchos coinciden que el proceso de "actualización del modelo socialista" va demasiado lento para las necesidades de la gente. Ese aumento del consumo parece quedarse en unos pocos y no llegar a los millones de cubanos que este 31 de diciembre han tenido que volver a hacer magia para conseguir una mesa bien servida. Cosa harto difícil cuando cuatro tomates son una jornada laboral, medio kilo de carne de cerdo equivale a más de dos días de salario medio y aún se necesitan otros dos para un litro del aceite más barato, vendido por el Estado.

    "No podemos estar satisfechos pues (los resultados) aún no se reflejan de manera positiva en la vida cotidiana", dijo el ministro Murillo. El presidente Raúl Castro también se refirió al impacto de las medidas y al salario de los trabajadores, así que por lo menos las autoridades parecen tener claro que es insuficiente.

    Pero eso no basta, como tampoco arremeter contra los altos precios de los productos del agro que establecen los particulares, cuando los costes de la mayoría de las mercancías de primera necesidad vendidas de forma estatal son también exorbitantes. Por ahora seguirán los cubanos inventando para exprimir un salario y diversificar ingresos, en una cuenta en la que dos más dos no suelen ser cuatro y no queda otra que "resolver".

    El 2016 está llamado a ser crucial. El tiempo se acaba y la cuota de confianza depositada en las reformas va tocando fondo, mientras continúa creciendo el número de los que optan por nuevos horizontes, a veces a cualquier precio. Cuba no puede darse el lujo de seguir esperando que sus cifras de crecimiento se repartan en todos los bolsillos.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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