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    Como cada año, por estos días de octubre, las jornadas exultantes del Festival Internacional Cervantino (FIC) desquician la tranquilidad pueblerina de la otrora Villa de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato.

    Cientos de miles de visitantes llegan a la hoy ciudad, y la desbordan, atraídos por el festival multiartístico más importante de América Latina y uno de los más sobresalientes de su tipo en el mundo.

    El nacimiento del FIC —una de las razones que justificaron el reconocimiento de la ciudad de Guanajuato como "Capital Cervantina de América" en el año 2005- lo marcan dos circunstancias alejadas en el tiempo pero unidas por el hilván de la cultura. En 1971, durante una gira por el estado de Guanajuato, el entonces presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, encargó a uno de los integrantes de su gabinete que concertara una representación privada de los "Entremeses" de Miguel de Cervantes, los mismos que desde el 20 de febrero de 1953 se escenificaban en la plaza donde se levanta el Templo de San Roque bajo la dirección del maestro Enrique Ruelas, fundador y director del Teatro Universitario.

    Por su original puesta en escena, en la que participaban actores no profesionales y casas y vecinos de la plaza de San Roque se volvían parte del montaje, los entremeses cervantinos se habían convertido en un atractivo cultural de la ciudad como lo atestiguaban los cientos de propios y extraños que acudían a presenciar la versión renovada por el maestro Ruelas de aquellas piezas ligeras y sin pretensiones de trascendencia que escribiera Cervantes para ser representadas durante los entreactos de las obras que dejarían su impronta dramática en el llamado "Siglo de Oro" español.

    Para el licenciado Echeverría Álvarez, asistir a aquella representación significaba algo más que un momento de esparcimiento y disfrute artístico en medio de su laboriosa gira de trabajo; significaba reencontrarse con antiguos conocidos —como el propio Enrique Ruelas- cuya amistad había frecuentado en la década de los años 50 cuando se desempeñó como delegado del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el estado de Guanajuato.

    El día de la función no resultó como había previsto el presidente mexicano: el "Retablo jovial" —cinco breves farsas del dramaturgo español Alejandro Casona adaptadas de textos clásicos, entre ellos el Quijote- sustituyó a los entremeses de Cervantes y la función se trasladó de la plaza de San Roque al Mesón de San Antonio, una edificación de 1776 erigido con el dinero del primer Marqués de Rayas en los años del esplendor minero de la ciudad. Los cambios se debieron a que el encargado de la encomienda presidencial nunca pudo contactar al maestro Ruelas, quien se encontraba en la Ciudad de México por esos días, por lo que tuvo que solicitar ayuda al rector de la Universidad de Guanajuato, Eugenio Trueba Olivares, también amigo de Echeverría, quien se dio a la tarea, que devendría imposible, de reunir a los actores de los "Entremeses". Afortunadamente sí logró juntar a los intérpretes del "Retablo jovial", por lo que esa fue la obra escenificada aquella noche ante el presidente de la República.

    A pesar de las modificaciones, la representación satisfizo al mandatario mexicano quien no sólo se prodigó en elogios hacia la puesta en escena, sino que fue más allá y propuso reconocer el quehacer del Teatro Universitario y de su fundador fuera de las fronteras citadinas mediante la realización de un festival multiartístico y de relieve internacional en el cual los entremeses cervantinos formarían parte de la programación.

    No fue una decisión repentina. La idea de realizar en México un festival con esas características databa de inicios de los años 70 y había nacido durante la celebración en Panamá de un Congreso de Turismo. La ciudad de Acapulco, que aún conservaba la fama mundial adquirida gracias a las estrellas de Hollywood que en ella fijaron residencia, fue la primera opción en la que se pensó como sede, pero las cuentas poco claras que arrojaba la contabilidad de los recursos públicos manejados en el estado de Guerrero la convertían en una candidata escasamente confiable por los cuantiosos fondos que se destinarían al proyecto. La alternativa de Guanajuato cobró entonces relevancia, pues a pesar de que por aquellas fechas su infraestructura hotelera no alcanzaba para acoger a los visitantes que se preveían en un evento de gran envergadura, ello se equilibraba en la mente de Luis Echeverría con el ambiente cultural que se respiraba en esa ciudad del Bajío mexicano, "la Atenas de por acá", según el decir irónico del escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia. La primera edición del FIC inició el 29 de septiembre de 1972 y se extendió hasta el 18 de octubre, fecha en la que se dio a conocer la decisión presidencial de convertirlo en un evento de periodicidad anual.

    A la fecha, tras 42 ediciones, y un desfile impresionante de artistas y agrupaciones de renombre mundial, el FIC prosigue sin descanso en su andar quijotesco, como mismo no han conocido el reposo los "Entremeses" de Miguel de Cervantes, esas piezas que la tenacidad del maestro Enrique Ruelas rescatara del olvido ceniciento en que los sumió la gloria perdurable del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, esas piezas que sin él saberlo en aquel lejano 1953 le heredarían su ánima jubilosa a la "fiesta del espíritu" que supone el FIC y consagrarían a Guanajuato, con el tiempo y para siempre, como la "Capital Cervantina de América".


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Además:

    Se inició el festival internacional cervantino, el mayor evento cultural de México
    Etiquetas:
    Festival Internacional Cervantino, Miguel de Cervantes Saavedra, Guanajuato, México
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