22:47 GMT +319 Octubre 2018
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    Elecciones en MéxicoJaime Rodríguez El Bronco

    e-Lecciones en México

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    Walter Ego
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    Bastan dos palabras para definir el ánimo ciudadano tras las elecciones intermedias del pasado 7 de junio en México: desencanto y esperanza.

    El primero se reconoce en ese 4,88% de boletas anuladas respecto al total de los votos emitidos; el segundo en las alentadoras victorias de quienes accedieron a un puesto de elección popular por la vía de la candidatura independiente.

    El 4,88% de boletas anuladas —levemente inferior respecto a las elecciones intermedias del 2009, donde se invalidaron el 5,39% de las papeletas- resulta una cifra significativa, siquiera por superar a la de votos obtenidos por cuatro de los partidos que participaron en la reciente contienda electoral. Ese casi millón y medio de personas que anularon conscientemente su boleta bien pudieran solicitar su registro ante el Instituto Nacional Electoral (INE) como un nuevo partido político: el de los desencantados. Membresía tienen. Y también un programa: la nulificación voluntaria de su derecho al voto como forma de manifestar su hastío por la politiquería "ad nauseam", esa que a fuerzas de insistir en discursos vacuos y repetidos y en hacer de la función pública un ejercicio de beneficio personal ha terminado por desencantar a los mexicanos. La cifra constituye además un buen argumento para abogar por la desaparición de esos todos partidos rémoras como Nueva Alianza, Encuentro Social, el Partido del Trabajo y el Humanista que solo sirven para establecer relaciones antinaturales con otros partidos a fin de conservar un registro que les permita vivir de las dádivas que garantiza el benevolente sistema electoral mexicano.

    A las hieles del desencanto contribuye el anuncio del INE de que se revisará el 59% de los paquetes electorales. Si bien ello habla del afán de transparencia e imparcialidad que procura el árbitro electoral, habla también, lamentablemente, de la persistencia de prácticas electorales de vieja data que constituyen un atentado a la democracia como la pérdida oportuna de actas o que en algunos casos todos los votos depositados en una urna hayan sido en beneficio de un mismo partido, prácticas que no deben verse solo como la herencia contaminada de un pasado autoritario, sino además como evidencia de la debilidad de una institución carente de poder para imponer a los partidos el respeto por las reglas del juego electoral. Los llamados a votar por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que vía Twitter realizaron algunas figuras del fútbol mexicano el mismo día de las elecciones, apenas sí fueron el colofón de una larga lista de irregularidades cometidas por ese partido antes de —y durante- una campaña electoral tan incierta cuyos resultados terminaron por desbaratar las quinielas de los expertos.

    Elecciones en México
    © AP Photo / Marco Ugarte
    En efecto, a contramano de las previsiones de muchos politólogos que daban por sentado un domingo negro para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), éste no sólo conservó su mayoría en la Cámara de Diputados (lo que facilitará el desempeño presidencial de Enrique Peña Nieto en lo que resta del sexenio), sino que el voto de castigo mandó al PAN (Partido Acción Nacional) a cuidados intensivo y desahució a un PRD (Partido de la Revolución Democrática) que tendrá que reinventarse o desparecerá ante el ascenso del Movimiento de Renovación Nacional (MORENA), convertido por el voto popular en la cuarta fuerza política del país y en la primera con un candidato definido para las elecciones presidenciales del 2018: Andrés Manuel López Obrador, el hijo desobediente del PRD. Si para entonces la izquierda mexicana logra superar las divisiones que hoy enfrenta, puede que a la tercera sea la vencida para el dos veces aspirante (suspirante) a la presidencia de México. De persistir en ellas, en el 2018 el PRI se mantendrá en Los Pinos (residencia oficial del primer mandatario del país) por otros seis años más.

    El "evangelio" de los independientes

    Pese a tanta contrariedad, las recién concluidas elecciones trajeron las "buenas nuevas" de los triunfos de seis candidatos independientes, victorias que oxigenan la enrarecida atmósfera de la democracia mexicana y bien pudieran quedar como un hito en el breve trayecto de vida de la misma (apenas 15 años, si se toma como referencia la llegada del panista Vicente Fox a la presidencia de la República en el 2000). Destacan entre ellos Pedro Kumamoto (diputado local en Jalisco), Manuel J. Clouthier (diputado federal por Sinaloa) y Jaime Rodríguez "El Bronco" (gobernador de Nuevo León).

    Si bien "El Bronco" acapara reflectores por su carisma y la importancia de la entidad que gobernará, si Clouthier ya hizo saltar la alarma como posible presidenciable independiente para el 2018 (hace seis lo intentó, pero no se lo permitieron), el joven

    Pedro Kumamoto (25 años) es acaso quien más simpatías despierta por ser percibido como un candidato realmente independiente (la impronta del pasado priista de "El Bronco" y panista de Clouthier no se borra con haber renunciado a esos partidos) y por lo que puede aportar al nacimiento de actores políticos de nueva estirpe. Por demás, su modesta campaña electoral (empleó 18 mil 626 pesos de parte del gobierno más 35 mil que aportaron sus simpatizantes) pone en dudas la necesidad del costoso financiamiento que reciben los partidos por parte del INE para labores de proselitismo.

    En cualquiera de los casos, el reto de cada uno de los independientes ganadores será tener un desempeño a la altura de las expectativas que han provocado. Sería lamentable dejar pasar la oportunidad de lavarle el rostro, siquiera con levedad, a una democracia enlodada por una clase política que desperdició durante dos sexenios consecutivos los beneficios de la alternancia de poderes para llevar a México al siglo XXI, pues ciertamente las actuales "tribus" perredistas, los caudillos priistas y el conservadurismo panista le adeudan más a un pasado analógico del que no alcanzan a desprenderse que al presente digital y de redes sociales que posibilitan con eficiencia y escasos recursos un impacto similar al de la onerosa publicidad tradicional. Y si no que lo digan los candidatos independientes que basaron buena parte de su campaña en la publicidad a través de medios electrónicos. De ahí, y por las enseñanzas dejadas, que hayamos hablado de e-lecciones en torno a lo concluido el pasado 7 de junio en México.

     

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    elecciones, Instituto Nacional Electoral (INE), Manuel J. Clouthier, Pedro Kumamoto, Jaime Rodríguez, México