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    Las elecciones presidenciales de EEUU y el mundo hispano

    Las elecciones presidenciales de EEUU y el mundo hispano

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    Francisco Herranz
    Elecciones EEUU 2016 (586)
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    Aunque el anuncio promocional de Hillary Clinton tiene una factura técnica y artística impecable, quizás la presidenciable podría haberse arriesgado a soltar algunas palabras en la lengua de Márquez, ya que al menos tres de sus adversarios políticos hablan español y no dudarán en aprovecharlo.

    Aunque todavía falta año y medio para el 8 de noviembre de 2016, fecha de las elecciones presidenciales norteamericanas, la carrera por la Casa Blanca está ya muy activa. El pistoletazo de salida lo ha dado la candidata más esperada, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, tras difundir un vídeo promocional de poco más de dos minutos de duración que ya ha dado la vuelta al mundo. La esposa del expresidente Bill Clinton es la favorita a priori del lado demócrata y ha iniciado una larga singladura por todo el país que ha iniciado en el Estado de Iowa, determinante en las urnas pues sus caucus o asambleas partidistas son las primeras del calendario y suelen acertar casi siempre quién será el futuro ganador. 

    Logo de la campaña presidencial de Hillary Clinton en su cuenta Twitter. 12 de abril de 2015
    © REUTERS / Twitter.com/hillaryclinton
    Clinton, con 67 años, ha aprendido de los errores cometidos en 2008 —cuando perdió las primarias ante Barack Obama- y ha puesto en marcha un equipo de colaboradores que mima la redes sociales y que ha tejido un entramado de donantes y grupos universitarios que derrochan entusiasmo. Su campaña va a intentar ser mucho más cercana al votante que la anterior.

    En el citado vídeo Clinton hace un guiño a la comunidad hispana. Aparecen una serie de personajes anónimos que buscan su propia prosperidad y la de Estados Unidos, y dos de ellos son dos hermanos emprendedores, que hablan directamente a la cámara en español y cuyo mensaje es traducido al inglés con subtítulos. Aunque el anuncio tiene una factura técnica y artística impecable, quizás la presidenciable podría haberse arriesgado a soltar algunas palabras en la lengua de Gabriel García Márquez para ganar unos pocos más de adeptos, porque al menos tres de sus adversarios políticos (Marco Rubio, Jeb Bush, Ted Cruz) hablan español en mayor o menor medida y no dudarán en aprovechar esa baza lingüística y social durante la larga batalla electoral.

    Hillary Clinton se ha preparado a conciencia para el desafío (durante cuatro años) e hizo bien al distanciarse de Obama para poder convertirse en una alternativa real y no verse perjudicada por su caída de popularidad. Ahora su dilema será decidir si se presenta como una sucesora del actual presidente afroamericano o si prefiere alejarse aún más de él y criticar su gestión, que en algunos aspectos ha sido decepcionante. 

    La victoria de Hillary Clinton sería histórica por varias razones. Sería la primera mujer en el cargo y también sería la primera demócrata en relevar a un presidente del mismo partido que agota su mandato desde 1837. Su triunfo dependerá de su la calidad de su contrincante pero sobre todo de que su mensaje sintonice con una nueva generación de estadounidenses: más jovenes, más diversos, más urbanos y mejor formados.

    Enfrente podría tener a Marco Rubio, quien oficializó su candidatura el mismo día que ella. Senador republicano por el Estado de Florida, domina perfectamente el español pues sus padres son emigrantes procedentes de Cuba. Rubio representa la cara juvenil —tiene 43 años- de un partido que, como dice el diario The New York Times, "se inclina por lo antiguo y que ahora lucha por atraer el voto de los jóvenes, los negros y los latinos", tres grupos demográficos crecientes e imprescindibles para el camino al éxito.

    A Rubio le falta discurso y experiencia pero es un buen orador, aunque en su prueba de fuego dando la réplica a Obama en el discurso sobre el estado de la Unión en 2013, se le secó la boca y tuvo que echar mano de una botella de agua. Su programa social tiene poco de progresista pues contempla revocar la reforma sanitaria de Obama que beneficia a los grupos más desfavorecidos. Y dice que él representa el "sueño americano" y  recuerda en español las palabras que le dijo su padre camarero: "En este país, ustedes van a poder lograr todas las cosas que nosotros no pudimos”.

    En política exterior, Rubio cree que "el mundo es más seguro y mejor cuando Estados Unidos es el país más fuerte del mundo" y no oculta su dureza con Cuba y por extensión a Venezuela y a todo el eje bolivariano.

    En el Senado siempre ha demostrado que es un halcón. En 2013 formó parte de un grupo de senadores republicanos y demócratas que redactó una ley para regularizar la situación de los 11 millones de inmigrantes ilegales que viven en EEUU. Posteriormente se distanció de la propuesta —que no ha sido presentada en la Cámara de Representantes-, afirmando que cualquier revisión de la política migratoria estadounidense debe empezar por el fortalecimiento de la frontera con México. Más vallas, más policías. El proyecto del Senado no gustó al sector conservador, que la vio como una amnistía encubierta. 

    Se da la circunstancia de que Rubio ha sido el protegido de otro aspirante al 'trono', Jeb Bush, quien fue gobernador de Florida durante ocho años y cuya gestión "es recordada positivamente", según afirma Manuel Aguilera, director del Diario de las Américas, periódico que se publica en español en Miami desde 1953.

    Jeb Bush, de 62 años, miembro de una familia de patricios que domina el Partido Republicano desde hace casi tres décadas —con un padre y un hermano presidentes-, tiene una posición algo más centrista que Rubio y ve también la enorme importancia del voto hispano: no en vano su mujer nació en el estado mexicano de Guanajuato. Su estrategia consiste más en convencer a los más escépticos dentro del partido que en plegarse a la voluntad de las bases, que suelen tender al inmovilismo.

    Pero en cuanto a La Habana se refiere, las posiciones de Rubio y Bush son casi clónicas. Ambos condenaron de inmediato la decisión de la Casa Blanca de sacar a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo. Rubio la calificó de "terrible error" y Bush criticó que Obama haya tendido la mano "al dictador opresivo Raúl Castro" y se haya acercado a un "Estado policial comunista".

    El tercer hispano en discordia, también senador, también de raíces cubanas, se llama Ted Cruz, y viene de Texas. Su mensaje tiene tintes incluso mucho más conservadores. Lidera el Tea Party, un movimiento fundamentalista cristiano que ansía el poder desde el ala derechista del partido. 

    Gane quien gane, será una campaña muy cara —se habla de 2.500 millones de dólares sólo en donaciones a Hillary Clinton- y muy competida. Too close to call, que dicen en inglés. Esperemos que no sea tan apretada como la que enfrentó a George Bush hijo y Al Gore en 2000 y que se dilucidó en los tribunales gracias a aquellas malditas papeletas mariposa de Florida.

    Echando números, unos y otros saben que los latinos suponen 55 millones de personas, el 18% del total de la población estadounidense, muy presentes no sólo en Florida, sino también en Texas, Nuevo México, Arizona, Colorado, Nevada, California y Nueva York.

    Finalmente, ¿cómo afectaría a los intereses del mundo latino tanto dentro como fuera de EEUU el triunfo de Clinton? ¿Y qué ocurriría si, por contra, gana el representante del Partido Republicano, sea éste Bush, Rubio o Cruz?

    Es evidente que si lo logra Clinton y, por ende, los demócratas siguen manteniendo el control de la Casa Blanca, el proceso de normalización de las relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba seguiría su ritmo. Y eso debería tener un efecto balsámico en otros puntos de Latinoamérica donde se critica el imperialismo de Washington: Venezuela, Bolivia, Ecuador… No se puede decir lo mismo en el caso de que vencieran los republicanos, especialmente si lo consiguieran Cruz o Rubio, para quienes negociar con Raúl Castro podría convertirse en un asunto personal de naturaleza insalvable. También significaría el entierro de la actual política migratoria y sanitaria. Con todas sus contradicciones, y tiene bastantes, la llamada doctrina Obama —menos confrontación y más negociación- pasaría al limbo de la historia y Latinoamérica podría ser, otra vez, la primera víctima de un nuevo giro político copernicano similar al que protagonizó ya George Bush hijo en enero de 2001.

     

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    elecciones, Jeb Bush, Ted Cruz, Hillary Clinton, Marco Rubio, EEUU