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    Saber a qué olía Europa dejará de ser un misterio. El proyecto Odeuropa busca recuperar el patrimonio olfativo del continente a través de su patrimonio artístico. El objetivo es registrarlo en una gran base de datos digital, en la que se podrá encontrar el aroma de la Revolución Industrial o la batalla de Waterloo.

    El mundo cambia. También lo hace nuestra manera de percibirlo. Caminar por el Madrid actual es muy distinto a cómo sería recorrerlo en el siglo XVII. Desaparecerían las grandes torres de cristal del horizonte. También las estructuras de aluminio, las pantallas o las bombillas, sustituidas por el adobe, la piedra y la madera. Nuestros pies se pegarían al suelo embarrado y agudizaríamos el oído para sortear los carros tirados por caballos que surcan la urbe. Incluso, respirar sería diferente. La nariz se llenaría de olores que difícilmente percibiríamos en la capital española en el 2020. El hedor de los excrementos de caballo o de la lana de las ovejas chocaría nuestro concepto de la ciudad. De la misma manera, a un cortesano del monarca Felipe IV se le haría imposible reconocer el aroma desprendido por un tubo de escape.

    La personalidad olfativa tanto del Madrid del siglo XVII como del Madrid del XXI es parte de su historia. Lo mismo ocurre con el Londres de la Revolución Industrial, el París de los impresionistas o la Liubliana de la Guerra de los Diez Días. Una parte de Europa volatilizada por la efimeridad de los aromas. Recuerdo que quieren resucitar los investigadores del proyecto Odeuropa. Descubrir y registrar a qué olía y a qué huele el continente es su misión.

    La idea surgió del seno humanístico de la Real Academia de Artes y Ciencias de los Países Bajos. La institución quería dar un significado oloroso a las colecciones digitales que han creado las organizaciones culturales. Interpretarlas desde el punto de vista del sentido del olfato. Extraer los perfumes que emanan directa e indirectamente. Un proyecto que financia la Unión Europea con 2,8 millones de euros. En enero de 2021, arrancará la investigación, en la que participarán expertos de Países Bajos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Eslovenia, que durante tres años trabajarán en la búsqueda y catalogación de los olores europeos. Un equipo multidisciplinar compuesto por ingenieros, informáticos, químicos, historiadores, museólogos o lingüistas.

    "La importancia del olfato en la cultura y la historia lleva tiempo estudiándose, pero nunca ha habido un proyecto de esta importancia. Esperamos generar interés. Ser el punto de partida para futuros trabajos", comenta la argentina Cecilia Bembibre, investigadora del Instituto de Patrimonio Sostenible del University College de Londres y miembro de Odeuropa, a Sputnik Mundo.                                                                                                                                  

    Una serie de aromas que quedarán archivados en una gran base de datos digital. Una suerte de atlas llamado Gráfico de Conocimiento Olfativo. Un gigantesco registro online que contendrá información de los olores más importantes para Europa desde el siglo XVII hasta el presente. Cada uno tendrá una ficha con una descripción en términos sensoriales, una serie de coordenadas que lo sitúen en el tiempo y el espacio o un añadido sobre las emociones que transmite dicho olor. Una 'perfumería' virtual de libre de acceso. "Será una gran enciclopedia sobre la herencia olfativa europea. Un baúl con los olores que queremos legar a las futuras generaciones", indica Bembibre.

    El proceso de capturar un olor

    Para construir el Gráfico de Conocimiento Olfativo, los investigadores utilizarán la inteligencia artificial. Su objetivo es conseguir que esta tecnología sea capaz de identificar los olores que han formado parte de las tradiciones y comunidades europeas. Los informáticos de Odeuropa enseñarán al ordenador a buscar en las colecciones digitales de los museos e instituciones culturales participantes en el proyecto. A partir del uso de un software, la máquina analizará las 250.000 imágenes guardadas de pinturas, grabados o ilustraciones de libros y localizará los objetos olorosos. "Si vemos un cuadro con flores y quesos, hay que mostrarle al ordenador que eso huele", explica Bembibre.

    El mismo proceso se seguirá con los textos. El software ideado tendrá el cometido de rastrear las menciones a los aromas en los documentos a los que pueda acceder. Palabras como 'hedor', 'aroma' o 'acre' y construcciones del estilo de 'huele a limón' estarán en su punto de mira, aunque se espera añadir más a medida que avance el proyecto. Se examinarán escritos en siete idiomas.

    Sin embargo, no solo se realizará trabajo digital. El equipo de ciencia del patrimonio atrapará los olores provenientes de objetos tanto del pasado como el presente. Al contar con la fuente, se emplearán técnicas de química analítica. Para el proceso, primero, se tapará el origen, si es posible, con una campana de vidrio o unas bolsas especiales para concentrar el aroma. A su lado, se colocará una fibra muy fina denominada sensor, que cuenta con una capa de polímeros dedicados a recoger las partículas orgánicas volátiles, responsables químicos del olor. Una vez impregnado el sensor, este pasará por el cromatógrafo de gases, donde se separan los compuestos del olor. El espectrómetro de masas ayudará a identificar cada uno de sus componentes químicos. Por último, se llevará el aroma a un comité de expertos en análisis olfativo para que lo describan. Tras su veredicto, este se incluye en la base de datos.

    Cecilia Bembibre extrayendo el olor de un libro antiguo
    © Foto : Cortesía de Odeuropa / HMaghoub
    Cecilia Bembibre extrayendo el olor de un libro antiguo

    Describir la historia

    Un estudio que servirá también para aromatizar la historia del continente. Reconstruir olfativamente momentos de la cronología es posible mediante una interpretación creativa de los eventos analizados. Uno de los investigadores, Caro Verbeek trabajó con una empresa de compuestos aromáticos para reproducir lo percibido en la batalla de Waterloo. "Consiguieron recrear el olor de la pólvora, de Napoleón sudado… Obviamente, basándose en la documentación histórica. Seguramente, con el nuevo proyecto podamos refinar incluso más el olor de la batalla", asegura Bembibre.

    La investigadora Caro Verbeek oliendo un 'pomander'
    © Foto : Cortesía de Odeuropa / Caro Verbeek
    La investigadora Caro Verbeek oliendo un 'pomander'

    Y no solo descubrir los olores de Europa. Este proyecto podría ayudar a plantear nuevas cuestiones. "Nos va a permitir revisar la manera en la que se ha escrito la historia. Preguntarnos cómo fueron interpretados los olores de los europeos por otras culturas o cómo cambió la percepción olfativa en el continente a partir de algo tan importante como fue la Revolución Industrial", sigue la investigadora.

    Una versión sensorial de la historia que podrá ser olfateada. La intención del equipo de Odeuropa es fabricar algunas de estas fragancias y presentarlas en museos de todo Europa. Hacer que la historia huela. "La idea es conectar con el público. Por lo general, el patrimonio se nos presenta por los ojos. Ahora lo hará también por la nariz. Hacemos de la historia algo mucho más inclusivo. Además, ver las reacciones de las personas de nuestro tiempo a los olores del pasado es sumamente interesante".

    "Y es que, lo que hace siglos se consideraba exquisito, ahora puede ser percibido como espantoso y viceversa. Y no solo entre épocas. Las reacciones pueden ser diferentes entre países también", menciona la científica.

    Por primera vez, el siglo XXI podrá olfatear los perfumes de tiempos remotos. Los aromas que definieron la historia de Europa. Los ciudadanos tendrán la oportunidad de potenciar su memoria olfativa, la más efectiva para hacernos recordar emociones. El devenir de los europeos no quedará solo en la retina, sino también en los conductos nasales. Precisamente cuando nuestro mundo olfativo se ha vuelto más pequeño que nunca.

    Etiquetas:
    Unión Europea, investigación, Europa, olor
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