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    ROMA (Sputnik) — El escandaloso tuit del gobernador de Liguria, donde los mayores se definen como "no indispensables para el esfuerzo productivo del país", reanimó en Italia la polémica sobre las restricciones que podrían aplicarse a las personas de tercera edad por la pandemia del COVID-19.

    "Por mucho que nos duela cada víctima del COVID-19, tenemos que darnos cuenta de este dato: de los 25 decesos registrados ayer en Liguria, 22 eran pacientes muy mayores: personas a menudo jubiladas, no indispensables al esfuerzo productivo del país, a las que, sin embargo, hay que tutelar".

    Este mensaje que Giovanni Toti, gobernador de la región de Liguria, publicó en su cuenta de Twitter, provocó un escándalo inmediato en Italia. La oposición local no tardó en acusar al político de dividir a los italianos en útiles e inútiles y lo instó a dimitir, "si no es capaz de asegurar la salud de todos los ciudadanos ligures".

    Media hora después los colaboradores de Toti declararon que el mensaje fue malinterpretado y más tarde el mismo gobernador pidió "perdón si he ofendido a alguien".

    Gobierno y regiones ante la segunda oleada del coronavirus

    La áspera reacción que causaron las palabras de Toti refleja el estado febril en el cual se encuentra la política italiana en las últimas semanas. En octubre el Gobierno aprobó una serie de medidas que debían frenar el espantoso aumento de los contagios con el COVID-19, pero, de momento, sus efectos no se notan.

    Entre el 1 y el 31 de octubre el número de los infectados reportados diariamente en Italia creció 12 veces, mientras la tasa de positividad, o sea, la correlación entre los casos positivos detectados y el total de las pruebas efectuadas, subió del 2,2 al 16,3% y los pacientes de las unidades de cuidados intensivos ya son más de 2.000.

    Por lo tanto, el Gobierno y las regiones pasaron los últimos días discutiendo sobre las nuevas medidas anti-COVID. De ser impuesto un nuevo confinamiento, que tendría un elevado costo económico y social, la responsabilidad política recaería en el Ejecutivo, con lo cual el primer ministro, Giuseppe Conte, repitió varias veces que haría de todo para evitarlo. Para el jefe del Gobierno es más correcto hablar de "zonas rojas" que habría que instaurar allí donde la situación epidemiológica fuese particularmente grave.

    Sin embargo, esta opción es difícil de digerir para los gobernadores de las regiones que tampoco quieren asociarse con decisiones impopulares y, por lo tanto, insisten en que las medidas de prevención del contagio se apliquen uniformemente en todo el país.

    Aislamiento selectivo para frenar la pandemia

    Es en este contexto que se empezó a discutir la idea del aislamiento de los mayores, y el gobernador Toti ni siquiera fue el primero que lo formuló. El 30 de noviembre el influyente Instituto para los Estudios de Política internacional (ISPI, por sus siglas en italiano) publicó un largo artículo en el cual defendía el mismo concepto, aunque en términos menos bruscos.

    El investigador de ISPI Mattia Villa calculó que, hasta ahora, "el 82% de los fallecidos por el COVID-19 en Italia tenían más de 70 años y el 94% tenía más de 60", un claro indicio de que entre los mayores la letalidad por el COVID-19 es mucho más alta que entre otras categorías de edad.

    Entonces, ¿cuáles podrían ser las soluciones? Según Villa, si las autoridades simplemente esperan que se contagie el 70% de los italianos para que la población adquiera la inmunidad del rebaño, morirán entre 430.000 y 700.000 personas, mayores en su abrumadora mayoría. Una solución inaceptable por obvias razones.

    La segunda opción, que destaca el investigador, parece más viable. Se trata de imponer a la población un aislamiento selectivo, o sea, de obligar a las personas de la tercera edad a permanecer en casa hasta que la pandemia retroceda. Según los cálculos de Mattia Villa, eso reduciría la mortalidad por el coronavirus entre el 50 y 98% en comparación con una situación en la que la pandemia se propagase sin restricción alguna.

    Dándose cuenta de que tal medida podría parecer discriminatoria, ISPI terminó su estudio con una cauta advertencia: "Pese a todas las dudas éticas y las cuestiones políticas, es una solución que, en nuestra opinión, hay que analizar cuanto antes, vista la fase grave en la cual se encuentra hoy la pandemia".

    Contenido justo, forma equivocada

    A juzgar por los datos sociológicos, para la mayoría de los italianos la preocupación por la difusión del contagio es más importante que los argumentos éticos. Según un sondeo publicado el 1 de noviembre por el Instituto Ixè, el 61% de los encuestados estaría a favor de "prohibir los desplazamientos de casa para los que tienen más de 65 años y para las personas con graves patologías".

    Si la cuestión del confinamiento sigue dividiendo la política italiana, parece que ya se ha formado un consenso en torno a las restricciones para las personas de tercera edad. Según los medios nacionales, el nuevo decreto gubernamental relativo a la prevención por el coronavirus, cuya firma está prevista para el 4 de noviembre, limitará la libertad de circulación para los mayores de 70 años.

    Por lo tanto, resulta que no fue tanto el contenido del mensaje del gobernador Toti, más bien las palabras que eligió lo que provocó una tormenta en las redes sociales. En momentos tan agitados como el actual los políticos tienen que ser particularmente cautos con lo que dicen.

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