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    La decapitación de un profesor en una localidad de las afueras de París y los sucesos en Niza mantienen a este país como uno de los objetivos del radicalismo.

    En septiembre comenzó el juicio por la matanza en la redacción del semanario Charlie Hebdo, que tuvo lugar en enero de 2015 en París. Aquel proceso retomaba un suceso que generó una ola de solidaridad mundial. El Je suis Charlie de la población sirvió de escudo contra los fanatismos después de que dos personas disparasen a los miembros de la plantilla de esta publicación satírica por una viñeta de Mahoma. También puso en el foco otro asunto que dura hasta hoy: Francia sigue en el punto de vista del islamismo radical.

    Se vio aquel mismo año en el atentado de la sala Bataclan, donde murieron 130 personas. Y se acaba de repetir por partida triple. El 25 de septiembre, un extremista intentó agredir a varias personas cerca de la sede de Charlie Hebdo. El 16 de octubre, otro decapitó a un profesor en una localidad de las afueras de París. Y el 29 de octubre tres personas fallecían en los alrededores de la basílica de Notre Dame de Niza, al sur del país, por heridas de arma blanca mientras un trabajador de la embajada francesa en Yeda (Arabia Saudí) era asesinado al grito de "Alá es grande".

    Incluso algunos mandatarios mundiales, como el líder de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, el primer ministro de Pakistán, Imran Khan, o el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Shamkhani, se han mostrado incómodos con el país galo, que ha emprendido algunas acciones para atajar estas ofensivas, como cerrar mezquitas o pretender disolver algunas asociaciones religiosas. Emmanuel Macron, el presidente de Francia, se ha mostrado tajante en la estrategia para combatir el terrorismo yihadista: "Los islamistas no deben dormir tranquilos en nuestro país", expresó, defendiendo valores que están "por encima de todo": la libertad de expresión, la democracia y el laicismo.

    ​Quizás sean esos valores los que lo hayan puesto en la diana. Javier Gil, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, cree que Francia encarna la posibilidad de ser libre individualmente, de la separación de Iglesia y Estado, de la prosperidad. "No hay que olvidar que el terrorismo islamista es global", adelanta a Sputnik, "y en este país hay una serie de valores que odia, que detesta, y que quiere suplantar".

    "Desde fuera, Europa es un continente que se ve como abierto, donde el Estado respeta al individuo. Y políticamente, Francia es el enemigo a batir. El enemigo de los enemigos, el diablo", añade el profesor.

    Gil advierte que "Francia no es objetivo yihadista desde 2015, sino desde hace más años". "En los noventa, el Grupo Islámico Armado, de Argelia, preparó algunos atentados. Es cierto que luego hubo unos años de tranquilidad, pero el resurgir en este siglo ha tenido un impacto tremendo allí", concreta.

    Cita el experto algunos "elementos internos" que le otorgan una mayor peculiaridad. "Es un país que prohíbe el velo integral. Para colectivos musulmanes, esa decisión fue un shock. Y es donde está Charlie Hebdo, que utiliza algunas viñetas mofándose de Mahoma. Además, el Estado se ha posicionado a su favor, defendiendo la sátira. Algo que ha sido como declarar una guerra cultural. Ahora ya está casi abierta contra el yihadismo radical. Macron está dando la batalla. Ha decidido confrontarla. Y, aunque esperemos que la gane, va a traer más muertes", augura Gil.

    Según el analista, Macron sabe que tiene un problema interno muy potente y "quiere ganar en la batalla de las ideas, atajarlo": "El yihadismo va a intentar contrarrestarlo", considera Gil, que menciona la división política como otro de los factores. "En Francia hay grupos populistas, como el Frente Nacional, que tienen pujanza, que usan ese radicalismo para extremar opiniones. Y eso el islamismo radical lo sabe: tratan de provocar para que se consiga una mayor polarización".

    ​​Otro punto clave es la cantidad de musulmanes. La comunidad con esta creencia en Francia es muy numerosa. "Es de las más fuertes de Europa. A grosso modo, un tercio de los musulmanes europeos vive en este país. Y, por tanto, se apuesta por crear problemas en Francia, para intentar arrastrar a esa minoría musulmana radical y aprovecharse de quienes no están cómodos en el país", arguye Gil, que ve un ligero descenso durante la pandemia por problemas tácticos.

    "Se han reducido los movimientos y eso ha afectado, pero a lo mejor vuelven a ocurrir. Está claro que no han parado: en Europa los vemos estos días en Francia, pero en Afganistán, Irán, Filipinas o Nigeria ha seguido habiendo todos estos meses", indica.

    Manuel Valls, ex primer ministro francés y actual concejal en el Ayuntamiento de Barcelona, incidía en una entrevista con el diario El Independiente en que había que "erradicar" el islamismo en el país. "El gran desafío para Francia es que tenemos varios miles de personas radicalizados que son franceses. Tenemos decenas de terroristas en las cárceles, pero también jóvenes delincuentes que se radicalizan en las cárceles", exponía.

    "El auge del islamismo en Europa viene de muy lejos y las responsabilidades son muchas. Por ejemplo el wahabismo que viene de Arabia Saudita. La inmigración que viene de países no democráticos en los que el islam es religión de Estado puede integrarse en buenas condiciones, por eso el desafío es tener un islam compatible con los valores democráticos y eso es posible", señalaba Valls.

    Olivier Hanne, doctor en Historia e islamólogo de la Universidad francesa de Aix-Marsella, describía a la agencia Efe los últimos acontecimientos como "atentados contra símbolos franceses". "Estamos en un periodo de tensión muy fuerte. La vigilancia ya está al máximo, pero es imposible o muy difícil anticiparse a un individuo que de un día para otro decide vengar al profeta", decía.

    Marc Hecker, director de Investigación del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, añadía que era un terrorismo "de bajo coste". "Provoca menos víctimas que en 2015 o 2016, se trata más bien de una multitud de ataques de bajo coste, con arma blanca, que produce una sensación de amenaza omnipresente", explicaba. Además, reiteraba que la propaganda yihadista mostraba una Francia en guerra contra el islam, tanto de forma interna, con el laicismo, como externa, con su "activismo militar percibido como agresivo".

    "En Francia hay un derecho a la blasfemia que en muchos lugares no es aceptado", recalcaba Hecker, que apuntaba hacia internet y su difusión. "Algo que sucede en el ámbito nacional, donde hay referencias culturales comunes, se difunde al internacional, donde no se tiene el mismo prisma", aduce quien ve el verdadero punto en el conflicto sirio. ​"La revolución viró hacia una guerra civil y esta atrajo a jóvenes europeos y franceses, con efectos a corto, medio y largo plazo".

    ​Comenzaron en 2015 y aún siguen. Y el objetivo no es solo Francia. Javier Gil considera que Estados Unidos o España, con episodios similares, no pueden relajarse. "Hay mucha preocupación. Desde fuera se percibe como un problema gordo, a nivel interno y a nivel europeo", resume quien concede a los medios de comunicación cierta responsabilidad. "El terrorismo utiliza la violencia para propagar el miedo. Y la información del terrorismo se consume mucho. Los medios de comunicación tienen una misión complicada, que es dar una información del terrorismo que no atemorice, que no infunda temor, pero tampoco admiración. Y esa es una dicotomía difícil de conjugar", anota.

    Desde diversas organizaciones musulmanas se han condenado los hechos. En Córdoba, la comunidad Ahmadia ha subrayado su repulsa. Hazrat Mirza Masrur Ahmad, líder mundial, manifestó que "estos graves ataques van completamente en contra de las enseñanzas del islam". "Nuestra religión no permite el terrorismo o el extremismo bajo ninguna circunstancia y cualquiera que afirme lo contrario actúa en contra de las enseñanzas del sagrado Corán y en contra del noble carácter del santo profeta del islam".

    "Hay que ayudarse para tender puentes que nos unan y no muros que nos separen", sentencia Qamar Fazal, el portavoz de esta comunidad musulmana en España. Ya lo escribió Philippe Lançon, uno de los supervivientes de Charlie Hebdo, en El Colgajo, el libro sobre su recuperación: "Los que quieren eliminarte tienen siempre un motivo para hacerlo".

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